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Opinión

El agujero negro de la política chilena

El agujero negro de la política chilena El agujero negro de la política chilena

Faltan casi dos terceras partes del mandato y todo lo que se va a recordar de este gobierno si no decide y aclara el rumbo, será su intención de promover un agujero negro en la política chilena. Un agujero que se tragará a la clase política de un país que deberá esperar un big bang para su renacimiento institucional.

El gobierno de Michelle Bachelet es una caja de sorpresas. Ahora casi en forma semanal los anuncios aparecen como fuegos artificiales en un gobierno que tiene más pirotecnia que ideas concretas sobre el modelo de país buscado.

Estamos frente a un problema profundo: La falta de cohesión.
La Concertación siempre se caracterizó por la capacidad de unir para fortalecer un proyecto electoral, pero no cabe duda que la unidad sirve solo para esa instancia y no para lograr la cohesión que un gobierno necesita para diseñar e implementar un modelo de país.

La unidad para el propósito de ganar votos termina siendo insuficiente cuándo el planteo de cambio es tan profundo como el que sueña e intenta llevar adelante Bachelet en este que parece ser “su” gobierno, con sello propio. Hoy está a la vista que varios “aliados” ó “amigos” son oposición al gobierno, tanto o más que los supuestos “enemigos” que parecen vivir en otra galaxia. Sin la solidaridad de parte de los partidos aliados que deberían ceder sus intereses particulares en nombre de ideales comunes, la necesaria cohesión se desvanece. Y sin cohesión no hay conducción posible.

La conducción política se sostiene en ideales y su rol es ser el nexo entre la estrategia y la acción. Se pueden tener los ideales pero sin ese nexo los resultados pueden ser devastadores.
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Pasó más de un año de gobierno y en medio de denuncias de corrupción, se toman decisiones semanales que por su profundidad, no pueden ser tomadas como impulsos. A menos que estemos frente a un brillante conductor de la política, llamar a una Asamblea Constituyente casi sin pensarlo y anunciar (sin hacer) el cambio de gabinete en pleno de un día para otro, exige un alto nivel de reflexión y tiempo.

Un cambio de estructura organizacional (el gabinete en este caso) supone dos escenarios posibles: Uno que justifica el cambio estructural por un replanteo de la estrategia, y otro que simplemente muestra una acción cosmética para ganar algo de la reputación perdida.
Si no está clara la estrategia, seguramente la decisión termina siendo un hecho cosmético.

Pero un detalle: faltan casi dos terceras partes del mandato y todo lo que se va a recordar de este gobierno si no decide y aclara el rumbo, será su intención de promover un agujero negro en la política chilena. Un agujero que se tragará a la clase política de un país que deberá esperar un big bang para su renacimiento institucional.

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No es menor lo que ha sucedido en este período en el que queda al descubierto lo que todos imaginaban impensado: Falta de rumbo, corrupción y negocios poco claros. La ciudadanía se dio cuenta que los reyes magos siempre fueron los padres y que el Viejo Pascuero no tiene trineos…

No es menor lo que queda ahora por construir. Ya no es cuestión de medidas puntuales y tácticas para distraer a una población confundida y que de a poco entra en estado de rebeldía para con el medio ambiente que la rodea.

La respuesta estará en un replanteo que convoque a las fuerzas vivas de la sociedad que no solo representen los intereses de unos pocos. Difícil en estos tiempos. Para eso se necesita la conducción de un verdadero estadista que logre persuadir para que los intereses particulares se subordinen al ideal de país. No es para cualquiera, pero quien pueda generar ese nivel de integración quedará en el bronce. Yo, a ese conductor, no lo conozco…y usted?

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