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El pueblito se llama Las Condes y sólo sabe mirarse el ombligo

El pueblito se llama Las Condes y sólo sabe mirarse el ombligo El pueblito se llama Las Condes y sólo sabe mirarse el ombligo

Señor Francisco de la Maza, alcalde de Las Condes, junto con saludarlo me permito usar estas líneas para contarle que la Región Metropolitana cuenta con seis provincias y 52 comunas. También me gustaría informarle que la mayoría de las personas que viven en una comuna acostumbran trasladarse a otras comunas, es decir, se mueven por la ciudad.

Es más, déjeme decirle que el Intendente de la Región Metropolitana, don Claudio Orrego, acaba de anunciar la creación de un sistema integrado de bicicletas públicas que incluye once comunas de esta región: Santiago, Providencia, Macul, Maipú, Estación Central, San Joaquín, La Florida, Recoleta, Independencia, San Miguel y Lo Prado.

Lo que significa un total de 2.100 bicicletas y 140 puntos de distribución a lo largo de las comunas participantes. Mejor aún: esto se suma a Vitacura, Lo Barnechea y Ñuñoa, que ya habían decidido operar con la empresa Bikesantiago, la misma que está detrás de las otras once comunas. En otras palabras, son 14 comunas de la Región Metropolitana las que estarán funcionando en el corto plazo con un extraordinario sistema, que tiene costo cero para la comuna que lo contrata y, aquí viene lo más importante, se trata de un sistema integrado.

Se lo repito, pero ahora con mayúsculas: ¡INTEGRADO!  Vamos ahora a su comuna. Vamos a ese pueblito que se llama Las Condes y que está junto a los cerros y al cielo y que, a juzgar por las decisiones de su alcalde, funciona con absoluto desprecio por el resto de la ciudad. Resulta que usted, como representante supremo de la  Municipalidad de Las Condes, decidió  implementar un sistema de bicicletas públicas administrado por la empresa Clear Channel, teniendo la posibilidad de optar.

Es decir, eligió un sistema completamente distinto al que todas las otras comunas vecinas han decidido utilizar. Por ende, y aquí me permito citar a Julio Nazar Miranda, arquitecto y urbanista Escuela de Arquitectura de la Universidad del Desarrollo, quien le escribió a usted una asertiva carta en El Mercurio, “cualquier usuario de bicicletas que quiera ir de esta comuna (Las Condes) a alguna vecina tendrá que dejarla en algún punto “limítrofe”, cruzar a la otra comuna caminando y de ahí tomar el sistema de bicicletas local. Absurdo, por decir lo menos.

Porque si estamos empeñados en hacer a nuestra ciudad cada vez más amigable, más habitable y más sustentable, esta visión localista imperante de cada municipio termina por construir barreras invisibles contra la idea de una ciudad integrada”.

¿Se da cuenta, señor alcalde, de lo que está haciendo? Se lo digo ordenadito:  1. Está afectando a sus propios vecinos, al privarlos de un sistema integrado que, además, es de altísimo nivel: es el mismo que se usa en 29 ciudades de Estados Unidos. 2. Está perjudicando a todos los habitantes de Santiago que, aunque viven fuera de su comuna, trabajan en Las Condes o necesitan pasar por allí para ir a otra comuna.  3. Está profundizando esa sensación, tan arraigada, de que a los poderosos y a los ricos les importa un bledo el resto de los mortales.

Usted está a cargo de una de las comunas más privilegiadas de Chile, y con esta medida, que no es otra cosa que mirarse el ombligo, vuelva a marcar con fuego el estereotipo del fundo (Las Condes), el patrón (el alcalde) y los peones (todos los demás). Mientras en la misma ciudad donde usted vive, señor de la Maza, se empieza a consolidar la red intercomunal más grande y moderna de Sudamérica; mientras son tantas las comunas que se agrupan e integran para entregarle a los habitantes de Santiago la forma más eficiente, saludable, económica y sustentable de moverse por la ciudad; mientras pasa todo eso, Las Condes se aísla, se excluye, demuestra nula capacidad de dialogar, se vuelve cada vez más burbuja y, para colmo, le hace un autogol a sus propios vecinos.

Se lo adelanto, señor alcalde, son sus propios “clientes”, sus electores,  los que van a terminar cobrándole caro esta notable muestra de egoísmo ciudadano.

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