A muchos no nos deja de llamar la atención el curso de acción que ha seguido la Concertación desde que perdió las elecciones presidenciales. Sin duda, se siente incómoda en su nuevo rol de oposición y durante este año no ha sido capaz de articular un relato que oriente y cohesione sus actuaciones.
Más bien aparece dividida y fraccionada, enfrascada en discusiones internas sobre la política de alianzas y la ampliación de las fronteras de la coalición. De líneas programáticas, nada. Menos de las razones que los llevaron a perder las elecciones.
Sin embargo, el debate sobre abrir las puertas a las fuerzas extra Concertación, más que fortalecer los lazos al interior de la coalición opositora, los debilita. Y -como hemos podido observar en los últimos días- los desencuentros entre sus dirigentes, además de públicos y publicitados, son cada vez más frecuentes.
Quizás este escenario interno explique de alguna forma por qué la oposición ha optado por la crítica fácil a la labor del gobierno del Presidente Sebastián Piñera, con acusaciones que en muchas ocasiones carecen de fundamentos, junto con obstruir sus proyectos emblemáticos en el Congreso.
En el conflicto con el Ejecutivo encuentran un elemento aglutinador, una motivación que los une en la coyuntura, al que pueden recurrir cada vez cada vez que las divisiones al interior del conglomerado amenazan su estabilidad.
Ese camino es peligroso y tiene un grave problema: privilegia sus intereses particulares de corto plazo en desmedro del avance en los desafíos que debemos enfrentar como país. La Concertación ha apostado por transformarse en una oposición obstructiva y no propositiva, los chilenos se dan cuenta y en las últimas encuestas la castigan con un 45 por ciento de rechazo.
Cuando la Alianza por Chile era Oposición nunca perdió la perspectiva de lo que era mejor para el país. Los anteriores gobiernos siempre contaron con los votos en el Congreso para impulsar sus proyectos más emblemáticos. Reforma Provisional de 2006, Jornada Escolar Completa en 2004, Ley General de Educación de 2008, por nombrar algunos. Todos estos proyectos y otros contaron con el apoyo unánime o de la mayoría de los parlamentarios RN y UDI
La esperanza para el próximo año radica en que impere la sensatez y grandeza, como lo demostró la Democracia Cristiana al concurrir con sus votos en la aprobación de la idea de legislar de la Reforma Educacional planteada por este gobierno, y que no estuvo exenta de críticas destempladas y poco juiciosas de sus socios de pacto.

