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Opinión

En el día de la mujer: yo NO quiero sus flores

En el día de la mujer: yo NO quiero sus flores En el día de la mujer: yo NO quiero sus flores

No sólo somos obligadas a parir, sino que cuando estamos embarazadas, nos despide, no nos contratan o es más, sólo por ser mujeres, nos cobran el triple en las isapres, “porque nos embarazamos”. ¿Qué tipo de inconsecuencia es esa? Pareciera que todos se empeñan en que tengamos hijos pero nadie se preocupa por nosotras de que tener un hijo es carísimo, nos discriminan laboralmente y no podemos gozar de los mismos planes de salud que los hombres.

Hoy es el día internacional de la mujer y veo cómo en los diferentes espacios, a las mujeres se nos felicita y se nos regalan flores. ¿Hemos ganado algo que nos hacen regalos? Porque yo lo que veo es que en Chile las mujeres ganan menos que los hombres ante igual trabajo, pagamos el triple en comparación con un hombre para entrar a una isapre porque nos embarazamos (chistoso que nos obliguen a parir porque cuando lo hacemos, nos despiden y nos suben el plan de salud), tenemos cerca de cuarenta femicidios al año y somos cosificadas en la publicidad. Cuando me entregan flores, me quedo pensando “¿gané algo como para que me entreguen esta flor?” .Es como si la gente pensara que se conmemora el día de la mujer para felicitarnos por ser mujeres, así como el día de la madre o del padre. La verdad es que este no es un día que se creó para felicitarnos por el hecho de ser mujeres. Nació a raíz de una huelga hecha por mujeres para exigir mismo sueldo que los hombres y desde ahí, se conmemora ese día para recordar al mundo que las mujeres no tenemos equidad de género. Por eso no es un día de flores. Es un día de lucha. De salir a la calle, de mostrar nuestros problemas y demandas sociales.

Yo vivo en un país donde recientemente se vivió el Festival de Viña del Mar, con músicos hombres en su mayoría y donde la figura de la mujer se centró en la reina de Viña del Mar, que era la que ostentaba un cuerpo más irrealmente delgado, mostraba poca o nada de ropa y se contorneaba para los periodistas hombres que fotografiaban el cuerpo semi desnudo. ¿Esa es la mujer que me representa? No. Yo soy una mujer real. Tengo guata, celulitis y soy inteligente. Mis atributos se ven cada día en mi trabajo, no en mi bikini.

Vivo en el país donde mueren cada año cerca de cincuenta mujeres a manos de sus parejas hombres. El año pasado vimos femicidios cada vez más violentos, donde incluso a una mujer se le sacaron los ojos, mientras la prensa decía que era un “crimen pasional”. ¿Qué rayos es eso?, ¿un crimen por pasión? Se nos enseña que quien te quiere te aporrea o que el amor puede terminar así, tan trágicamente. No señores. No fue un crimen pasional. Fue un crimen por ser mujer, por ser una cosa propiedad de un sujeto hombre, porque nuestros cuerpos no son nuestros, sino de los hombres.

Vivo en el país donde se nos obliga a parir, no importa si morimos o traemos al mundo un feto muerto en nuestro vientre por meses o si fue producto de la violación de nuestro propio padre. Nosotras no importamos. No importa el dolor de estas situaciones. No importa que llevemos a un feto muerto en nuestro vientre sin que puedan sacarlo. Nuestros cuerpos son cosas, máquinas que sirven para un propósito y lo que pase con nosotras no importa. Recuerdo hace unos años, a una amiga que quedó embarazada y estando en el sistema público, la incluyeron al Chile Crece Contigo y le entregaron un álbum que debía rellenar para su futuro hijo. Cuál fue su sorpresa cuando le dijeron que el feto había muerto y que no podían sacarlo pues era ilegal y que debía esperar a que su cuerpo lo botara solo. Recuerdo su agonía y la de todo su círculo cercano, cuando tuvo que vivir semanas con un feto muerto en su vientre hasta que no pudo más y viajó a Brasil a que se lo sacaran. En ese momento, sentí vergüenza de mi país.

No sólo somos obligadas a parir, sino que cuando estamos embarazadas, nos despide, no nos contratan o es más, sólo por ser mujeres, nos cobran el triple en las isapres, “porque nos embarazamos”. ¿Qué tipo de inconsecuencia es esa? Pareciera que todos se empeñan en que tengamos hijos pero nadie se preocupa por nosotras de que tener un hijo es carísimo, nos discriminan laboralmente y no podemos gozar de los mismos planes de salud que los hombres.

Vivo en el país donde la televisión muestra cuerpos irreales de mujeres a nuestras hijas. Cuerpos delgados que jamás podrían tener grandes mamas y traseros a menos de que fuera a través de implantes. Publicidad que tortura a nuestras niñas volviéndolas anoréxicas o bulímicas. Vivo en el país donde el Senado y Cámara de Diputados se compone mayoritariamente por hombres y una que otra mujer. ¿Con que cara discuten entonces si tenemos derecho a decidir si queremos o no parir?

Frente a todas estas desigualdades, por favor, tengan decencia y reflexionen acerca de esto en vez de regalarnos flores. Regálennos flores cuando estas inequidades desaparezcan. Ahí sí regálennos un premio pero ahora es una burla. Prefiero que te sumes a mi lado a marchar, con el puño en alto exigiendo mismos deberes, mismos derechos. Prefiero que dejes de ser macho u “hombre hombre”, como dice el comercial del desodorante para varones y te salgas del modelo que dice cómo debemos ser según nuestro género. Prefiero que dejes de silbarme en la calle como si fuera un perro, a mirarme sin escrúpulos el trasero, mis mamas y mi vagina cuando voy caminando por la calle. Prefiero mil veces a que tengas respeto por mí y no me violes, para que pueda caminar de noche sin miedo por ser mujer.

Prefiero que guardes tus flores y luches conmigo por el derecho a decidir cuándo seguir con un embarazo y cuando no. Lucha a mi lado para que el Congreso sea representativo, con misma cantidad de hombres y mujeres, ¡puesto que las discusiones parlamentarias serían muy distintas en los temas que nos atañen a nosotras! No compres una florcita y sigas actuando como macho alfa. Guarda ese dinero y esa mano para luchar conmigo, puño en alto, para exigir equidad de género y ni una muerta más.

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