Miércoles, 19 de junio de 2013

El popular Parisi

/ Agencia Uno/ Agencia Uno

Franco es precisamente la representación de lo que Chile no necesita en un país que cada vez más está volviendo a entender que la política si importa. Su figura no se condice con las tremendas demandas sociales que se presentan en las calles, donde marchan jóvenes que le devolvieron el gran sentido al ejercicio público.

Franco Parisi es el hombre del momento. Todos hablan de él y su “discurso fácil” sobre economía, el que se ha ganado muchos adeptos por estos días. Incluso medios de comunicación, lo muestran con un 10% en encuestas presidenciales, lo que vendría a convertirlo de a poco en el nuevo MEO de nuestra política.

Hasta ahí todo bien. Su nombre se impone y está de a poco convirtiéndose en una marca. El problema es qué nos ofrece, cuáles son sus ideas políticas y hacia donde quiere llevar al país. Nadie lo sabe.

Al mirarlo y escucharlo hablar, no se ve más que a un tipo compuesto, con una gran labia, pero con una ausencia de contenido. Sus ideas no son claras y su manera de proyectarlas no logran entenderse, tras la parafernalia que trae su candidatura.

Como ya muchos hemos visto en sus entrevistas, el gran postulado de Parisi tiene que ver, según sus propias palabras, con enfrentar los “grandes poderes económicos” y cambiar la “manera de hacer política en Chile”. Pero ¿Cómo? Seguimos sin saberlo.

Las políticas y los proyectos que se buscan emprender en el ejercicio presidencial- sobre todo en una estructura casi monárquica como la chilena- deben pasar por análisis profundos que tengan como objetivo tratar materias sociales y económicas de fondo con propuestas claras y evitando las frases para el bronce.

El rostro de La Red, es la consecuencia del poco entendimiento que ha tenido la sociedad con respecto a los movimientos sociales que surgieron el año pasado. Si bien estos desafiaron a los partidos políticos, también entendieron que sin ellos una democracia no puede ser llevada a cabo. Una cosa es pedir más representación y otra muy diferente es tratar de gobernar un país con ausencia del ejercicio político.

Un candidato que no tiene clara su matriz ideológica, muy poco tiene que hacer en un sillón presidencial, debido a que los bellos discursos tienen poca trascendencia, si tras estos no hay una persona que esté comprometido con una causa.El gran problema del mediático presidenciable, al igual que el de muchos que han salido tras el fenómeno de Marco Enriquez, no es su crítica a la política, sino que al parecer no entiende a cabalidad en qué consiste esta.

Mientras más candidatos se asomen tratando de romper el duopolio (concertación-Alianza) con críticas estéticas y no políticas, la escasa representación que nos da en materia parlamentaria (y por ende, presidencial) el binominal, servirá para levantar figuras que no sabrán que hacer una vez sentados en La Moneda.

Franco es precisamente la representación de lo que Chile no necesita en un país que cada vez más está volviendo a entender que la política si importa. Su figura no se condice con las tremendas demandas sociales que se presentan en las calles, donde marchan jóvenes que le devolvieron el gran sentido al ejercicio público.

Por eso, es importante que las próximas elecciones tengan menos de estas personas, y más de ideas país y planteamientos sociales. Una persona que busca luchar contra los poderes fácticos, debe entender, por lo menos, como funcionan estos y cuál es el daño que hacen. Si es que estás luchando en contra de ellos, simplemente porque te despidieron de sus empresas, entonces todo pierde sentido.

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