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El Dador de Recuerdos

El Dador de Recuerdos El Dador de Recuerdos

En alguna parte y en algún tiempo existe una sociedad que ha escogido como valor la uniformidad. Es un mundo en blanco y negro. Hombres, mujeres y niños viven una existencia sin memoria, sin historia, sin sueños, sin proyectos. Un consejo de ancianos, que se reúne periódicamente, decide los ritos de pasaje de los miembros de la comunidad.

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Profesor de Estado (Universidad de Chile), Doctor en Filosofía y Doctor en Materias Literarias (Universidad de Florencia, Italia). Se ha dedicado a la filología medioeval y humanista, dando especial importancia a Dante, Petrarca y Boccaccio sobre los que ha escrito numerosos libros y ensayos. Ha traducido al castellano textos de cronistas florentinos que vivieron en América en los siglos XVI y XVII. También ha publicado libros de historietas de dibujantes chilenos.

Seguimos en el mundo de la distopía. Todavía no han terminado Los juegos del hambre y recién empiezan Divergente y Maze Runner (Correr o morir) y ya tenemos una nueva saga. Lo que alguna vez fueron argumentos dudosos, que abandonaban el sueño hollywoodense exaltado por directores como Frank Capra (en cuyas películas hasta los gangsters eran buenos), ahora era un mundo tenebroso y desesperanzado. Aldous Huxley y George Orwell (que son el subconsciente de este film) prospectaron un futuro poco placentero.

Una de las primeras distopías que me llamó la atención fue Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, 1973): el año 2022, después de una guerra nuclear, la Humanidad sobrepoblada no tenía de que alimentarse. De ese tiempo, es también la serie de El planeta de los simios.

The giver es una novela “para niños” escrita hace 21 años por Lois Lowry, que tocaba temas como el suicidio y la eutanasia, pero que fue bien recibida por el público infantil. A ella siguieron otras tres: Gathering Blue, Messenger y Son.

En alguna parte y en algún tiempo existe una sociedad que ha escogido como valor la uniformidad. Es un mundo en blanco y negro. Hombres, mujeres y niños viven una existencia sin memoria, sin historia, sin sueños, sin proyectos. Un consejo de ancianos, que se reúne periódicamente, decide los ritos de pasaje de los miembros de la comunidad.

Justamente, Jonas (Brenton Thwaites), a sus 12 años, es designado “Receptor de la Memoria”, y debe almacenar los recuerdo del tiempo anterior a la Monotonía y tiene como instructor a un “Dador” (el “Giver” del título, Jeff Bridges), que le transmite hermosas e inquietantes experiencias en colores. Es que el muchacho está predestinado para ello y con su sensibilidad comprende que existe un libre albedrío y que la felicidad de la que todos disfrutan es sólo apariencia: al menos para una raza humana que vive en un sopor de paz, sin tener conciencia de que hace el mal con su comportamiento.

Argumento bastante repetido, que suena a propaganda de la época de la Guerra Fría contra el régimen comunista. Con inyecciones matutinas, hay normas para una apatía total, que se ve rota por la intervención del Dador, contra la voluntad de la Jefa (Meryl Streep). Fiona (Odeya Rush), una muchachita, siente pero no puede explicar que fue ese primer beso en los labios; Asher (Cameron Monaghan) colabora por amistad en facilitar la huída de Jonas, que salva a un bebé de ser “liberado”. Y creo que volveremos a ver personajes como Rosemary (Taylor Swift), la anterior Receptora, que aún toca el piano de manera virtual.

Esto recién empieza. En un futuro sin futuro, ¿qué es lo que se puede esperar?

(The Giver. USA, 2014)

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