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Opinión

Es hora de hablar de sexo, con o sin amor

Es hora de hablar de sexo, con o sin amor Es hora de hablar de sexo, con o sin amor

Se dice por allí que la educación sexual debe hacerse en la casa. Ello es posible en hogares donde el dialogo entre padres e hijos es abierto. Sin embargo, en los hogares vulnerables esto es más difícil. Por cuanto los padres no han tenido mayor información ni menos educación sobre sexualidad. La palabra pecado abunda y de los diez mandamientos solo conocen uno: no fornicar.

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Periodista.

La senadora Carolina Goic retomó el tema: las JOCAS, Jornadas de Conversación sobre Afectividad y Sexualidad. Quien preside la Comisión de Salud y al Partido Demócrata Cristiano ha sido clara: “si los chicos tuvieran un espacio de confianza donde contar sus temas, donde no se sientan cuestionados si van a pedir la píldora del día después o un anticonceptivo, no solo se evitarían abortos especialmente en sectores más vulnerables, sino que tendríamos un desarrollo más sano de la sexualidad”. Es su idea reeditar este programa promovido en 1996 por el gobierno del ex Presidente Eduardo Frei. “Las Jocas fueron un escándalo para muchos al punto que tuvieron que suspenderse. Fue la oportunidad para que los estudiantes pudieran hacer preguntas libremente, debatir y educarse. Sería una gran idea retomarlas”, explicó.

La senadora apuntó al hueso. Quienes se opusieron en 1996 a las JOCAS y aun lo hacen dentro de la propia tienda política de la senadora no visualizaron que la presión sobre ellos de la Iglesia Católica y otras entidades religiosas significarían aumento de abortos en los adolescentes o madres de 12 años de edad que de repente cambiaron las muñecas por un niño de carne y hueso sin saber a ciencia cierta cómo llegó éste al vientre, o como pasó por allí sin que apareciera la cigüeña por la ventana. O peor aún, que el hombre de la casa, padre, padrastro o hermano le abriera las piernas y la invitara a jugar “algo rico”….

El sexo es un tema que sonroja a algunos: a los que siguen una enseñanza ancestral donde hablar de ello es pecado o por una frustración o limitación en su expresión íntima que les impide aceptar que el sexo es parte natural en todo ser viviente. No se sonrojan ante un apareamiento de los perros o de un toro con una vaca pero se ponen de frutillas cuando se habla del sexo entre dos personas. Lo peor es que no asumen que el sexo es el postre en la mesa de todos los sectores sociales. Sea a través del cine, canciones, las conversaciones abiertas y explícitas en la TV y los realitys o sea por un instante, en una fiesta con eso de “bueno, ya …me lo tiré y me pegué un polvo”, expresiones de un lenguaje procaz que ni adultos seguidores de la Academia obvian escuchar.

Hablando solo del acto sexual en sí mismo, sin involucrar emociones, este se presente mucho antes de la pubertad. La piel se enardece y el deseo se impone. Las hormonas abundan a toda edad, pero en la adolescencia esto es más fuerte. Si no se educa este proceso se gesta el desastre que hoy constatamos. De ahí que prevenir la consecuencia de un acto sexual es la mejor herramienta para sanar esta sociedad enferma en alcohol, depresión y represión sexual. Ello es gestar un niño no deseado, es abortar o es sentir el abandono del otro o la otra al momento de terminar la copulación. Es aquí donde sexo y afectividad deben estar presentes. Sexo y amor. Por cuanto amor y sexo son la esencia de la expresión en la pareja. Conseguir esa unión toma tiempo y conocimiento del uno y el otro. Esto se logra educando desde la niñez, afectividad y sexualidad.

Es de una irresponsabilidad absoluta no tocar el tema o mirar para el lado. No educar sobre sexualidad es colocarnos en el siglo XVII de la Inquisición. Hay algunos que dicen que debe ser una sexualidad responsable, como si la calentura se debatiera en la cama. Otros indican con voz fúnebre y silente que debe ser después del matrimonio, por cuanto la virginidad es sagrada. Entonces meten a Dios y a la Virgen entre las sabanas y nadie puede expresarse libremente con tanto incienso y santos alrededor.

Se dice por allí que la educación sexual debe hacerse en la casa. Ello es posible en hogares donde el dialogo entre padres e hijos es abierto. Sin embargo, en los hogares vulnerables esto es más difícil. Por cuanto los padres no han tenido mayor información ni menos educación sobre sexualidad. La palabra pecado abunda y de los diez mandamientos solo conocen uno: no fornicar. Se influyen más por sus iglesias con sus prohibiciones perversas, y creen que mencionar la palabra sexo es como darle chocolate caliente a la hija o al hijo. Entonces mejor no hablar.

La discusión da para todos los gustos y se deben respetar las distintas ponencias. Sin embargo el Estado gobierna para la mayoría de ciudadanos. Legislar sobre el tema es imperioso. Pese a los distintos argumentos en la mano, la autoridad deberá calibrar la tremenda presión de una Iglesia que mira hacia los otros y no al interior de su casa donde abundan niños abusados por curas perversos, manteniendo el silencio y la protección a estos por años. Por eso que lo dicho por la senadora Goic, católica y sobrina, de un obispo adquiere importancia.

Ciertamente que el sexo es maravilloso cuando dos personas, a toda edad, no solo se atraen físicamente, en el inicio del encantamiento, sino que se envuelven en la ternura que da el mirar, tocarse piel a piel. Esta es la emoción más afrodisíaca en la pareja, sea homo o heterosexual, por cuanto es el inicio del amor. Se comprometen y comparten sus vidas. Caminan de a dos. Uno es más plena y feliz cuando las mariposas abundan en el estómago, el corazón palpita más fuerte y, por ende, el sexo. Cuando éste se hace con amor los ojos brillan por doquier.

Bienvenidas las JOCAS, entonces. Educar para que nuestra sociedad encarcelada de preceptos abra sus ventanas sin temores a la expresión sexual responsablemente y al amor en toda su sublime expresión.

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