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El mito del carisma de Bachelet

El mito del carisma de Bachelet El mito del carisma de Bachelet

Bachelet bajó la guardia. Es cierto que contestó en una conferencia de prensa preguntas como ningún otro político cuestionado lo ha hecho. Pero cierto también es que lamentablemente lo hizo tarde, como si fuera empujada por sus asesores comunicacionales a lo que debía hacer como jefa de Estado.

Francisco Méndez

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Periodista, columnista.

Ya parece un cuento viejo. Una manera de exculparla, de decir que está por sobre todo y todos. Como también una manera de tapar su carencia de robustez política, aunque sea su segundo mandato.

Es el mito del carisma. De la sonrisa fácil, de la madre bonachona que nos mira como queridos hijos y que quiere nuestro bienestar por sobre todo. Lamentablemente ese mito se rompe cuando hay que actuar y cuando realmente hay un hijo verdadero en entredicho. Ya que Bachelet ha demostrado que no tiene el peso que se ha dicho que tiene.

¿Por qué digo esto? Simple. Porque se hace política ejerciendo el cargo. Mostrando decisión y deteniendo los miles de rumores de medios sobre ideologizados como los principales diarios de nuestro país. Diarios frente a los que no hay que bajar la guardia, sobre todo si es que piensas distinto a ellos.

Bachelet bajó la guardia. Es cierto que contestó en una conferencia de prensa preguntas como ningún otro político cuestionado lo ha hecho. Pero cierto también es que lamentablemente lo hizo tarde, como si fuera empujada por sus asesores comunicacionales a lo que debía hacer como jefa de Estado.

La política-lo comprobamos con esto- es más que risas y lindas frases. La política requiere de puño, de manejo, de defensa de las ideas y de los proyectos en todo momento, frente a toda circunstancia que se presente. Sobre todo cuando es tu hijo quien pone en cuestión tu administración y tu manera de operar.

Seamos realistas: este gobierno no lo ha hecho mal para quienes pensamos que este país necesita reformas en materia de educación, entre otros temas. Todavía falta, aunque hasta el momento se han hecho avances que no estábamos acostumbrados a ver en nuestra traumatizada y castrada democracia. Pero si estos avances no son defendidos con el ejemplo y con un manejo político coherente, la democracia se cae a pedazos, se desfonda y deja paso a todo quien quiera gritar su enojo por sobre las propuestas.

La falta de acción de una Bachelet escondida en su aura, ha dado espacio para que la lucidez de quienes hace cuatro años querían cambios sea reemplazada por la indignación de otros. De quienes siempre están esperando la oportunidad para patalear, para gritar, pero nunca para proponer o mirar Chile hacia un futuro. A ellos les importa el aquí y el ahora, sobre todo hoy que ciertos medios les recuerdan que están indignados. Y les ponen muchas veces en sus cabezas de qué color político debe ser esa indignación.

Porque lo mejor es hablar con claridad: los indignados ejercitan el arte del ser reaccionario sin que se te note. O por lo menos eso es lo que creen. Ya que lo cierto es que se les nota a leguas de distancia. Por lo mismo es importantísimo que la primera autoridad del país reivindique la política de la única manera en que se puede hacer: haciendo política. Tomando las riendas y no viendo su gobierno desde afuera como lo ha estado haciendo hasta el momento. En momentos como estos es cuando se prueba la capacidad de estadista de una persona, no besando a las personas en la calle y poniendo su mano en el pecho mientras la aplauden. Hoy es el momento para reaccionar y hacer algo al respecto. Hoy es la oportunidad de salir de esa droga llamada popularidad y hacer la pega. Y sobre todo para escapar del maldita idea del carisma, el que no deja que los políticos-y especialmente la Presidenta- sepan en qué consiste su trabajo.

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