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Educación y elección

Educación y elección Educación y elección

Efectivamente, la elección puede ser parte importante del funcionamiento de un sistema educativo, si es que así es acordado en una sociedad, pero la chilena ha optado por enfatizar la libertad donde esta no ha sido posible y se ha mostrado segregadora, mientras que en el espacio donde los padres verdaderamente deciden hay un abandono en el control de las enseñanzas que los colegios comprometieron como elementos fundamentales de la formación escolar.

En Chile, no hay elección en la educación. Lo que existe es la elección de colegio, y esto es un asunto totalmente distinto. Es decir, los padres pueden elegir cuando dicha decisión no importa, o su relevancia es marginal. Esto debiera sorprender si pensamos que la libertad de elegir ha sido uno de los pilares del sistema educativo, tanto por parte de la demanda (los padres) como de la oferta (los colegios).

Lo que existe en Chile es una proyección estricta y definitiva de los niveles de renta de las familias en los colegios a los que asisten sus hijos. Y ello mediado por una decisión de efecto completamente marginal, la cual es denominada elección, lo que contribuye a sublimar un proceso que de forma mágica es asociado con la idea de libertad, lo que no es. Enviar a los hijos a estudiar a un colegio que podemos pagar es un mandato de la realidad de nuestra posición en la estructura social, muy desigual, y no el producto del proyecto educativo que nosotros tenemos para ellos.

¿Qué si no refleja la distinción entre colegios privados, subvencionados y públicos? Es un trasunto conocido y bastante exacto de la estructura social del país. Dicha distinción funciona como un estabilizador social y, en este sentido, un notable predictor de las oportunidades futuras. En resumen, los niños de clase alta y media alta asisten a colegios privados, los de clase media y media baja a los subvencionados, y los establecimientos públicos atienden las necesidades de los niños de la clase baja chilena. Y así será en el futuro según este modelo educativo, pues para eso está preparado e iguala de cierta manera la inversión que hacen las familias.

Las del sector alto pagan a partir de tres millones (siempre aproximadamente) por la cuota anual de cada hijo, los niños que van a subvencionados financian entre 500.000 y un millón de pesos anuales, y los públicos son costeados por el Estado. En definitiva, por más sabido que sea, el resultado no cambia: hoy estamos haciendo la estructura social extraordinariamente desigual del mañana, y a los niños a los que decimos querer tanto los estamos separando en tres o cuatro grandes grupos: la escala ejecutiva o dirigente, que aprende matemáticas e idiomas; los administradores del modelo, que aprenden matemáticas y un correcto español; y los peones y obreros, dotándoles del conocimiento suficiente para que puedan desenvolverse en la vida, y no tanto en las organizaciones.

En cualquier caso, es cierto que puede ser positivo incorporar la elección en la relación entre oferta y demanda. Digo incorporar porque todavía no lo ha sido, salvo en algunos casos en lo que se refiere a los colegios privados. Incorporar también debería ser que los temas relativos a las decisiones verdaderas de los padres deban ser tratados adecuadamente por los establecimientos escolares, y si no lo son, debieran ser eliminados de sus rótulos y propagandas. Uno de esos temas, que obviamente ya opera, es el del idioma. En este sentido, hay una elección auténtica, pero para serlo debe ser realidad la calidad en el aprendizaje que ofrecen los centros. No vale decir  “bilingüe inglés-español” si no lo es. También es importante el tema religioso, puesto que ello debe estar muy claro desde el principio, sin ambigüedades o implícitos. Si proponemos a un colegio como “laico”, no debería ser posible que a un niño lo marginen o le reprochen durante su paso por la escuela que no participe de las actividades religiosas. Esto debe ser motivo de ley y control, y no puede ser dejado “a la mano de dios”, que en realidad es la del hombre.

Efectivamente, la elección puede ser parte importante del funcionamiento de un sistema educativo, si es que así es acordado en una sociedad, pero la chilena ha optado por enfatizar la libertad donde esta no ha sido posible y se ha mostrado segregadora, mientras que en el espacio donde los padres verdaderamente deciden hay un abandono en el control de las enseñanzas que los colegios comprometieron como elementos fundamentales de la formación escolar.

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