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Elecciones municipales: las guitarras sobre la mesa

Por Matías Camus.

Las elecciones municipales están cada vez más cerca: el 28 de octubre, como hicimos hace cuatro años atrás, muchos de nosotros nos dirigiremos a los centros de votación para elegir a los responsables de la administración de nuestras comunas.

Esta vez, eso sí, las elecciones tendrán un sonido diferente: ya no necesariamente tendrán que bailar al compás de la siempre perezosa y pusilánime prensa oficial, de la abrumadora y atiborrada contaminación visual, del inmoral e incomprensible derroche de recursos económicos en publicidad política insustancial, de la escandalosa carencia de ideas y contenidos, ni al son del viejo ritmo de los jingles tontos y repetidos de quienes se acostumbraron a la parsimonia y cadencia de una cierta edad mental y acomodo que impide emprender nuevos desafíos y rumbos, y asumir los cambios sociales, históricos y mentales que se hacen manifiestos en el devenir del siglo XXI.

Y si bien nuestro país es un elefante blanco de la centralización y concentración, en todos los niveles y por medio de las más vergonzosas y arcaicas prácticas, modelos y estructuras de administración y desarrollo, la comuna, a través de la municipalidad, sigue siendo un polo de poder y desarrollo local muy relevante, que tiene la capacidad de influir y afectar de forma efectiva la vida y entorno social de quienes se encuentran sujetos a su marco de acción pública.

Pues bien, el sonido nuevo puede ser aquel que ha sonado desde siempre fuerte y rotundo y rebelde y que se ha hecho sentir también en los últimos tiempos con especial virulencia, creatividad y, ante todo, solidez: el viejo rock n’ roll, ese sonido de todos aquellos que son lo suficientemente jóvenes -sea física o mentalmente- para cambiar el estado de las cosas, para botar los estandartes obsoletos y las creencias apolilladas, para mover las fronteras de los paradigmas inquebrantables que han intentado embutirnos a toda costa pero que sólo han logrado fortalecer la rebeldía de alcanzar lo que se nos presenta como posible y que al final termina siendo el motor de la Historia: avanzar hacia los sueños.

El advenimiento de la inscripción automática hace de estas elecciones una prueba especial de coraje para todos aquellos y aquellas que sienten cualquier clase de resquemor, escepticismo o disconformidad respecto de la política y la administración de lo poco que queda del espacio –físico y mental- de lo público. El porcentaje e influencia que adquieren las nuevas generaciones en el padrón electoral se incrementa de forma abrumadora como consecuencia de esta reforma y, en consecuencia, los temas, preocupaciones e intereses que afectan a este segmento, si son puestos sobre el tapete de forma efectiva a través de todos nosotros y con la intermediación de los grupos intermedios que los comparten –agrupaciones, medios de comunicación digitales y no digitales, acciones, redes sociales y todo aquello que parezca idóneo para llegar a los candidatos y a la discusión pública que se enmarque dentro de la comuna en cuestión- cobrarán por fin relevancia electoral y podrán ser considerados como verdaderas banderas y prioridades de las candidaturas en competencia.

Ahí, por vez primera, de verdad destacarán los temas de nuestro tiempo: los espacios públicos –físicos y mentales-, la visión acerca del crecimiento, la comunidad y el bien común, la educación municipal, las ciclovías, los puntos verdes, la cultura y los espacios y difusión culturales, las normas de convivencia que queremos que nos rijan, la diversidad, el sentido de pertenencia y todo cuanto sintamos pueda mejorar.

Habrá comunas donde el sonido de la renovación mental no será suficiente para traspasar las barreras del estancamiento, pero hay otras donde la realidad del futuro que se cierne tiene una oportunidad real de hacerse patente.

Y sí, es cierto, hay una gran distancia entre el debate y la realidad. Pero por algo hay que partir. Hay una voz joven que debe hacerse escuchar, y esta vez a través del voto. La invitación es clara: subamos el volumen y enchufemos nuestras guitarras.

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