La destitución del funcionario de la Secretaría General de Gobierno hace relevante el problema del uso que se le da a Internet, tanto en el ámbito público, como en el privado.
Es importante considerar que dicho funcionario, se encontraba en su puesto de trabajo, utilizando recursos fiscales para “editar” pornografía; y que fue él mismo funcionario, con más de 20 años de servicio en la institución, quien recurrió a la contraloría, para apelar al dictamen del sumario interno que lo había sancionado con tres meses de separación de sus funciones y un descuento en su sueldo; siendo la contraloría quién finalmente aumento la sanción y dispuso la destitución del funcionario.
Hoy, cuando el uso de medios digitales es generalizado, es fundamental que las personas sean cautas a la hora de delimitar que contenidos o no pueden consumir en sus oficinas o, por otro lado, los padres saber que hacen y con quienes se relacionan sus hijos en la red.
El criterio es el sentido común, esto no se trata de, como muchas empresas y servicios públicos lo hacen, de bloquear el trafico a cuanto sitio de internet exista (pues con eso más que aumentar la productividad, generan un problema a sus funcionarios), sino en ser responsables en el uso que se le da a estas tecnologías en cualquier ámbito de la vida.
Internet y las redes sociales se han transformado en grandes canales de comunicación e información, los cuales son un gran aporte para el quehacer diario de las personas y es responsabilidad de los individuos el darles correcto uso.
Así como existen manuales de conducta en muchas empresas privadas, creo que se deberá avanzar en entregar mayor información a los usuarios y en el desarrollo de políticas que establezcan protocolos a seguir en estos casos.
Algo muy simple es separar los correos personales y corporativo, es decir mantener la comunicación personal en un correo y utilizar la casilla de la empresa solo para comunicación laborales. La privacidad, el cuidado de la identidad digital, la responsabilidad en las relaciones digitales; son asuntos que cada vez serán más importantes en nuestras vidas.
Pero, con todo esto y con una mano en el corazón, ¿A quién se le puede ocurrir editar porno en el trabajo y más aún en un computador fiscal?.
