Ecological Freakonomics: ¡Abuelito dime tú!, decía Heidi

Lo interesante es que el impacto no será hacia el medioambiente, sino del medioambiente urbano hacia el eje social, o sea, la intersección entre ambos ejes será el desafío futuro en el que ya no debemos pensar en nuestros abuelos.


Negocios

13 de abril, 2012

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Es fácil entender como la sociedad afecta e impacta al medioambiente, pero cómo el medioambiente –en especial el urbano- afecta la sociedad, es algo más complejo.

Heidi es recordada como un dibujo animado gracias a un programa de televisión conocido como Pipiripao y que creció con la generación que hoy en su mayoría somos padres de familia. La historia de Heidi no es nueva, es una historia infantil desde el 1880 creada por la escritora suiza Johanna Spyri. Básicamente, se basa en una niñita que quedando huérfana va a vivir con su abuelo, “El viejo de los Alpes Suizos” por ser casi un ermitaño, y que además conoce y convive con Pedro, un joven pastor de cabras. Es un libro lleno de inocencia, donde se resaltan los valores humanos y el amor hacia la naturaleza típicos de esa fecha. ¿Qué habría pasado con Heidi con la evolución de los tiempos?.

Por lo menos en Chile, desde el 1930 el número de habitantes en zonas campestres se ha mantenido constante alrededores de los dos millones, eso quiere decir que gran parte del crecimiento poblacional en Chile se ha efectuado en zonas urbanas gracias a la constante migración desde zonas rurales, lo que explica la frase de la pérgola de las flores “Yo vengo de San Rosendo a vivir a la ciudad”.

Pero tal crecimiento urbano no ha sido gratuito y en donde en Santiago ha sido segregador y disperso, incluso haciendo que las distancias recorridas a pesar de ser cortas puedan tomar tiempos extraordinariamente largos… pero volvamos a Heidi. Heidi en Suiza o en el campo en Chile del 1880, se habría casado con Pedro, habrían cultivado la tierra, tenido un par de cabras y si les hubiera ido bien hasta lechería y quesería tendrían, formando una nueva marca de campo, los latifundistas de la zona. Si les hubiera ido mal, habrían sido los inquilinos de algún señor terrateniente pero con algo de tierras.

Sin embargo, en realidad, la Heidi chilena habría dejado a su abuelo para ir a estudiar a un internado femenino mientras Pedro se convierte en baqueano. Heidi egresa y se va a la ciudad, saca su carrera y se lleva al viejo abuelo a vivir con ella. A medida que Heidi gana dinero y trabaja se da cuenta que no puede cuidar ella misma del abuelo; por lo tanto, las opciones están entre ponerlo en una asilo de ancianos o casa de reposo que representa el outsourcing transaccional de lo que se hacía antes, cuidar de nuestros padres y abuelos; o pagar para que alguien lo cuide en casa.

La primera, es una tendencia que viene promovida por los estilos de vida en las grande urbes y que se ve acentuada por las distancias como de la imposibilidad de estar cerca de la casa, lo que en su defecto se transforma en contratar a alguien o poner al “ser querido” en una de estas instituciones. Si se suma que Chile posee una baja tasa de natalidad y no poseemos ninguna política efectiva que incentive el tener más hijos, nos podría estar pasando lo que está ocurriendo en China bajo la política de sólo un hijo, la población disminuye y envejece.

En China, la población rural altamente envejecida ha migrado a las ciudades en donde el gobierno no sabe que hacer para adecuar tanto sus ciudades como el promover una oferta de casas especiales para ellos. Está demás decir que el tema en salud es ya un tema.

En Chile los síntomas son cada vez más evidentes; los pediatras tienen menos pacientes pero más gorditos y los geriatras cada día más pacientes con diabetes; sin hablar del boom de las “Senior Suites”, forma elegante de asilo de ancianos. Según datos del INE, los mayores de 60 años ya representan el 13% de los chilenos con una expectativa de vida superior a los 80 años.

Para 2025, equivaldrán al 20% de la población y serán, en tamaño, más que los menores de 15 años, tal como ocurre en países más desarrollados, pero sin ser ni desarrollados, ni con ciudades agradables, ni un Transantiago que se proyecte a ser seguro al igual como las áreas verdes que en déficit, o sea todo mal en sustentabilidad urbana.

Para quien cree que es inhumano dejar al abuelo botado en una suite pagando un millón de pesos mensuales, también debe entender que las nuevas generaciones de abuelos tampoco son como los abuelos de Heidi que quieren pastar o vivir con sus hijos o nietos, sino que son abuelos que quieren trabajar, ir a clases, aprender a jugar Play o viajar entre iguales. ¿Qué nos deportará el Censo 2012? Algo obvio, las “Senior Suites” no alcanzarán para todos – o serán un gran negocios – pero serán segregadas y con una ciudad que no cumple nada de sustentable.

Lo interesante es que el impacto no será hacia el medioambiente, sino del medioambiente urbano hacia el eje social, o sea, la intersección entre ambos ejes será el desafío futuro en el que ya no debemos pensar en nuestros abuelos, sino en nosotros mismos para ser capaces de vivir en una ciudad poco amigable y de baja calidad vida, porque como uds. saben, una mala ciudad que provoque una mala calidad de vida impactará al mismo envejecimiento acortando la expectativa de vida, o sea, falleciendo más jóvenes.

Bueno… “Abuelito dime tú!!!???”.



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