Viernes, 24 de mayo de 2013

Dónde calienta el sol… (?)

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Mientras los esfuerzos humanos, de gobiernos, empresas, organizaciones e individuos para limitar sus propias emisiones son insuficientes, nuestro planeta continúa capturando y acumulando más energía de la que puede liberar, aún en períodos de baja actividad solar.

Uno de los argumentos que los negadores del calentamiento global han sostenido, y que dejamos planteados en nuestra anterior columna, señala que los ciclos de aumento y disminución de la radiación solar son los responsables del calentamiento global.

Se trataría, para los escépticos, de una época marcada por un aumento de la radiación solar absorbida por la atmósfera, la que provocaría el aumento de la temperatura promedio, y no la actividad humana, (léase: emisión de Gases de Efecto Invernadero – GEI).

Un reciente estudio del NASA Goddard Institute for Space Studies, Atmospheric Chemistry and Physics, dirigido por el científico James Hansen reveló que no son los cambios en la actividad solar sino la actividad humana el principal factor que explica el calentamiento global.

Es conocido que el ciclo de actividad solar alta y baja tiene una duración aproximada de 11 años. Los máximos peaks de alta-baja suelen durar un año. Sin embargo, durante el período 2005-2010, analizado por el estudio, se produjo un largo e inusual lapso de baja actividad.

/ NASA/GISS

 

La información de la radiación solar entrante y la irradiación infrarroja (térmica) saliente es recogida por satélites y se mide en watts por metro cuadrado (W/m2). La amplitud de la radiación solar entrante, entre momentos de alta y baja radiación, es de unos 0,25 W/m2. Es necesario destacar que el sistema siempre encuentra, de manera natural, un punto de equilibrio entre el ingreso y egreso de radiación. La alteración del estado de equilibrio, forzada por diferentes factores (humanos o naturales), se denomina “forzamiento radiativo” y reflejará el valor del desbalance.

Los científicos a cargo del estudio también se apoyaron en los datos que arroja la extensa red de 3 mil boyas marinas del “Sistema Argo”, que se sumergen hasta los 2.000 metros de profundidad y vuelven a la superficie en ciclos de 10 días; recogen información de temperatura, salinidad y presión, transmiténdola a la red de satélites Argos.

El principal resultado de la investigación establece que el desbalance o desequilibrio entre la energía que ingresa y la que sale de nuestra atmósfera, es de 0,58 W/m2. Es decir: 1/2 watt extra queda atrapado por cada metro cuadrado de superficie terrestre. Buscando el punto de equilibrio, ésta energía (calor) es acumulada o absorbida por la superficie de los océanos en un 71%. El resto se reparte entre la tierra, el hielo y las profundidades abisales. Si consideramos que éste resultado se produce en el momento de menor actividad solar. Los científicos sugieren que el desbalance para épocas de alta actividad solar, podría ascender hasta los 0,76 W/m2.

Los factores humanos que influyen el equilibrio entre la radiación solar entrante y la radiación infrarroja saliente, señalados en el estudio, son principalmente dos: los GEI, que retienen radiación, aumentando la temperatura y los Aerosoles (Material Particulado de distinto calibre que flota suspendido en la atmósfera) que reflejan la radiación impidiendo su ingreso, disminuyendo la temperatura. Quienes vivimos en Santiago, ya sabemos las consecuencias nocivas para la salud humana de la presencia de material particulado en la atmósfera, por eso no analizaremos éste punto.

El factor de calentamiento de los GEI, prevalece por sobre el factor de enfriamiento de los Aerosoles provocando el ya conocido aumento de la temperatura promedio de casi 1°C en los últimos 50 años. Ésta investigación, además, pone en duda anteriores cálculos señalando una importante sub-estimación del potencial de enfriamiento de los aerosoles y reclama por la pronta puesta en funcionamiento de satélites capaces de estudiar a fondo su comportamiento.

/ The Keeling Curve of atmospheric CO2 concentrations measured at the Mauna Loa Observatory.

 

Para finalizar, los cálculos de Hansen y sus colegas, indican que el desbalance de 0,58W/m2 sólo puede evitar el proceso de calentamiento global si los niveles de GEI retornan a las 350 partes por millón (ppm) desde las actuales 392 ppm.

Lo anterior configura un escenario pesimista, si tenemos en cuenta que con grandes sacrificios se podrían detener las emisiones de GEI en valores de entre 450 y 500 ppm.

Mientras los esfuerzos humanos, de gobiernos, empresas, organizaciones e individuos para limitar sus propias emisiones son insuficientes, nuestro planeta continúa capturando y acumulando más energía de la que puede liberar, aún en períodos de baja actividad solar.

La ventana de oportunidad en la que podemos realizar acciones relevantes, se va cerrando. Lenta e inexorable.

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