Nuevamente la medición política que realiza frecuentemente Adimark confirma una tendencia sostenida ya por varios meses: la desconfianza permanente de la ciudadanía hacia los dos bloques políticos y en particular a la figura presidencial. Dicho sondeo se abocó a monitorear los niveles de aprobación y desaprobación al desempeño del poder Ejecutivo, reflejando nuevamente la tendencia a la baja en que va el presidente Piñera y la opinión que se tiene sobre el parlamento.
Durante marzo el presidente logró un 29% de aprobación, cifra que sigue siendo baja, pero cuya situación empeoró durante el mes de abril alcanzando sólo un 26% de aprobación a su gestión personal. Si a eso le sumamos el alto rechazo que él genera (66%) la atmósfera del gobierno es bastante preocupante. Pero además, se elevó el porcentaje de personas que se declaran de oposición (un 38%), cuatro puntos más que el mes anterior.
Sin embargo, esto no quiere decir que este segmento esté en concordancia con la concertación, bloque que no sale muy bien parada de esta nueva medición. Esta coalición no logra recoger la molestia ciudadana ante la serie de frustraciones con la cual convive, y que durante el levantamiento del movimiento estudiantil, cristalizó sus aspiraciones y redefinió su rol como ciudadano.
Es decir, la Concertación en la evaluación de marzo logró un 21%, cifra que provocó una gran alegría entre los presidentes de partido, situación diametralmente opuesta a la de abril, mes en el cual el bloque de oposición sólo llegó al 19%.
Este resultado claramente no puede dejar contento a nadie, pues agudiza la crisis de representatividad que el mundo académico ha ido exponiendo, pero que para lo dos bloques políticos pareciera no existir. La ciudadanía está mucho más exigente, conoce sus derechos, accede a otro tipo de información desde las redes sociales y se cansó de esperar mejoras en su calidad de vida.
A la luz de estos datos, tanto la concertación como la alianza, no logran sintonizar con las preocupaciones de los ciudadanos y han hecho de la desafección política una real preferencia. No se percibe en el mediano plazo una mejora superlativa en los atributos presidenciales y menos una hoja de ruta que encauce los destinos del gobierno de la alianza.
Pero por el lado de la Concertación las cosas no son de lo mejor, ya que hay evidentes fisuras que han tensionado una relación bastante forzada y que además, no da cuenta de ideas que le permitan sustentarse en el tiempo. Quizás, la cifras de rechazo que mantienen ambos bloques se deba a que Chile sigue siendo un país de los tres tercios, y que con el sistema electoral binominal, un alto porcentaje de la ciudadanía ha quedado relegada del mapa político.
La solución que Chile requiere es la conformación de una nueva fuerza política cercana a las necesidades de la gente, acorde con la apertura de mente que refleja el país y posicionando un sentido más liberal por sobre el conservadurismo que actualmente prepondera.
Que diseñe una estrategia medioambiental acorde a los nuevos tiempos, que establezca políticas públicas de mejora social, que promueva terminar con el binominal, que haga más protagónico el rol del Estado y que delinee una nueva carta magna. Si no se logra construir una alternativa política que rompa con el predominio de dos bloques desgastados, la institucionalidad chilena seguirá cayendo y las demandas se transformarán en más protesta social.
Ha llegado el tiempo de avanzar hacia una nueva institucionalidad ciudadana, pero pensando en la mayoría y no en las minorías, para otorgar de una vez por todas, la estabilidad y tranquilidad requerida para gran parte de Chile.
