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Opinión

El mundo que le tocará enfrentar a Trump

El mundo que le tocará enfrentar a Trump El mundo que le tocará enfrentar a Trump

Los próximos cuatro años estarán llenos de desafíos para Donald Trump, un empresario que, a pesar de su experiencia en el mundo inmobiliario, sigue siendo un novato en política exterior.

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Director del Observatorio de Asuntos Internacionales de la Universidad Finis Terrae.

Con el triunfo de Donald Trump se cierra una de las campañas presidenciales más polémicas, impredecibles y agresivas de los últimos años en Estados Unidos. Se abre una nueva etapa de su historia con la llegada del primer republicano a la Casa Blanca desde que George W. Bush dejó el cargo a comienzos de 2009.

Los desafíos que el nuevo Mandatario enfrentará en términos internos no son pocos. Estamos hablando del desempleo, los impuestos, el manejo de la inmigración y los conflictos raciales: asuntos que Trump deberá abordar con celeridad a partir del próximo 20 de enero, cuando asuma formalmente la Presidencia.

Pero, si la agenda de política interna es larga y compleja, la de política exterior lo es aún más.

Un aspecto relevante para su gobierno será la manera en que Estados Unidos se relacione a partir del próximo año con Europa. No es un misterio que muchos líderes del Viejo Continente sienten que Barack Obama no hizo lo suficiente para reforzar este vínculo y que, por el contrario, durante sus últimos ocho años en la Casa Blanca privilegió Medio Oriente y Asia.

En ese contexto, la decisión del Reino Unido de abandonar la UE, sin duda que generó un verdadero terremoto al interior de este bloque. No sólo por lo que significa su salida, sino por el precedente que dejó instalado en el continente y que podría ser imitado por otros países.

Asimismo, el próximo año Francia y Alemania enfrentarán elecciones generales en las que los partidos políticos de corte nacionalista y populista estarán muy presentes. Un factor que Angela Merkel y François Hollande observan con preocupación, especialmente tras el triunfo de Trump, que para estos sectores políticos resulta más que inspirador.

En ese sentido, la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (el TTIP, por su sigla en inglés), la ambiciosa propuesta de tratado de libre comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea, aún se encuentra en proceso de negociación. Por lo que cualquier cambio político a futuro ―a cualquier lado del Atlántico― podría hacer caer esta iniciativa.

Otro asunto fundamental para el gobierno de Trump será la relación con Rusia, con quien Estados Unidos mantiene una compleja relación diplomática, luego que el gobierno de Vladimir Putin se involucrara en la guerra que estalló en Ucrania en 2014 y luego en Siria. Putin ya consideró positivo el triunfo de Trump, de modo que sería esperable algún avance en ese sentido. Aunque, no será gratis.

El hoy Presidente electo dejó muy en claro durante su campaña que no descarta la idea que aliados de EE.UU. tengan que pagar por su protección militar y, en ese sentido, la OTAN podría estar en una situación de peligro.

En su reunión del mes pasado, la Alianza Atlántica ya confirmó que el próximo año el Reino Unido enviará aviones de combate a Rumania y 800 soldados a Estonia, mientras que Estados Unidos desplegará tropas, tanques y artillería en Polonia. Lo que a mediados de 2017 debería traducirse en un contingente de 4.000 efectivos de la OTAN, ubicados a muy poca distancia de los 330.000 soldados que protegen la frontera occidental de Rusia. Veremos si Trump acepta mantener estos planes o decide cambiarlos. Algo que sin duda beneficiaría a Putin.

Pero Europa no es el único tema para Estados Unidos en términos de política exterior. Medio Oriente también reúne una serie de complejos escenarios; el mayor de ellos, en este instante, sigue siendo el combate al Estado Islámico.

Las ofensivas en desarrollo contra esta milicia yihadista en Mosul, la segunda ciudad más importante de Irak, y Raqqa, la capital del autoproclamado califato, ubicada en Siria, demuestran la voluntad de la coalición multinacional que encabeza Estados Unidos de acabar con esta amenaza. Si finalmente ambas ciudades son liberadas, se estará a un paso de la derrota definitiva de este grupo integrista, precisamente, uno de los planteamientos más claros de Trump durante su campaña.

Pero acabar con el Estado Islámico no resuelve, necesariamente, otras crisis en esta zona, como la guerra civil en Siria o la inestabilidad política en Irak. De hecho, Trump ha dicho que, si bien no le agrada el Presidente Bashar al Assad, al menos también combate al EI. Mientras que, por otro lado, dejó abierta la posibilidad de revisar el acuerdo nuclear alcanzado con Irán tras doce largos años de negociaciones.

Mientras tanto, en Asia, el gran desafío será el manejo de las relaciones con China. Éstas se vieron tensionadas durante el segundo mandato de Obama, con la decisión de aumentar el poderío naval estadounidense en el Asia Pacífico para 2020. Beijing interpretó esto como una acción destinada a frenar su consolidación como potencia en aguas asiáticas, algo que el Presidente electo tiene a la cabeza de su agenda de política internacional.

En términos económicos, aún permanece en suspenso el éxito del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, mejor conocido como TPP: el megatratado de libre comercio en el que participan 12 países de Asia y América, dentro de los cuales está Chile, pero que excluye a China. Y que tanto Trump como Clinton criticaron duramente.

¿Y América Latina? La región seguramente seguirá estando lejos de las prioridades de Estados Unidos. Sin embargo, fortalecer los vínculos con países como Brasil, Argentina y Colombia sería una estrategia positiva para Trump, principalmente como una manera de construir apoyo regional frente al complejo escenario de Venezuela.

Porque Washington, lejos de cualquier acción individual, frente a este delicado tema preferiría ser parte de una respuesta colectiva, posiblemente bajo el alero de la OEA. Todo dependerá de cómo evolucione la crisis política, económica y social venezolana.

Asimismo, Trump heredará el desafío de seguir avanzando en el tema cubano ―o no―, ya que si bien la normalización de las relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana fue considerado un éxito por Obama, también se le ha criticado que después de eso, el régimen de Raúl Castro no haya dado señales de impulsar verdaderas reformas democráticas.

Los próximos cuatro años estarán llenos de desafíos para Donald Trump, un empresario que, a pesar de su experiencia en el mundo inmobiliario, sigue siendo un novato en política exterior.

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