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Opinión

El Lovo de Wall Street, una estafa mal escrita

El Lovo de Wall Street, una estafa mal escrita El Lovo de Wall Street, una estafa mal escrita

Todavía le creemos al tipo en buen traje y buen auto, al nombre en inglés, no aprendemos que las apariencias engañan, y que un manejo simple de alguna jerga no nos transforma en expertos.

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L&C Consultores, Licenciado en Letras y Literatura, Gestor Cultural, Magíster en Educación y Profesor de la UNAB.

El sentido común me dice que nadie compraría un libro o una película si tiene este nombre en la portada, sin embargo, en estos días, hemos sido testigos de cómo muchas personas no solo compraron este cuento, sino que además arriesgaron su futuro en un negocio que partía con el nombre mal escrito. No se trata de culparlos de ingenuos, porque la culpa es de inescrupulosos que estafaron y se aprovecharon de personas que vieron una oportunidad para hacer dinero fácil.

Invertir dinero es como llevar el auto al mecánico, hay algunos que son muy baratos, pero no sabes si tu auto saldrá mejor o peor de ese taller, como también están los que cobran tan caros que resulta imposible, por muy buena imagen y prestigio que tengan, dejarlos ahí. Entonces qué hacemos, ¿dejamos el auto tirado por miedo? No, debemos hacernos responsables, informarnos antes de ir a un taller, no solo preguntarle a los amigos, sino a personas que sepan del tema, porque finalmente un amigo puede ser muy confiable, pero su ignorancia puede ser igual o peor que la de uno en temas específicos, como la mecánica o la economía.

En uno de los países con mayor desconfianza del mundo, cuesta creer que todavía caigamos en este tipo de estafas, cada semana los noticieros nos hablan de historias de familias enteras que caen en el cuento del tío, si hasta da para programas de televisión al respecto. En ningún caso quiero hacer una apología a la desconfianza, contrario a eso, creo que es justamente esta falta de confianza la que nos tiene estancados, pero que lamentablemente va de la mano de nuestra “viveza criolla” creer que hacer las cosas “a la mala” es ser más “vivo”. Ahí estamos mal, esa es la mentalidad que nos perjudica como país, y no tiene que ver con color político ni con este u otro presidente, tiene que ver con nosotros. Debemos asumir de una vez por todas nuestras culpas.

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Independiente de todo lo anterior mencionado, que nos da una alerta general, es importante no caer en el pánico colectivo, hay empresas que se dedican a invertir dinero y que lo hacen bien, pero debemos ser cuidadosos, porque no existe la magia en el mundo de la economía, lo que existen son los trucos bien hechos, que son montados como una gran espectáculo de Las Vegas. Ahí es cuando cuestiono también nuestra educación cívica y económica, básicas para el desarrollo de una sociedad más preparada o desarrollada.

Dado que esta educación no existe de buena o masiva manera, tendremos que, con mayor razón, estar más atentos a las señales, no solo estamos invirtiendo nuestro dinero, sino también, como dice Pepe Mujica, estamos invirtiendo el tiempo que nos cuesta ganar ese dinero.

Por lo tanto, y como propuesta para evitar futuros casos de estafa, debemos saber que antes de invertir hay que analizar la rentabilidad y compararla con las demás. Una alta rentabilidad va de la mano con un mayor riesgo, el que depende de variables como la producción, precios, tasas de interés, y muchas otras, por lo que no existe un retorno fijo, y si fue mayor a lo esperado, debemos saber que pudo haber sido peor.

Otro consejo es no tener vergüenza al preguntar, solemos comprar sin tener claro lo que nos venden para no quedar como ignorantes, pero el verdadero ignorante es el que no pregunta, y si no entiendo a la primera, es mi derecho como consumidor, exigir cuántas explicaciones necesite para entender de qué se trata el producto o servicio prestado y así estar seguro de mi inversión.

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Por último, recordar que el dinero fácil no existe de buena forma, incluso a los que siempre alegan, podrían decirme cómo un futbolista gana tanto, y es que hasta ese personaje tiene un estado físico y talento que uno no tiene, y de tenerlo ha aprovechado mejor las oportunidades, pero fácil o gratis no es.

Todavía le creemos al tipo en buen traje y buen auto, al nombre en inglés, no aprendemos que las apariencias engañan, y que un manejo simple de alguna jerga no nos transforma en expertos.

Si no sé o no entiendo cómo van a duplicar mi dinero, lo pensaría dos veces, y por último me fijaría en que el nombre esté bien escrito. Dejemos de comprar espejos como piedras preciosas y hagámonos cargo no solo de estar más atentos a las estafas, sino a preocuparnos por educar un país ético, en el que no tengamos que estar encerrados para no ser asaltados o no podamos salir para evitar algún posible peligro.

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