Jueves, 23 de mayo de 2013

¿Estamos preparados para las artes escénicas contemporáneas?

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¿Estamos preparados para una danza que no quiere bailar o un teatro que no quiere representar? Cabe cuestionarnoslo cuando las artes escénicas han entrado en una crisis profunda frente a sus modelos convencionales de representación.

Cuándo me pidieron hacer esta columna en el Dinamo sobre Artes Escénicas,  lo primero que pensé en lo bueno que sería esta oportunidad para anunciar y difundir las obras de compañías nacionales  e internacionales que están desarrollando propuestas interesantes en nuestro país,  no obstante luego de revisar mensualmente la cartelera de espectáculos, y de asistir alguno de ellos pude confirmar una vez más la ausencia de espectadores en la sala.

En un primer momento lo atribuí a los contextos sociales actuales que nos han tenido expectantes en estas últimas semanas por el estado actual de nuestro país y las grandes decisiones que se esperan por parte de los estudiantes. Sin embargo más allá de esta coyuntura, la falta de públicos ha sido una preocupación constante en los últimos gobiernos precisamente porqué las artes escénicas no han logrado constituir lo que hoy se denomina como Industria Cultural; el cine, la literatura y la música, han logrado cumplir este objetivo, generando un mercado nacional, con la venta y consumo de películas, libros y CDs.  Para solucionar dicha ausencia de públicos, en estos últimos años se han creado instancia como la “Escuela de Espectadores” que ha intentado precisamente crear una plataforma para la formación de audiencias, en torno al teatro y la danza.

Sin duda está propuesta ha creado nuevos vínculos entre espectadores y  creadores pero aún así hay un punto de quiebre, un estado de ausencia que no se supera. Personalmente creo que la razón principal es que no estamos listos como sociedad para asumir el estado contemporáneo de las artes de representación. Nuestra educación siempre ha apuntado hacía la búsqueda de mensajes y significados en el arte, pero ¿qué nos pasa como público cuando nos enfrentamos a un hecho abstracto? ¿Qué nos pasa cuándo  la obra no contiene un mensaje legible sino más bien una experiencia?

Pienso que es fundamental  como primer paso cuestionar hoy ¿Qué es lo contemporáneo? ¿Estamos preparados  para una danza que no quiere bailar o un teatro que no quiere representar? Las artes escénicas han entrado en una crisis profunda frente a sus modelos convencionales de representación.  Las generaciones actuales están instaurando nuevos discursos, influenciados en su mayoría por las corrientes europeas que han establecido la  realidad en la escena desde una perspectiva performática, generando obras que ya no podemos describir solamente como danza, teatro o performance. Existe fisuras, umbrales, acciones que ya no pueden ser catalogadas, ¿Estamos preparados como espectadores para asumir estás nuevas prácticas? Está claro que hay público para todo tipo de obra, y que en Chile los espectáculos convencionales le ganan en audiencia a las propuestas más experimentales. Las razones de este fenómeno pueden ser variadas: miedo o prejuicio. Quizás nuestra propia ignorancia nos limita a la hora de escoger un espectáculo y perseguimos nombres conocidos como una manera de convencernos de lo correcto. Todos estos síntomas indican que nuestra sociedad padece en algún grado de neofobia, con un marcado miedo a lo nuevo o lo desconocido, quizás porque  somos definitivamente una sociedad conservadora, incluso para ver arte.

La responsabilidad frente al tema de las audiencias no solo está en los creadores, que nos deben seducir en cada temporada para ver sus obras, sino que también está en nosotros como receptores. Se podría decir que el espectador posee ciertos deberes y derechos que hasta ahora no ha asumido. En primer lugar tiene el derecho a  finalizar todo acto creativo, ninguna obra está terminada hasta que es recibida e interpretada por quien la observa, por lo tanto nuestro rol es activo y es desde está acción que debemos sentirnos pieza fundamental de toda creación. Por otro lado tenemos también derechos, sobre todo el derecho a pararnos de una obra e irnos si no queremos ser parte de ella.

Siguiendo con el objetivo de Escénicas, de difundir los espectáculos y propuestas actuales, este 8, 9 y 10 de septiembre nos visita el destacado coreógrafo Belga Alain Platel, junto con la Compañía Ballet C de la B, quienes presentarán la obra “Fuera de Contexto (para Pina)” en el Centro Cultural Gabriela Mistral. Esta visita me parece una oportunidad concreta para enfrentarnos a una experiencia contemporánea. La obra de Platel se destaca principalmente por la búsqueda de nuevos lenguajes, llevando cuerpo y movimiento a un estado qué va más allá de lo que convencionalmente reconocemos como danza, paralizando y deformando.

Finalizo dirigiéndome audazmente al lector con algunas recomendaciones  para ver la obra. Primero, olvidar que hay un mensaje, existen códigos que están dispuestos a lo largo de la obra y que pueden ser interpretados libremente, con o sin conexión (de eso se trata). Segundo, no buscar  movimientos estilizados o buscar danza como la conocemos convencionalmente sino que  disfrutar de las sensaciones kinéticas que ofrecen los intérpretes (que por cierto no solo serán bailarines sino seres escénicos que utilizan un sinfín de herramientas técnicas) y por último no olvidar que somos parte fundamental de la obra, de nosotros depende vivir activamente la experiencia.

(Alain Platel en Gam; http://www.gam.cl/danza/alain-platel/)

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