A partir de este lunes el Papa va a tener twitter, informó la oficina de Comunicaciones del Vaticano. Me parece que lo interesante de esto no es tanto que el Papa desde ahora vaya a difundir su enseñanza doctrinal en 140 caracteres, sino las lógicas comunicacionales que se ponen en juego. El formato en el que se transmite un mensaje reproduce modos de ser y valores propios de su cultura. Y en el caso de la Iglesia -¡qué duda cabe!- el modo de ser y los valores de la cultura del twitter son fuente de conflicto.
Por un lado está el tema de la instantaneidad, la contingencia y la espontaneidad en las opiniones. Creo que nadie espera en twitter opiniones muy calculadas o consensuadas. Twitter es más propicio para la cuña furtiva que para la declaración pública atachada, que casi nadie lee. Qué decir de la densa declaración magisterial.
Otra pregunta que surge es ¿cómo se relacionará una autoridad que pretende tener la capacidad de emitir juicios sin error sobre determinados temas, con un espacio donde la norma es que todos tienen libertad para emitir opiniones sobre cualquier tema? Uno se imagina que en el Estado Vaticano ésta no debe ser una experiencia de todos los días. Sin duda twitter no es el lugar del dogma. Nadie espera ahí leer la verdad definitiva sobre nada. Cada usuario es uno entre miles, y las pretensiones de verdad se validan con RT o favoriteos. Tener que tener siempre la razón o la palabra definitiva ha de ser muy desgastante para la espontaneidad, valor supremo del twitter. A ese respecto, más que verdad a la Iglesia hoy se le pide sinceridad y transparencia. Imagínense el golpe comunicacional que daría la Iglesia si en el twitter del Papa los usuarios se encontraran con la persona de carne y hueso que está detrás de las declaraciones oficiales.
Por otro lado twitter da la oportunidad de saber instantáneamente la respuesta del interlocutor (y la indiferencia). Esto es muy importante para toda persona que está en un puesto de autoridad, especialmente las rodeadas de colaboradores fieles e incondicionales, o las que piensan ser voceros de temas que debieran importar a todos. La crítica en twitter puede ignorarse, pero ahí está. Uno entiende que puede ser razonable bloquear a algunas personas, pero si son muchos los bloqueados también se hace razonable cuestionar las propias opiniones. Creo que sería un error considerar que las interlocuciones que disgustan son meros “enemigos de la Iglesia” que “darán palos porque bogas o porque no bogas”.
Habrá algunos pero ¿y si son miles por todo el mundo?
Por mi parte, me preparo para enviar mis mensajes al Papa. Creo que somos muchos los cristianos que amamos nuestra Iglesia, que hace tiempo tenemos cosas que nos gustaría poder conversar con una autoridad. Quizá ahora estaremos más cerca. En twitter no hay temas vetados. Ojalá no me bloquee.

