Martes, 21 de mayo de 2013

El desafío de la insoportabilidad

/AgenciaUno./AgenciaUno.

El coro critica al técnico por no dosificar sus figuras pero olvida que es precisamente la intensidad y su insoportabilidad la que ha llevado al chuncho a su estrellato. La alta exigencia está en la matriz del método Sampaoli, de quien si se espera una reflexión por su manejo del banquillo, desde donde ha sido incapaz de encontrar soluciones a la altura de la exigencia del calendario.

Este 20 de junio, decía Vicente del Bosque, el seleccionador español, ante las críticas que recibe su equipo, clasificado primero en su grupo de la Eurocopa, que sus paisanos se han mal acostumbrado a los triunfos: “hemos pasado de pobres a ricos muy rápidamente”. 

Una selección que  tenía su techo en los cuartos de final de cualquier copa que disputara, dio el salto en 2008, ganó la Euro, alcanzó la cumbre futbolística conquistando el Mundial de Sudáfrica y ahora pelea por revalidar su título europeo.

Del Bosque, un castellano austero y cazurro, avisa que su equipo no prescindirá del estilo que ha definido a la Roja española, menos en tiempos difíciles, cuando el “estilo” puede no bastar para ganar partidos.

Este estilo, opuesto a la fracasada “furia española” que nunca ganó nada a pesar de las bravuconadas -exceptuando una Euro en 1950, cuando el mundo era en blanco y negro-,  se entrega al talento de una generación irrepetible en la que abundan los petisos, los tocadores y los futbolistas talentosos en desmedro de los metedores que ponen güevos, y su  testosterona por sobre el método. España definió su estilo de forma contracultural y ha deslumbrado con sus bajitos infernales.

Sin comparar, que agravia, la U de Sampaoli tiene este 21 de junio en la vuelta de semifinales de la Libertadores, su techo histórico en esta competición, un desafío futbolístico similar, donde está en juego la credibilidad del método implantado por Sampaoli y su equipo que ha llevado a este equipo al mejor ciclo de su historia. La U jugará al ataque y buscará ser ese equipo insoportable que lo llevó a sus por ahora quince minutos de fama.

La U ha pasado de pobre menesteroso a rico emergente a una velocidad cuántica, regido por la filosofía Sampaoli, un método inédito en clubes chilenos, solo evocable en el que Bielsa impuso en la Roja, una delicia para cualquier hinchada, tan necesitada de identificación con el equipo como de títulos. Los hinchas azules recobraron el orgullo perdido, ganaron dos títulos nacionales y su primera Copa continental y se dieron un festín de gustos: en Río de Janeiro, en Buenos Aires, en Montevideo, en Quito y en Santiago, incluido el 5-0 sobre el archirival.

Hoy dilucida su techo, y llega flaca de fuerzas ante un choque de gran calibre.  No lo tiene nada fácil. Pierde 2-0 con Boca, el equipo que juega mejor fuera que dentro, el que mejor administra una ventaja en duelos de ida y vuelta, el club que lleva la Libertadores en su adn cultural.

Fracasó en la ida en la Bombonera, superada por el rival, por el escenario, y por su propia debilidad, expresada caricaturescamente en su estrés físico y mental, después de una temporada agotadora, que ha exprimido a sus futbolistas hasta secarles la “chispa”, como reconocía su capitán en estos días. Llegada la hora de audiencia con el stablishment de la Libertadores, la U fue un flan.

La U acusa también su pérdida de calidad respecto del equipo que ganó la Sudamericana, un detalle que apunta a Azul Azul y a la gestión de Federico Valdés, que permitió la salida de Edu Vargas, el segundo mejor futbolista de América detrás de Neymar en el ejercicio pasado, y perdió a Marcos González, mejor central continental, por un puñado de dólares. Se fue Canales, otro indiscutible, y perdió algunos figurantes.

Azul Azul, torpe y cicatera en sus refuerzos, obligó al entrenador a pelear ligas mayores con futbolistas de menor rango o de futuro incierto (Acevedo, Junior, lo obligó a jugar sin nueve como requiere su método) o encomendarse al talento sin curtir (Henríquez, Lichnovsky, Martínez). Y sufrió la desgracia de Morante, lesionado toda la temporada.

Falta chispa y hay que remontar frente al más bacán de este negocio, pero Sampaoli, elegante sin refugiarse en excusas, redobla la apuesta y anuncia que hoy volverá ser ese equipo “insoportable” que ha convertido al Nacional en un escenario donde han caído todos los bacanes que se han aventurado.

El coro critica al técnico por no dosificar sus figuras pero olvida que es precisamente la intensidad  y su insoportabilidad la que ha llevado al chuncho a su estrellato. La alta exigencia está en la matriz del método Sampaoli, de quien si se espera una reflexión por su manejo del banquillo, desde donde ha sido incapaz de encontrar soluciones a la altura de la exigencia del calendario.

Así como España ha pasado rápidamente de pobre a rico –en el fútbol, que en la sociedad el camino es inverso- la U se juega la temporada en dos envites que perdió en la ida. Con un plantel rebajado y con un grupo exprimido del que hoy sabremos si cuenta con reserva de combustible para someter a Boca o acabará en caricatura.

La hazaña inscribiría a Sampaoli y su gente en la historia grande, pero tranquiliza saber que ni ese cuerpo técnico ni sus futbolistas apelan a los güevos, la bandera o el escudo de la camiseta para remontar. La U jugará a hacer insoportable la vida de Boca Juniors y puede caer goleada en el intento, pero es el único camino escrito en el librito de Jorge Sampaoli.

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