Domingo, 26 de mayo de 2013

El telescopio de la pobreza

Me comienzo a dar cuenta que las casas más sucias, más rotas, menos pintadas y más lúgubres, eran las casas que habían sido seleccionadas, las que parecían “más pobres”. Pero la casa donde estaba en ese momento, iluminada, con adornos, con muebles, que estaba limpia y ordenada, no había sido seleccionada a pesar de estar construida sobre un basural. Las casas seleccionadas respondían a un estereotipo de la pobreza, que en vez de hacernos trabajar con quienes se habían esforzado por construir un espacio digno con lo poco que tenían, nos hizo ignorarlos por ser limpios, ordenados y creativos.

Varios años atrás, tuve que realizar un catastro en un campamento. El objetivo era priorizar entre las familias del sector quienes podrían recibir una vivienda de emergencia y quienes no según sus niveles de pobreza.

 

Las viviendas fueron designadas exitosamente, pues aquellas familias que eran visiblemente más pobres que el resto, habían sido las seleccionadas. Al retirarme, una mujer me detuvo para ofrecerme un vaso de agua. Ella no había sido seleccionada, su casa se veía en bastante mejor estado. Me invitó a pasar y dentro del hogar conocí a su marido. Conversamos durante un rato, me senté en un sillón que él mismo había fabricado, y mientras ella lavaba el vaso para servirme, él comenzó a llenar la mesa con pan, mantequilla y té.

 

La conversación fluyó, casi me olvidé del catastro, y mientras la bolsita circulaba de taza en taza, me adentré en la vida de la pareja. Entonces le pregunté al hombre acerca de su trabajo, y sin mirarme responde: “Trabajo en el basural”. Con curiosidad le comienzo a preguntar más específicamente y me explica que su vida giraba en torno a lo que el basural, que quedaba a una cuadra de la casa y donde se depositaban los desechos de la ciudad, les podía proveer a diario. Su “trabajo” consistía en conseguir las mejores cosas para construir su hogar y su vida, o intercambiar lo que podría ser intercambiable.

 

Esta pista me ayudó a mirar esa casa de otra manera. Veo entonces que la casa entera, y cada uno de sus rincones, habían sido creativamente remodelados para mostrar un espacio digno a pesar de provenir literalmente de los desechos de la ciudad.

 

Me comienzo a dar cuenta que las casas más sucias, más rotas, menos pintadas y más lúgubres, eran las casas que habían sido seleccionadas, las que parecían “más pobres”. Pero la casa donde estaba en ese momento, iluminada, con adornos, con muebles, que estaba limpia y ordenada, no había sido seleccionada a pesar de estar construida sobre un basural. Las casas seleccionadas respondían a un estereotipo de la pobreza, que en vez de hacernos trabajar con quienes se habían esforzado por construir un espacio digno con lo poco que tenían, nos hizo ignorarlos por ser limpios, ordenados y creativos.

 

Los estereotipos, al igual que un telescopio, nos ayudan a veces para acercar la realidad y hacerla más visible, pero hay veces en que esos estereotipos nos alejan de la realidad y la hacen menos visible, como si diéramos vuelta el telescopio, cumpliendo entonces con el objetivo contrario para el cual lo usamos. Eso mismo nos puede suceder con los estereotipos que nos hemos hecho de la pobreza, nos pueden alejar tanto de la pobreza que finalmente lo que terminamos viendo no es la pobreza.

 

Para trabajar en los desafíos que involucran la pobreza debemos entender que lo que la distingue no son los harapos y la falta de higiene, sino la marginación y la falta de oportunidades. La pobreza también se encuentra presente en dirigentes poblacionales que hablan de manera más franca y respetuosa que muchos de nuestros políticos; en estudiantes de universidades privadas, que estudian más arduo que estudiantes de las universidades más caras; en temporeras que se duchan más veces al día que las mujeres de nuestra clase alta; y en obreros, pintores y albañiles que construyen con sus manos casas para otras personas.

 

Un mendigo en la ENADE ayuda a poner el tema en nuestras mesas y debemos aprovecharlo, pero este estereotipo hay que saber usarlo y no que se nos de vuelta el lente alejando la pobreza en vez de acercarla. De esta manera, si esta vez invitamos a un mendigo, en una próxima ocasión podríamos invitar a una mujer que derrocha dignidad de jefa del hogar, para que de una charla magistral a cualquier empresario o ministro acerca de cómo mantener una familia de 4 hijos con 100.000 pesos mensuales. Ambos son estereotipos, veamos cuál nos sirve mejor en la actualidad, sobre todo para entender la forma en que muchos transforman lo que para algunos es basura, en vida.

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