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Opinión

En los contrastes

En los contrastes En los contrastes

"Que no sean necesariamente las ONG dedicadas a mujeres o el Sernam las que busquen los cambios de legislación, si no que la iniciativa nazca en los entes con incidencia directa en el tema".

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Directora Ejecutiva de Girls in Tech Chile y preside su directorio. Durante dos años fue Directora de Comunicaciones en Start-Up Chile, también fue editora en Red Mi Voz. Es historiadora por la UC y periodista por Georgetown University. Fan de la tecnología, las mujeres que piensan en grande y el desarrollo regional.

En los últimos años, Chile ha logrado posicionarse como un prometedor ecosistema de innovación y creación de startups. Si bien queda mucho por lograr, incluso los más críticos reconocen este contexto prometedor y proyectan verlo dar frutos en los próximos 5 años. A las instancias formales de financiamiento e incubación, se suman una serie de organizaciones que se encargan de reforzar aspectos culturales que favorecen la innovación, y de corregir algunas fallas del ecosistema.

Una de estas fallas es la falta de participación femenina: sólo un 3% de las creadoras de startups son mujeres (Kauffman Foundation), mientras que la presencia de chicas en carreras de computación no sobrepasa el 19%. Era de un 34% en los ‘80 -al menos en USA- lo que nos muestra que, lamentablemente, los números van a la baja. No existe una respuesta única que explique este contexto, pero la investigación apunta a 1. Una crianza aversa al riesgo, lo que las aleja del emprendimiento de alto impacto 2. Baja exposición de las mujeres a carreras y líderes tecnológicos 3. Estereotipos sobre qué es crear tecnología, presentes en la cultura popular.

Para corregir ese escenario y asegurarnos de que las mujeres participen de la creación tecnológica existen una serie de organizaciones, entre ellas la que dirijo. Buena parte de lo que hacemos es promover la cultura necesaria para que la innovación florezca en Chile, y visibilizar historias de chicas que están cambiando el mundo de mano de la tecnología. Acercando emprendedoras tech exitosas a chicas que quieren emprender, logramos que las últimas comprueben que lo único que realmente necesitan para emular ese éxito es convicción profunda. Las herramientas técnicas y el financiamiento pueden -no sin esfuerzo- conseguirse, pero la motivación para emprender y la resiliencia es realmente lo único que no puede comprarse en la esquina y que suele ser el factor diferenciador.

En el fondo, promovemos una forma de ver la vida. De mucho optimismo, altamente resiliente, y abierto a los cambios. Entrenamos una especie de músculo que permite mirar el futuro y los altos desafíos sin miedo, si no que con curiosidad y ganas de actuar. Realmente es un músculo y probablemente sea el mismo que le permitirá al país dejar el subdesarrollo atrás. Lo entrenamos a diario y fomentamos una cultura de mujeres sin límites, que viven el futuro con la intensidad suficiente como para desafiarse a sí mismas a traerlo al presente mediante sus nuevas empresas. Ellas realmente son en carne viva el tipo de mujer que se fomenta cada 8 de marzo: seguras de sí mismas, independientes, creativas, al tiempo que compasivas y atentas a las necesidades de la sociedad, para solucionarlas vía sus emprendimientos.

Pero muchas veces, estas mujeres terminan viviendo en medio de una serie de contrastes, que les generan una realidad un tanto bipolar y desequilibrada. Mientras viven con su creatividad en el futuro y en el empeño de traer soluciones a nuestra realidad, habitan un contexto en donde el feminicidio no se ha erradicado, donde ganan un 30% menos, y donde lo habitual y esperable es que sean siempre ellas las que se ocupen de al menos dirigir la carga doméstica. Ayer mismo, vía redes sociales, me tocó asistir a la furia de una emprendedora a quien el SII le pidió certificar su soltería con dos testigos antes de permitirle abrir su empresa. O sea, tenemos leyes celebradas y replicadas en otros países del mundo como la Ley “Mi empresa en un día”, pero estas regulaciones visionarias conviven con otras como la actual legislación de Sociedad Conyugal, en donde no se contempla la administración conjunta si no que se da por supuesto el liderazgo del marido. Esa legislación de mediados del siglo XIX (1857) convive con la celebrada “mi empresa en un día”.

Así, no se puede.

Con este nivel de contrastes, es muy difícil que todo el trabajo hecho para generar un cambio de mentalidad no se empañe. Existe una generación completa de mujeres que declaran haber crecido sin conocer barreras de género, pero que más temprano que tarde van a encontrarse de frente con esta y otras regulaciones y realidades dispares. Discriminatorias. Creo que la solución parte por mirar esa realidad sin anteojos, de manera franca y dispuesta a buscar soluciones. Evitar la ruta del avestruz y de la negación del problema.

Hecho eso, necesitamos la colaboración y el compromiso de quienes no se ven directamente afectados por estas regulaciones antiguas y contrastes marcados. ONU Mujeres dio cuerpo a la exitosa campaña “He for She”, “él por ella” que busca simplemente traer a la acción a los hombres para solucionar un problema que nos compete a todos. Necesitamos paralelos a ese, en lo organizacional. Que no sean necesariamente las ONG dedicadas a mujeres o el Sernam las que busquen los cambios de legislación, si no que la iniciativa nazca en los entes con incidencia directa en el tema.

En simple, necesitamos encargarnos de la urgencia de estos cambios entre todos, porque hacerlo tendrá incidencia directa en la formulación conjunta de ese futuro innovador por el que con tanto entusiasmo ha apostado Chile.

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