Jueves, 20 de junio de 2013

El estancamiento de Chile en los rankings de innovación

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Hace unos días, se publicó el “Índice de Innovación Global” de la Organización Internacional de Propiedad intelectual (WIPO). Diversos medios se apresuraron en titular que nuestro país alcanzaba el liderazgo regional en Innovación. En rigor, este dato es efectivo, aunque Chile lidera la región desde el año 2007. El problema surge cuando uno analiza los datos en detalle.

Los rankings internacionales elaborados por diversas organizaciones o instituciones son de gran utilidad, por cuanto utilizan, en la medida de lo posible, criterios objetivos y técnicos para realizar comparaciones en diversos aspectos, ya sea económicos, sociales o de innovación. Tal es la importancia de estos rankings, que nuestro país formula o modifica políticas públicas basándose en ellos.

Un ejemplo claro es el del programa Becas Chile, cuya transformación más radical desde su creación fue la exigencia a los postulantes de ser aceptados en una de las “mejores 150 universidades del mundo”, basándose en dos rankings que categorizan a las universidades de acuerdo a una serie de criterios técnicos.

El problema surge cuando el “doble estándar” se impone, y se utilizan estos reportes para formular políticas públicas, pero no se utilizan o se ignoran para no impulsar otras políticas igualmente necesarias. En el caso del desarrollo científico y tecnológico, existe una diversidad de reportes de carácter anual, que clasifican a los países en materia de innovación y competitividad y en donde se evalúa de manera técnica las capacidades de los países en investigación y desarrollo (I+D).

Hace unos días, se publicó el “Índice de Innovación Global” de la Organización Internacional de Propiedad intelectual (WIPO). Diversos medios se apresuraron en titular que nuestro país alcanzaba el liderazgo regional en Innovación. En rigor, este dato es efectivo, aunque Chile lidera la región desde el año 2007. El problema surge cuando uno analiza los datos en detalle.

Es preocupante constatar que de los “pilares” que conforman las capacidades de los países en Innovación, en la que más retrasado nos encontramos es, precisamente, en “Capital Humano & Investigación”, y en donde este 2012 caímos al lugar 72º (de aproximadamente 140 países) versus el lugar 63º el año anterior. El reporte muestra retrocesos evidentes en materia de “Inversión en I+D como porcentaje del PIB”, e “Investigadores por cada millón de habitantes”, ambos parámetros en los que Chile cae cerca de 25 lugares.

Desafortunadamente, éste no es el único reporte que muestra estancamientos o caídas de Chile en materia de Innovación e I+D. Otros dos reportes de gran reputación, el IMD Competitiveness Yearbook y el Global Competitiveness Report van en la misma dirección. En ambos, nuevamente, una de nuestras principales falencias como países nuestra baja capacidad en I+D.

Éstos son nuevos reflejos del agotamiento del actual Sistema Nacional de Innovación, conducido por un Consejo Nacional de Innovación y Competitividad que, a más de 6 años de su creación no muestra avances (aunque se debe esperar a la revisada “Estrategia de Innovación 2012-2016”) y que falla en dar la importancia que merece a la actividad científica (la que a menudo se considera por ciertos sectores sólo como un “insumo” más de la innovación), y por un sistema de agencias de Gobierno altamente disperso, con iniciativas en varios ministerios y falta de coordinación.

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