Llegó el invierno y con él, las enfermedades propias de la estación: virus respiratorios, bronquitis, neumonías, entre otras. Todo acompañado del desfile de autoridades fotografiándose en las colapsadas urgencias de los hospitales. ¿La guinda de la torta para el invierno 2012? El envío del ejército a los hospitales para reforzar la atención en las urgencias.
Con estas dos imágenes – las urgencias saturadas y el ejército llendo al rescate – se pretende hacernos creer dos grandes falacias: Que las enfermedades respiratorias son una emergencia bélica, y no un fenómeno cíclico y relativamente predecible por la autoridad responsable, y dos, que la solución al problema pareciese pasar por llevar más personal a las urgencias.
Desgraciadamente, no es así. Si bien es sabido que las urgencias funcionan mal, la solución al problema no pasa sólo por más recurso humano y mejor organización en ellas, sino, y tan importante como eso, es disminuir esa demanda mejorando el acceso y la calidad en los consultorios (atención primaria), derivando las atenciones leves, una de cada tres “urgencias hospitalarias”, a dichos establecimientos.
Y a este respecto, poco hemos avanzado. Las colas en nuestros consultorios, aún no se han terminado. Por ejemplo, en uno del barrio alto, como Providencia, se debe hacer colas desde las 6 o 7 de la mañana para conseguir una hora con un médico, no pudiendo reservar hora por vía telefónica ni con más de 48 hrs de anticipación.
Del mismo modo, las atenciones preventivas fallan en muchos lugares por falta de horas disponibles, insuficiente frecuencia de control a pacientes crónicos y la eterna falta de insumos básicos. Y cuando se consigue la atención, no siempre es la mejor: Los sueldos inadecuados, la violencia con que son tratados algunos funcionarios, víctimas de la desesperación de los pacientes por las demoras, ha llevado a que los consultorios, que deberían tener a los mejores médicos, carezcan de especialistas en atención primaria (Médicos Familares), existiendo una progresiva migración de los médicos con más estudios hacia la atención hospitalaria o privada.
Todo lo anterior, se agrava por la debilidad informática estructural de nuestro sistema de salud donde, por ejemplo, un médico en un consultorio en Providencia, no tiene ficha electrónica para sus pacientes, y estando a tres cuadras del hospital base (El Salvador), no puede tener acceso vía internet a la ficha, exámenes, imágenes o tratamientos recibidos previamente por el paciente en dicho hospital, lo cual nos obliga muchas veces a nuevas derivaciones, que podrían evitarse con un acceso a tales recursos.
El problema es serio, y sin embargo, no queda claro que el gobierno se esté haciendo cargo. El año 2011, el MINSAL propuso un programa consultorios de excelencia – un incentivo monetario en base a la mejoría de ciertos estándares en la atención a los usuarios, que sólo benefició a 33 consultorios de un total cercano a los mil en todo el país. Más dramático aún, este no se llevó a cabo el 2012 por falta de acuerdos políticos
Concentrado en la construcción de hospitales y en mejorías a la gestión, como acortar las listas de espera AUGE, parece que el gobierno olvió que no existe ningún sistema de salud que haya logrado elevados índices de calidad, a un costo que no desangre el erario público, sin una atención primaria oportuna y resolutiva.
Esperemos entonces, que este no sea otro invierno en donde, lo urgente nos impida ver lo importante, y que así como en educación, nada se va a lograr sin profesores de calidad, en salud nada podremos mejorar sin una atención primaria de excelencia. Mientras tanto, deberemos conformarnos, con un equívoco orgullo, como el Ejército de Chile salva la mala salud de nuestro país.
