Sábado, 25 de mayo de 2013

Educación pública ahora: no hay excusas

educación

Una de las medidas más segregadoras, económicamente hablando, es el co-pago (o financiamiento compartido), que decide quién puede estudiar en tal establecimiento y quién no. De esta manera, existe un colegio para cada bolsillo.

Cuando decimos que Chile es el país más segregado del mundo en materia de educación, hablamos de que los ricos estudian con los ricos y los pobres con los pobres. ¿Usted ha visto la nueva telenovela “Pobre-Rico”? No es cuestión de hacerle propaganda, pero parece que es un fiel reflejo de los dos mundos totalmente distintos que no se cruzan ni por casualidad. Eso mismo es lo que está pasando con los niños y jóvenes de nuestro país.

Ya no se trata sólo de un tema de inclusión al sistema educativo. Desde el año 2003, el nivel de educación media es obligatorio, por lo tanto, el Estado debe garantizar la educación en este nivel, como un Derecho Constitucional. Se ha hecho un gran esfuerzo país para asegurar cobertura, pero no basta con esto. Sabemos que actualmente están fuera del sistema, por distintas razones, cerca de 100 mil jóvenes a los que es necesario incluir, teniendo presente cada una de sus trayectorias educativas.

Pero hay que tener cuidado con sólo tener en cuenta la inclusión, porque no se trata de que todos estén “incluidos” en el sistema, unos por un lado y otros por el otro.

La escuela cumple una función primordial para la sociedad. Junto con la familia, es la institución socializadora que más influye en el desarrollo del ciudadano para adaptarse a la sociedad. Pero esta sociedad es la que está dividida en dos mundos: “pobre-rico”, por lo tanto, si la socialización es el proceso de adaptación a la sociedad suena lógico que haya escuelas para pobres y escuelas para ricos.

Es un tema país en el que consideramos necesario preguntarnos “¿Qué sociedad queremos?”. Nosotros apostamos por un cambio. No basta con tener un sistema educativo inclusivo en el que todos los niños y jóvenes sean parte, también es importante que estos niños y jóvenes estén integrados, o sea, que compartan con gente social, económica, religiosa y étnicamente distintos a ellos.

El primer y último responsable en garantizar una educación de calidad que sea inclusiva e integradora es el Estado. La educación pública es el único camino. Con esto no queremos decir que no debe existir la oferta de educación privada, este tipo de oferta tiene que ser un complemento a la educación pública, que entregue diversidad al sistema. Pero la educación pública es la única oferta educativa que per se es para todos, es inclusiva, es laica, gratuita y no selecciona.

El problema que tenemos actualmente en Chile es que existen mecanismos de segregación, intrínsecos al sistema educativo, que provocan estudiantes distintos ni se conozcan. Una de las medidas más segregadoras, económicamente hablando, es el co-pago (o financiamiento compartido), que decide quién puede estudiar en tal establecimiento y quién no. De esta manera, existe un colegio para cada bolsillo.

Sólo garantizando una educación pública de calidad, que sea capaz de atraer a alumnos social y culturalmente diferentes, podríamos comenzar a pensar en un gran cambio en la sociedad chilena. Parece un sueño, pero no lo es. La educación pública puede y debe generar integración y cohesión social, logrando como fin último una sociedad menos segregada.

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