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Opinión

¿En qué queda la ética periodística ?

¿En qué queda la ética periodística ? ¿En qué queda la ética periodística ?

Cuando ciertos medios de prensa se transforman en malandrines activistas de causas políticas, sin hacerse responsables de sus malas prácticas cuando ellas se detectan, como ha acontecido en el caso Guarello, quiere decir que hemos tocado fondo. Si el director de La Segunda no se ha excusado formal y públicamente ante dicho periodista y ante la opinión pública, quiere decir que su grotesca operación política fue gatillada desde el Comité Editorial del medio.

Patricio Herman

Por


Presidente Fundación Defendamos la Ciudad

El conocido periodista Juan Cristóbal Guarello, rostro en la sección Deportes del Canal 13 de televisión se enojó sobremanera con una nota publicada en el vespertino La Segunda, copuchento brazo armado del Consorcio Periodístico El Mercurio S.A. porque lo llamaron insistentemente de allí para entrevistarlo con el único propósito de que hablara mal del senador y precandidato presidencial Alejandro Guillier.

Según dicho periodista, los convincentes llamados telefónicos correspondían a colegas suyos y como él no se quería prestar para proceder como un mero instrumento ocasionador de un perjuicio al político Alejandro Guillier, también lo llamó el propio editor de ese influyente medio de comunicación, estimando éste que, por su nivel jerárquico en el diario, lo iba a convencer. Guarello les contestó a todos los emisarios que él no actuaba como testaferro de nadie y que si quería afirmar algo públicamente en contra de alguien, lo decía motu proprio, como corresponde a un hombre de bien.

En su enfadada respuesta divulgada en una radio expresó “no voy a aceptar que un diario que tiene manchada su historia, que es autor del título más vergonzoso en la historia del periodismo chileno, ‘Exterminados como ratones’, venga aquí a hacerse el vivo, el listo, simplemente y como castigo porque yo no quise sumarme a una campaña difamatoria, que es la que lleva a cabo La Segunda y otros medios nacionales en contra de Alejandro Guillier”, rematando enérgicamente al director del medio impreso, Mauricio Gallardo, con duras expresiones que no repetiremos.

Está claro que ese vespertino tiene a Piñera y a Lagos como sus precandidatos presidenciales favoritos, lo cual en sí es legítimo y por lo tanto no es pernicioso, siendo antiestético y antiético el intento de utilizar a terceros para dejar afuera de la carrera a un precandidato que no es de su gusto. Hasta ahora ni el Colegio de Periodistas de Chile, ni la Asociación Nacional de la Prensa, ni ninguna de las Escuelas de Periodismo de las numerosas universidades públicas y privadas existentes en el país se han referido a la impúdica práctica ejercida por La Segunda, lo cual es indicativo de la insignificante, por no decir nula, autorregulación del mercado de las noticias.

La gente medianamente informada sabe que en Chile la prensa del establishment, medios escritos, canales de televisión y radios, con las excepciones de rigor, tiene como principal objetivo cautelar siempre los intereses de la fronda privada que maneja a las débiles instituciones de la Administración del Estado, asunto que estamos evidenciando desde hace unos cuantos años en los medios digitales que nos permiten denunciar este tipo de lacras que erosionan fuertemente la democracia.

Ahora bien, en la misma fecha de la contestación de Guarello a La Segunda, este medio publicó una etérea columna de opinión llamada “¿Qué es un mall?” firmada por una persona determinada, aludiendo al polémico mall Barón que se pretende construir en el borde costero porteño, mega estructura comercial que el alcalde electo, Jorge Sharp, tomó la necesaria decisión de revisar a la luz de un sinfín de ilegalidades cometidas por los agentes públicos y actores privados interesados.

Con la sana intención de que los lectores de ese diario conocieran algunas de las prácticas non sanctas cometidas por los intervinientes relacionados con ese mall, el día sábado 5 de noviembre pasado le envié una carta al director de La Segunda, informándole de ciertas malas prácticas cometidas en la tramitación de los permisos del mall mencionado en esa inocua columna y como el lunes 7 de noviembre no se publicó nada, el mismo día le manifesté pulcramente al director, Mauricio Gallardo, vía correo electrónico, que él tenía todo el derecho de seleccionar las cartas que recibe y que, en tal sentido aceptaba que no se hubiese publicado la mía, ofreciéndole que uno de sus periodistas, dado que soy uno de los que más conoce el episodio, me entrevistara para darle a conocer la documentación oficial sobre el negocio del mall, mediante la cual se acredita que su edificación, tal como están las cosas, es irrealizable.

Naturalmente tal director ni se molestó en acusar recibo del correo, ni menos mostró interés de que sus lectores conocieran la verdad de los hechos, en donde se configura claramente una connivencia pública-privada conformada por la estatal Empresa Portuaria Valparaíso (EPV)-Grupo económico Falabella, lo que hemos dicho en unas cuantas columnas anteriores.

En resumen, dado el alto grado de impunidad existente, La Segunda continuará ejerciendo su labor pseudo periodística con total ausencia de objetividad y felicitamos a Guarello por haber dado a conocer la trampa concebida únicamente para perjudicar a un político colega de sus aviesos adversarios.

Cuando ciertos medios de prensa se transforman en malandrines activistas de causas políticas, sin hacerse responsables de sus malas prácticas cuando ellas se detectan, como ha acontecido en el caso Guarello, quiere decir que hemos tocado fondo. Si el director de La Segunda no se ha excusado formal y públicamente ante dicho periodista y ante la opinión pública, quiere decir que su grotesca operación política fue gatillada desde el Comité Editorial del medio.

La libertad de expresión está supeditada a los designios de los dueños de los medios, lo cual es razonable y quien escribe esta columna, por lo que habitualmente dice, está censurado en todos aquellos que forman parte del establishment, práctica aceptable porque así son las reglas del juego y por ello comprendí que la radio Cooperativa, otrora baluarte luchadora en contra de la dictadura, haya decidido no publicar mis columnas de opinión y que la periodista Cecilia Rovaretti, después de una reflexiva conversación, haya resuelto no invitarme más a sus entrevistas en vivo, a las que iba una vez a la semana.

Es más, esa radio tiene avisadores con los cuales se financia y su cuerpo directivo posee legítimos intereses comerciales en ciertas áreas de la producción y mantener como expositor y opinante a un tábano exageradamente transparente era riesgoso para su estabilidad, más aun teniéndose en cuenta que lo que se expresaba nunca se ha desmentido.

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