Jueves, 23 de febrero de 2012

El Precio

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No me vengan con que sólo me arriendo, acá la cosa es simple, sin grises: o te vendes o vives en un iglú en Groenlandia cazando focas y narvales. El problema no es hacerlo, sino saber cuánto y cómo cobrar (o eres caro o eres
barato) y asumirlo sin llorar como los grandes.

Entre el 2004 y el 2005, trabajé con Alberto Fuguet en el guión de su película “Se Arrienda”; la película y la historia eran suyas, yo metí mano, redacté diálogos y lo ayudé a ordenar la historia. Sería cara de raja si me apuntara como autor de la misma. Sin embargo, hay dos aportes que hice al filme y de los que doy fe que Fuguet ha sabido reconocer públicamente.

El primero es la idea del arriendo moral, algo así como la opción de venderse sin compromiso al sistema, sabiendo que no hay firma contractual de por medio y que nada es para toda la vida. El segundo es el personaje de Elisa (Francisca Lewin) que no estaba en el tratamiento original y que es una copia bastante descarada de la eterna Marty (Natalie Portman) de esa maravilla llamada “Chicas Lindas”, dirigida por Ted Demme a inicios de los 90.

De Elisa me siento muy orgulloso, es casi un primer gran amor. Más allá del lugar común del treintañero que encuentra la redención en una chica joven, creo que los momentos con ella en pantalla (sobre todo en el museo y en el cerro San Cristóbal), gracias más al ángel de Francisca que a las líneas del guión, son de lo que mejor que ha envejecido de la película. De lo otro -lo de arrendarse- no tanto. Vale, puede funcionar en la ética de la ficción, pero finalmente es una gran careta, un antifaz bastante simplón.

Me confieso culpable, de alguna forma fueron (fuimos) muchos los que desde entonces hemos acuñado la idea de estar arrendados. Pero en fin, crecí en los noventa, la década lesa donde todos nos creíamos artistas, donde el poder de cambiar al mundo estaba en un taller literario, donde había que jugársela por nada, donde éramos tan choros y nos la sabíamos todas. Y no era ni de soberbios ni de ingenuos, sino derechamente de lesos. ¿Para qué venderte al sistema si puedes arrendarte? Pamplinas, uno no es un departamento, todos tenemos precio, todos nos vendemos y nos vendimos.

¡Aló, mundo real! Y no hay nada malo en hacerlo, sólo hay que tener claro el precio, el que cobras y el que vas a pagar, y no hacerse el huevón, si boleteaste o asumiste contrato, cagaste. Y perdona que te lo diga, para siempre. Acá no hay redención. Por eso lo que vale ya no es ser o no ser un vendido, sí que te paguen bien por aceptar el trato.

Lo del precio y venderse ha cobrado especial fuerza con todo esto de las redes sociales. Mitos casi conspirativos como ese de los 100 escogidos que se supone van a estar en todos los eventos de aquí al año 3000 o la agenda secreta gubernamental tras el famoso 140 SCL, el hito que todos pelaron, y aún pelan aunque muchos se mueren por no haber sido invitados.

Nada nuevo bajo el sol, ha ocurrido siempre, sólo que ahora se sabe, es inmediato y da pica. Antes era gente que no te importaba la que aparecía en la vida social de Caras o Cosas, ahora son tus amigos los que fueron, tú no. Ahora las revistas de papel couché tienen forma de terrazas arriba de estacionamientos, zapatillas gratis, gadget de tecnología y galerías de fotos en facebook; si no te invitaron y no te llegan regalos es porque no existes, ese es el discurso y cada vez son más los afectados por él. ¿Una enfermedad? Sí, al ego, en twitter todos se creen estrellas, todo afecta y la autoestima, cuando se sacude por cuestiones triviales como las mencionadas, tiene otro nombre: narcisismo.

Pero volviendo al tema, es probable que esas conspiraciones sean ciertas, que los “famosos” 100 escogidos existan y que efectivamente el mencionado evento tuitero haya sido realizado para elegir a una suerte de guarda pretoriana del gobierno en las redes sociales: stormtroopers de 140 caracteres para proteger a Piñera de la invasión alien de diciembre del 2012. ¿Una boludez? Para nada, sólo mundo real.

Jóvenes emblemas de gobiernos de turno y rostros perfectos para la páginas de las vidas sociales, todos tenemos una marca encima, un precio, ahora que alguien esté dispuesto a pagarte es otra cosa. Y ahí está el gran dilema. Hoy no son pocos lo que se abren la billetera para comprar talento de anónimos ingeniosos en las redes sociales (y otros no tanto, pero con lindos avatares) por unas cuantas lucas mensuales, cajas con copete a la puerta, invitaciones a eventos, computadores y celulares o incluso un par de puntos para el currículo subido en linkedin. Insisto, hoy no son pocos y cada vez serán más, el boca a boca virtual es mejor que cualquier campaña viral, así que ojo, un consejo gratis, por la buena onda: si tienes precio, juégatela para que te lo paguen y si es posible que excedan la tarifa.

Y si te pagan bien, que tanto, no hay que avergonzarse de lo que uno hace, ni renegar de lo que se hizo. En serio, si pongo en la misma balanza a un “tuitero influyente pagado por una marca de galletas” y a otro que se hace el huevón y trabajó en El Mercurio toda su vida y estudio en la PUC o en una universidad cota mil, creo que este último es de peor calaña.

A ambos la vida les pagó un buen precio, no vengan ahora a dárselas de resentidos creativos. Bukowski, Kerouac y Springteen fueron y son (en el caso de “El Jefe”) resentidos creativos, no quien pasa treinta horas diarias en una página web de microblogging alegando por todo. Si te pagaron mira al frente y acepta que pasaste boleta, si aún no lo hacen, busca quien te firme la papeleta y nunca digas que estás sólo en arriendo, eso es de ficción, de corredores de propiedades, en la vida, en lo concreto, simplemente te vendes. Por lucas, por amor, por una cafetera, por chocolates, por tragos, por corbatas o por el ego de ver tu foto al lado de una columna en un nuevo medio de comunicación online. Esto, lo del precio, es sin llorar y quien lo hace simplemente está picado. Mucho.

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4 Comentarios en “El Precio”

  1. Thumb up 0 Thumb down 0 (0)

    ahora que leo la columna completa…un solo comentario
    CLAP! CLAP! CLAP!
    salu2

  2. Thumb up 0 Thumb down 0 (0)

    Estar sponsoreado no es venderse, es arrendarse.

    El tema es que lo que arriendas es tu reputación. Si pasas todo el día tuiteando cosas favorables a un producto, todo lo anterior que digas o tuitees queda bajo el manto de la duda. No es algo siniestro, pero no sé hasta qué punto lo que opina un tuitero sponsoreado es cierto o parte del negocio.

    Peor aún, para mi el tuitero placement es como un banner, lo omito. No sé en verdad qué efecto económico concreto pueda tener poseer un staff de “embajadores” de marca. No sé cuánto tiempo más pueda durar esa burbuja.

    Juntar gente famosa en eventos sociales tampoco sé lo efectivo que sea como estrategia. De hecho es lo menos “on line” que existe.

  3. Thumb up 0 Thumb down 0 (0)

    Perdón no entendí me vendo porque trabajo?

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    Uno no se vende o se arrienda al sistema, es la mentira más grande de todas. Naces EN EL sistema, por eso es mucho más fácil criticarlo que ignorarlo, cosa de ver twitter a la “chilena”, donde se preocupan todos más de como la gente crítica, a que se crítica.

    La única alternativa ajena al sistema es salirse, irse a vivir al iglú e ignorarlo por siempre. Por eso tu no decides venderte/arrendarte/alquilarte… Solo puedes decidir salirte, pero para eso necesitas una valentía y estupidez conjunta que pocos poseen.

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