Viernes, 24 de mayo de 2013

El Ying, el Yang y el desarrollo país

ying yang

Sabemos que el desarrollo no tiene como único factor el crecimiento económico, sino que es el resultado convergente del crecimiento con competitividad, del posicionamiento país, de la productividad, de la cohesión y la gestión del Estado, lo que exige una profunda reflexión acerca de por qué el momento actual de los países de la región debería ser revisado.

América Latina ha adquirido hace un tiempo el status de zona “emergente, sin embargo el desarrollo de sus países continúa siendo una utopía.

Sabemos que el desarrollo no tiene como único factor el crecimiento económico, sino que es el resultado convergente del crecimiento con competitividad, del posicionamiento país, de la productividad, de la cohesión y la gestión del Estado, lo que exige una profunda reflexión acerca de por qué el momento actual de los países de la región debería ser revisado.

América Latina, y me atrevo a separar de este análisis a Brasil porque ya se ha transformado en un continente en sí mismo, tiene características sociopolíticas binarias que son un obstáculo para la necesaria conversación que exige el desarrollo de las naciones.

Qué significa un país “binario”? Aquel que piensa de manera dual y confrontacional, en el que la sociedad supone convivir pero siempre con un muro virtual que la divide. Un muro ideológico, histórico y simbólico que separa a la sociedad en nosotros y ellos, izquierda ó derecha, liberalismo ó estatismo, pobres ó ricos…ó diferencias étnicas y clasistas que parecen insalvables. Esta dualidad en la manera de vivir, dirigir y decidir incita a pensar en términos excluyentes, cuándo es necesario reflexionar desde lo complementario y lo compartido.

Más allá de los ejemplos paradigmáticos de países binarios como La Argentina y Venezuela de los últimos años, no podemos dejar de aceptar que Chile vive de opuestos desde hace varias décadas.

Y esos opuestos manifestados en el ámbito político, son los que determinan la falta de cohesión para resolver la Misión de país en términos de competitividad a partir de su economía.

El profesor Ricardo Hausmman, investigador de Harvard University, planteaba días atrás los motivos del retraso en el desarrollo competitivo a nivel país, y ponía como factor crítico a la interminable discusión ideológica acerca del rol del Estado en la economía.

Si la fortaleza de Chile es el orden económico, eso debe ser considerado un escalón pasado. Ahora el desafío en términos de país es pasar a un nuevo escalón, menos confortable, y es en este punto dónde el rol del Estado cierra el círculo de la economía en términos de soporte para la innovación, la optimización de los recursos, la apertura de mercados, la generación de ventajas desde el potencial de la marca país. En definitiva, un rol esencial para alcanzar competitividad.

Eso no quiere decir que el Estado deba subsidiar a una industria, pero sí que tiene que proveerle las cosas que ella no puede salir y comprar por su propia cuenta en el mercado. Es allí dónde aparece la idea de definir la Misión para entender que las bases del desarrollo están en determinadas áreas en las que el Estado debe jugar un papel regulatorio e impulsor. Eso tiene que ver con la Estrategia País.

Lo hacen aquellos países que parecen liberales pero que en realidad son pragmáticos a la hora de apoyar las industrias a desarrollar.

El rol del estado no debe ser ni omnipresente ni omnipotente ni ausente, sino que debe ser práctico para convivir con este mundo diverso.

Desde esta visión, el ying y el yang explican el concepto de equilibrio necesario. El ying tiene algo de yang y viceversa, y lo mismo debería suceder en Chile para evitar el síndrome binario. No es vivir en gris, es vivir en color blanco con algo de negro y viceversa. Es complementación, uno dentro del otro.

No es liberalismo ó proteccionismo, ni privado ni estatal. Es una inteligente combinación de ambos. Uno dentro del otro.

 

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