En el mundo entero se está discutiendo qué hacer con respecto a los escasos recursos energéticos, el incipiente aumento del precio del petróleo, y la creciente demanda energética. En todos los idiomas el discurso es las energías renovables son caras, que las termoeléctricas contaminan pero son más baratas, que las hidroeléctricas causan problemas ecológicos y sociales, y que la energía nuclear debe estudiarse como opción. Que es necesario extraer los recursos propios para lograr la ansiada independencia energética.
Argumento que usan los gringos para tratar de sacar petróleo del Refugio Artico de Vida Silvestre (ANWR). Argumento que se usa acá para encalillar nuestro capital natural con un proyecto como Hidroaysén. Y por seguro que se replica en países de Africa, Europa, Europa etc.
Pero sinceramente ninguno de esos países ha hablado en serio de algo mucho más rentable y efectivo: la eficiencia energética. Claro, el país ha formado una Agencia de Eficiencia Energética, y ha lanzado una campaña “Cambia el Switch”, como ha habido muchas en nuestra historia (Chispita fue pionero).
Estoy hablando de tratar el tema seriamente, con un abanico completo de inversiones en eficiencia energética, además de una legislación que complemente las acciones de la agencia. Ejemplo: cambiar una ampolleta antigua por una de ahorro se paga sola en 15 días, pero sólo 70% de los chilenos tiene alguna en la casa, y menos han reemplazado todas las ampolletas.
Solucion: prohibir ampolletas incandescentes (para qué esperar el 2014 cuando se dejen de fabricar), y regalarlas a personas de escasos recursos en vez de subvencionar el precio de la energía, o bien hacer una campaña para compra masiva con precios reducidos.
Este tipo de medida se puede replicar en duchas y motores industriales, sin mayor problema. En efecto, la mayoría de las medidas de eficiencia energética, debido a los altos costos que soportamos (casi el doble que países desarrollados) se pagan dentro de un año. Es decir debemos financiar a la Agencia de Eficiencia Energética en los niveles que queramos ahorrar energía.
Si queremos ahorrar mil millones de dólares al año debemos gastar mil millones de dólares. Si queremos ahorrar 40 millones de dólares, entonces sigamos gastando los 40 millones de dólares que le tenemos asignado a la agencia. Así de simple.
Y cuando los costos de los combustibles suban (y claramente lo harán) tendremos una economía y un sistema productivo estructuralmente preparado para esas alzas. ¿O vamos a solucionar todos los problemas energéticos tirándole subsidios aquí y por ahí? Es la parábola del pescador, ese viejo proverbio chino.
