Miércoles, 22 de mayo de 2013

El Tri

/ Agencia Uno/ Agencia Uno

La U encadena tres títulos cerrando tres temporadas históricas, solo cuestionadas cuando su caída en semifinales de la Libertadores, y, al mismo tiempo, el fútbol chileno saluda al O`Higgins de Berizzo, un equipo admirable, que solo se cayó en los estertores, cuando acariciaba su primera estrella.

Superada en ambos encuentros de la final por un espléndido O’Higgins, la U sobrevivió gracias a la madera de campeón labrada por este grupo, el mejor de su historia y sobre todo, gracias a Johnny Herrera, un portero para la leyenda chuncha, a la altura de Leonel, por si todavía no estaba en ese sitial. Herrera fue el mariscal de campo azul, el líder de un grupo extenuado, sin una gota de combustible en el estanque, a expensas de sus manoplas, inmensas todo el semestre pero históricas en la final.

La vuelta fue un durísimo ejercicio táctico entre Sampaoli, con todas sus cartas sobre la hierba, y Eduardo Berizzo, capaz de curtir un equipazo en seis meses, que solo se venció en los penales, frente a un equipo azul poseído por una mística inasequible a ningún desaliento.

La U encadena tres títulos cerrando tres temporadas históricas, solo cuestionadas cuando su caída en semifinales de la Libertadores, y, al mismo tiempo, el fútbol chileno saluda al O`Higgins de Berizzo, un equipo admirable, que solo se cayó en los estertores, cuando acariciaba su primera estrella.

Herrera completa una temporada impresionante y pasa a la historia por ganar campeonatos, siempre decisivo, insuperable en la suerte suprema del penal. Durante el partido tuvo un par de intervenciones que muestran su peso en el equipo, como un mano a mano con Sagredo cuando O`Higgins ganaba 1-0.

Tan inmenso debió verlo el delantero mientras armaba su zurda, que falló el segundo gol de su equipo, que podría haber sentenciado el asunto. Ahí estuvo el portero imprescindible.

En el segundo tiempo, cuando Osses cobró el polémico penal a Marino, Herrera cruzó toda la cancha a gritos para decirle a Marcelo Díaz que soltara la pelota y se la diera a Charles Áranguiz, el señalado para patear. Sus órdenes fueron cumplidas. Y llegó la U viva a los penales, gracias a otra volea de Marino, el mejor jugador azul en la final, seguramente por traer piernas frescas desde el banco, y por su gran calidad, que apareció cuando su equipo se caía.

Marino sostuvo a su equipo, jugando a gran nivel, gestionando el tiempo del partido y marcando dos voleas salvadoras para el campeón. Cuestionado el banco de la U por su escaso aporte en el semestre, fue Marino, suplente los tres campeonatos, quien gobernó a su equipo en la final. El equipo vertiginoso estaba agotado y Marino fue un inteligente y silencioso conductor, coronándose con el gol que empataba la serie en el descuento, el que dio paso a la leyenda de Johnny Herrera, cuando ya O`Higgins se veía estrenando sus vitrinas con la primera copa de sus 57 años.

El partido se jugó como quiso Berizzo, con los celestes presionando, maniatando a los medios azules, sin chispa ni velocidad en las piernas ni la cabeza, y atacándola por ambas bandas, llevando el partido al área azul. Marcó un penal, el inicio de la serie de polémicas decisiones de Osses, un árbitro que revela el lamentable estado de su gremio, necesitado urgentemente de una inspección técnica, aunque sus errores fueron repartidos por partes equivalentes.

El árbitro consiguió irritar a los azules hasta el segundo tiempo y a los celestes después, pero O´Higgins fue incapaz de embocar ni uno de sus tiros penales, derrotado desde el gol de Marino que empataba la serie.

Esta final pasará a la historia por su dramatismo, mérito indiscutible de los rancagüinos que sometieron a los chunchos a un calvario hasta los descuentos. El partido, bronco y plagado de duelos individuales, en el terreno ideado por el técnico celeste, fue enturbiado por el protagonismo desmesurado de Osses, intervencionista y sospechoso de compensador en sus decisiones.

Cuando el estadio empezaba a aceptar la pérdida de su primer tricampeonato, consciente además que su equipo seguirá perdiendo a sus figuras, temerosa la afición azul de que la derrota implicara el fin del ciclo y la deserción de Sampaoli, el técnico que ha obrado el milagro de reconstruir tres equipos en tres semestres y llevar los tres al título, llegó la volea de Marino y el pasaje a los penales, la escena donde Johnny Herrera inscribe su nombre en el patrón genético de su club. Fue el momento supremo, de los que marcan la historia de un equipo y de su afición, cuando se crea el mito que repetirán generaciones. El tiempo de Herrera, el futbolista que ganó la final.

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