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Opinión

El valor compartido o cómo la mano invisible ha quedado obsoleta

El valor compartido o cómo la mano invisible ha quedado obsoleta El valor compartido o cómo la mano invisible ha quedado obsoleta

El modelo capitalista concebido desde “la mano invisible de Adam Smith” ha quedado obsoleto. Hoy vemos que las empresas están buscando la manera de generar valor más allá de las utilidades para sus accionistas, dando paso a corrientes que generen un valor social diferenciador. Esta situación determina nuevos desafíos, demandando propuestas más innovadoras que se vinculen responsablemente con las comunidades donde se insertan.

Por


Sub Gerente Negocios Inclusivos y RSE SMU –Unimarc. Finalista Avonni Emprendimiento Social Colbún.

Vinculado con lo mismo, vemos que la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) clásica puesta en práctica fuertemente por las empresas chilenas en la década de los 90’ también ha evolucionado. De estar basados en un modelo filantrópico mezclado con un trato lejano y frío, las empresas han avanzado a modelos de negocios sustentables en el tiempo que generen una relación cercana con todos los actores involucrados.

En este sentido, en noviembre de 2012, supermercados Unimarc lanzó su Programa de Apoyo a Proveedores Pyme llamado “100% Nuestro” (www.unimarc.cl/pyme). Iniciativa que, además de entregarles condiciones comerciales diferenciadas a las pymes, los destaca en las salas de venta, para que sus productos estén en un lugar privilegiado y los clientes tengan la posibilidad de hacer una compra con sentido.

Desde que comenzó el programa “100% Nuestro” sabíamos que estábamos revolucionando la industria supermercadista chilena. Por primera vez, y de manera concreta, una cadena abría sus puertas a los pequeños microempresarios regionales para que puedan ofrecer sus productos.

Es importante tener claro que la creación de programas de estas características no debe ser producto de una visión filantrópica de la empresa, ni tampoco por seguir de manera ciega una moda; sino que –tal como afirmara Michael Porter- deben gestarse desde una decisión estratégica del negocio con el propósito concreto de crear “valor compartido”.

En mi humilde experiencia, el caso del “100% Nuestro” nace de una convicción profunda respecto a la necesidad de desarrollar las economías locales. Con esto el supermercado logra un mayor abastecimiento local, que además de generar ahorros logísticos y reducir la contaminación asociada al transporte, le permite a Unimarc acceder a productos más frescos y característicos de cada zona en que se emplaza la cadena. De esta forma el cliente recibe una mejor oferta y tiene la posibilidad de elegir estos productos, beneficiando a su propia comunidad.

Los resultados del programa han sido muy favorables para nuestros proveedores y para la Compañía. En ya casi tres años de existencia, los más de 300 proveedores que pertenecen al programa han mantenido un crecimiento promedio cercano al 10% en sus ventas, sumando más de $18 mil millones. Esto es resultado de un esfuerzo conjunto entre los proveedores (quienes entregan responsablemente a tiempo sus productos); los clientes (quienes prefieren consumir productos hechos por pymes regionales); y por la empresa (quien le da publicidad gratuita a los proveedores pyme en las salas).

Así como Unimarc, también hay muchas empresas que han apostado por modelos de negocios inclusivos sostenibles en el tiempo (social y medioambientalmente). El desafío es seguir promoviendo esta manera de hacer negocios, como por ejemplo las “Empresas B”.

Empresas que se han enfocado más en los impactos sociales que generan, que en las ganancias monetarias; creciendo junto a quienes los rodean, generando oportunidades de desarrollo que mejoren la calidad de vida de sus comunidades vecinas, potenciando el desarrollo sustentable de nuestro país.

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