No sé ustedes, pero esta última semana yo me he sentido un poco confundida. La física no es mi fuerte ni mi área, por lo que esto de la partícula de Dios, no hace más que confundir la precaria concepción que tenemos del origen del mundo, de algunas religiones y de la fe que estas conllevan.
Todo lo que en un momento parecía simple y ordenado, hoy forma parte de una nueva revolución en la que suenan nuevos elementos como el Bosón de Higgs, y en el que el mundo de los átomos tiene un nuevo participante.
Leyendo a una cronista del Miami Herald me encontré con una reflexión genial sobre este hito de la ciencia. que pocos entienden y del que todos hablan. “En las clases de religión que impartían en el colegio la creación se explicaba de acuerdo a lo que se relataba en el Libro del Génesis. En las clases de ciencias, en cambio, la maestra hablaba de la teoría del Big Bang. Esa explosión cósmica que aparentemente desencadenó el improbable fenómeno de la vida en nuestro planeta”.
Hoy resulta que todo eso que aprendimos, imaginamos y hasta dibujamos (cómo olvidar el tratar de plasmar esa explosión infinita con seis lápices de colores), se convierte en materia inútil porque había “algo” que faltaba en la ecuación.
Para aquellos cuyos nombres figuran en la lista de candidatos a los Nobel de física, ciencias y astronomía, puede resultar un aporte a la causa. Un final de Perogrullo a la solución que en 1964 el británico Peter Higgs propuso para explicar los puntos discordantes en la discusión sobre el origen del universo y que antes habían esbozado Galileo, Copérnico, Newton o Darwin.
Hoy resulta que somos hijos de la partícula de Dios. Y si ya la figura de un todopoderoso y omnipresente es compleja para nuestra mente terrenal y simple, más lo es ahora cuando nos presentan al creador como algo más pequeño que un átomo, una masa en movimiento, una densidad inestable, “de una brizna subatómica nunca vista hasta ahora”, un algo por el que se invertirán millones de dólares y de cuyos autores se nombrarán las próximas galaxias descubiertas.
Los principales laboratorios del mundo descorchan sus espumantes más caros para festejar. Yo reviso artículos y notas en Google para tratar de dimensionar los alcances de este hallazgo sin saber como aplicarlo en mi vida diaria. A veces la ignorancia es bienvenida y como dicen por ahí, quien nada sabe, nada teme.
