El increíble hombre menguante

No nos engañemos, las mujeres llevan casi un siglo luchando por mejorar su situación y los hombres todavía no nos hemos movido. Fuera del rol patriarcal y machista, adornado con discursos de supuesta igualdad, los hombres no tenemos muchas alternativas. Y no las tenemos, porque como colectivo no las hemos desarrollado. Ni siquiera nos hemos parado a pensar en ellas. Los hombres no estamos enfrentado el desafío de cambiar y adaptarnos a los nuevos tiempos.No enfrentamos nuestro desafío de reinventarnos; simplemente negamos lo que ya es evidente: ¡que somos decadentes!


D-Mujer

13 de mayo, 2011

No nos engañemos, las mujeres llevan casi un siglo luchando por mejorar su situación y los hombres todavía no nos hemos movido. Fuera del rol patriarcal y machista, adornado con discursos de supuesta igualdad, los hombres no tenemos muchas alternativas. Y no las tenemos, porque como colectivo no las hemos desarrollado. Ni siquiera nos hemos parado a pensar en ellas. Los hombres no estamos enfrentado el desafío de cambiar y adaptarnos a los nuevos tiempos.No enfrentamos nuestro desafío de reinventarnos; simplemente negamos lo que ya es evidente: ¡que somos decadentes!

Estaba el otro día en un asado cuando vinieron los niños a avisarnos que habían preparado un show para los padres. Un niño nos guió hasta el patio trasero, otro puso la música en marcha, mientras mi hijo se ocupaba de las luces. En ese momento las niñas, maquilladas y disfrazadas, salieron por una puerta y empezaron a bailar una canción de Lady Gaga.

Seguramente muchos de ustedes han vivido situaciones similares. Pero en este caso a mí me llamó la atención cómo se repartieron los roles en función del género: los niños se ocuparon de los temas técnicos, mientras las niñas ocupaban el centro de la escena. Y la verdad es que esto es algo que he visto en otras ocasiones: las niñas asumen el rol protagónico, mientras los niños se muestran más cohibidos y se limitan a asumir papeles secundarios. Algo similar se puede observar también, cuando uno va a una discotheque: las mujeres bailando y los hombres sentados, bebiendo y ofreciendo excusas mientras rechazan las invitaciones a unirse a sus parejas en la pista de baile.

Llama la atención ver el dinamismo de las mujeres y su inclinación a convertirse en protagonistas, mientras los hombres asumen una posición pasiva y supuestamente digna. Y este dinamismo lo vemos también en las organizaciones de microcréditos, que sólo prestan a mujeres, ya que sólo ellas parecen comprometidas con el desarrollo de sus negocios. Lo observamos en las escuelas donde las niñas sacan mejores notas y son más aplicadas; en las universidades de muchos países desarrollados donde las mujeres son ya la mayoría de los estudiantes. Y también en las familias, donde en muchas ocasiones observo que son las madres las que proponen, dirigen e incentivan, mientras que los hombres asumen posiciones pasivas y supuestamente dignas. ¿Será por eso que muchas mujeres comentan que más que un compañero, su marido es un hijo más?

Cierto, las mujeres están en una situación de injusticia con respecto al hombre: salarios, obligaciones, oportunidades, promociones laborales y esfuerzos en el hogar están desigualmente repartidos. Pero esa es la foto del presente. Si lógica y legítimamente, la mujer se esfuerza cada vez más por corregir las injusticias sociales actuales, ¿cuál será la foto de las relaciones de género dentro de 20 años?

No nos engañemos, las mujeres llevan casi un siglo luchando por mejorar su situación y los hombres todavía no nos hemos movido. Fuera del rol patriarcal y machista, adornado con discursos de supuesta igualdad, los hombres no tenemos muchas alternativas. Y no las tenemos, porque como colectivo no las hemos desarrollado. Ni siquiera nos hemos parado a pensar en ellas. Los hombres no estamos enfrentado el desafío de cambiar y adaptarnos a los nuevos tiempos.No enfrentamos nuestro desafío de reinventarnos; simplemente negamos lo que ya es evidente: ¡que somos decadentes!

Es como cuando uno va por la autopista, mira por el espejo y ve un auto 2 km más atrás. Cierto que vamos por delante, pero ese auto viene a 200 km/h y nosotros vamos a 60 km/h. ¿Qué haremos cuando nos adelante? ¿Quejarnos?

Mientras la mujer se esfuerza con un gran sacrificio personal por ser la mujer maravilla, nosotros cada vez nos parecemos más al increíble hombre menguante. Y ellas van a seguir esforzándose, porque es necesario, es legítimo y es bueno para el progreso de todos. Eso no va a cambiar. No nos engañemos. La pregunta es ¿Cuándo vamos los hombres a reconocer nuestra decadencia y empezar a reinventarnos como colectivo? ¿Qué esperamos?




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