Cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar

Opinión

El silencio de los humildes

El silencio de los humildes El silencio de los humildes

"Perdón amigos dirigentes de los partidos que se atribuyen la revolución democrática, pero no puedo detenerme en condonar el CAE, porque aprendí de chico antes de comprarme el plasma, debo tener gas en la cocina".

Víctor Ramirez Bobadilla

Por


Poblador, Coordinador Fundación Comunidad La Casa.

Después de las elecciones se han hecho cientos de análisis de expertos, explicaciones electorales de lado y lado y cada sector desde sus propias derrotas – porque es evidente que nadie ganó- se proponen continuar “construyendo algo”.

Siendo simplemente un poblador de Peñalolén que logro ingresar a la elite a través de la universidad intento responder a la pregunta de cuál es la verdadera revolución en democracia desde lo que me toca apreciar día a día, desde mi casa al metro y desde el metro a mi casa.

Al parecer la voz del pueblo que se manifestó en las marchas, las mismas marchas a las que yo fui el 2011 y que apoyé para que esa voy se escuchara, se convirtió en la plataforma coordinada por  jóvenes de la elite social y política, elegidos en asambleas, de las que muchos no podemos participar ni podemos aspirar a ser parte de esa dirigencia estudiantil porque tenemos que trabajar para pagar nuestra mensualidad mientras quienes hacen la política universitaria reciben una mesada que llega a sus bolsillos para poder dedicarse a los estudios y además “hacer política”.

En mis caminatas en mi Peñalolén y en tantas poblaciones, la gente no pide a gritos gratuidad, sino reformas que sean de impacto comunitario.  Tenemos largas colas de esperas en los consultorios, en salas que no son dignas de las personas, aunque han mejorado nuestros consultorios en infraestructura. Vivimos atemorizados porque una bala loca cruce las paredes de nuestras casas, porque no tenemos seguridad garantizada. Vemos a los jóvenes decepcionados en las calles, sin estudiar ni trabajar. Hay 500 mil jóvenes que no estudian ni trabajan. Muchos estamos endeudados por nuestros estudios universitarios, pero no quiero ser de los que reparan sólo en sus propios problemas y derechos, sin entender la necesidad de miles de cabros que tiene necesidades mucho más urgentes, como colegios de segunda oportunidad o acceso a capacitación y empleos dignos que los alejen del riesgo de la droga y la delincuencia.  Me pregunto: ¿si me condonaran mi deuda o me dieran gratuidad, me invitarán a pagar esa deuda con algún servicio público atendiendo a la población más vulnerable o simplemente, será para obtener un título para ascender en mi estatus social, con un cartón de profesional titulado? Nada de eso se ha propuesto por los nuevos revolucionarios, porque bajo consignas de lucha social, están atrapados en el mismo individualismo que critican. Aprendí con la vida, que ésta es mejor en comunidad, lo aprendí porque cada vez que había un enfermo en mi barrio, vendíamos la completada; lo aprendí, porque cada vez que se quemaba una casa en la población, aparte de salir todos a apagarla con nuestros baldes, hicimos un bingo para apoyar a nuestro vecino; lo aprendí, porque a pesar de mis necesidades, que son muchas, porque soy pobre, he tenido que ver que siempre hay necesidades más importantes que las mías; que en la vida hay prioridades. Avanzar en comunidad y mirando para el lado, significa detener el paso, parar la retroexcavadora, para asegurar que nadie se queda debajo de este progreso que queremos impulsar. El slogan de los derechos sociales es muy atractivo, pero tiene más sesgos ideológicos que respuesta a la vida de los chilenos, especialmente de los sectores más vulnerables. Porque mientras algunos paran la construcción de hospitales, los enfermos siguen esperando. Puedo comprender que se eviten los abusos, pero no que un hospital no se construya porque lo hará un privado, porque lo importante es que los servicios lleguen antes a mis hermanos.

Perdón amigos dirigentes de los partidos que se atribuyen la revolución democrática, pero no puedo detenerme en condonar el CAE, porque aprendí de chico antes de comprarme el plasma, debo tener gas en la cocina. Chile tiene gritos en silencio, carteles invisibles y caminatas de dolor que requieren más dialogo social, más terreno, menos starbuck y consignas, porque no me quiero refugiar en los porcentajes de los que votaron, sino en quienes no votaron, porque esperanzas ocultas que se ahogan en medio de quienes se hicieron famosos han después de unas marchas, que teniendo demandas más justas, no se escuchan. Es el silencio de los humildes.

Suscríbete y recibe las noticias para comenzar el día

El Dínamo AM
Ahora en Portada

Comenta este post

Newsletter
El Dínamo AM

Suscríbete y recibe las noticias para comenzar el día