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Opinión

En defensa de una maternidad respetada

En defensa de una maternidad respetada En defensa de una maternidad respetada

"El ejercicio de la maternidad debiese ser una tarea consciente y placentera para las mujeres".

Por


Somos un movimiento político que busca construir una democracia participativa en Chile, nacimos de las movilizaciones del 2011 y venimos para aportar a construir un Chile solidario e inclusivo para tod@s.

Por Anita Martínez y Natalia Contreras, Frente de Género de Revolución Democrática.

Para ser feminista en nuestros días se requiere también de un compromiso con la decisión de quienes optan por la maternidad y la asumen como uno de sus principales proyectos de vida. Más aún si somos conscientes que al tomar esa decisión estamos frente a una sociedad configurada para tornar económicamente más vulnerables a las mujeres. Vulneración presente en nuestro sistema de salud donde basta ser mujer, para que en edad fértil, el ejercicio de gestar y de parir se vuelvan factores de riesgo; donde muchas veces las mujeres madres deben pedir de manera fraudulenta licencias para cuidar de sus hijos e hijas por carecer de un postnatal que efectivamente promueva un apego efectivo, todas maniobras de un sistema que castiga en la práctica esta decisión.

Así, hablar de maternidad en Chile necesariamente nos interpela a notar lo poco que pesa nuestra voluntad en dicho acto. Contamos, desde la adolescencia, con una empobrecida educación sexual, un acceso a anticonceptivos repleto de obstáculos, y con la penalización del aborto que criminaliza radicalmente el derecho a decidir. E incluso, una vez enfrentadas a la maternidad, el sistema neoliberal no contribuye a que podamos desarrollar plenamente esta decisión, así como tampoco lo hace una visión machista sobre lo que podamos entender por maternidad y familia.

Las mujeres se encuentran desconectadas de su sexualidad, así como de la maternidad y crianza. La comprensión de estos procesos ha sido reducida a la opinión de “expertos”, tanto en los sistemas de salud como en los educacionales, quienes, bajo una lógica productiva, no consideran el deseo materno como un espacio de realización creativa efectiva donde se pueda disfrutar y experimentar una realización auténtica. Aquello también responde a razones históricas y políticas; la implantación del actual modelo económico y político por la dictadura y su continuidad en los gobiernos de la llamada “transición” tampoco consideraron a la maternidad para nada más que no fuese su aceptación obligatoria de manera coercitiva. En este contexto, la penalización del aborto como una conducta prohibida en toda circunstancia se ha transformado en nuestra manera naturalizada de asimilar la maternidad: presentándose como un asunto del que toda mujer ha de hacerse cargo, pues ya estando embarazada la maternidad es el único camino.

Ya sea deseándola o siendo impuesta, el ejercicio de ser madre en nuestros días se vuelve casi un acto heroico. Nuestras leyes e instituciones demuestran ser incapaces de garantizar un real postnatal de seis meses o más para madres y padres. Establecen el acceso a salas cunas en razón de una determinada cifra de trabajadoras en una empresa, y se impone la expectativa patriarcal de ser “buenas madres” como una labor natural, debiendo responder a ese “llamado” tal y como lo hacían nuestras abuelas y bisabuelas. En ninguna parte se responde a la expectativa de lo que cada mujer podría desear para sí misma: mujeres independientes, madres felices, plenas en su trabajo y deseos. Estas instituciones no responden la pregunta central de cómo hacer calzar el tiempo y las condiciones económicas para ser quienes queremos ser, incluyendo la maternidad si así también lo deseáramos.

El ejercicio de la maternidad debiese ser una tarea consciente y placentera para las mujeres. Debiese ser entendida como una más de las etapas de la sexualidad a la que se puede optar de manera libre, no como una cadena de obstáculos e impedimentos, resultado de una comunidad política que no brinda solidaridad real y que no es consciente de su importancia. Pareciéramos perder la noción de lo fundamental que resulta para nuestra sociedad pensar en una maternidad como un asunto político, relevante para hombres y mujeres, y de lo trascendental que es asumir en esta desigualdad el origen de una opresión tanto para madres como para toda nuestra comunidad futura.

Nuestro ingreso a la esfera pública, como mujeres pensantes y gestoras de acción política no puede limitarse sólo a la luchas por los derechos sociales básicos. Nuestro derecho como mujeres a decidir implica necesariamente la elección de un proyecto de vida. Si éste contempla la maternidad, aquello ha de ser visibilizado junto con sus problemáticas y conflictos, para que dejemos de pensar en una maternidad impuesta a partir del miedo y/o la sobrecarga, porque como comunidad hemos sido incapaces de brindar las condiciones para ejercerla con tranquilidad. Pues dicho miedo impide esta condición y desencadena la sensación generacional de madre ausente, una que tiene la responsabilidad de cumplir todos los roles, pero que dada la estructura de poder de la sociedad no puede compartir y vivir con tranquilidad su decisión de ser madre. Hemos olvidado la maternidad gozosa como una decisión a la que podemos optar o no, dejando que reine aquella sensación de incompletitud ya sea por no cumplir con el rol impuesto o porque la misma sociedad de manera estructural nos impide vivirla de manera libre y feliz.

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