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Opinión

Escribiendo la historia

Escribiendo la historia Escribiendo la historia
P. Jorge Munoz A., SJ

Por


Sacerdote Jesuita, párroco de Jesús Obrero y rector del Santuario Padre Hurtado, ambos en Estación Central. Bachiller en Teología PUC y licenciado en Teología por Weston Jesuit School of Theology, Boston, Estados Unidos.

Hace unos días hemos comenzado a ver por los medios una publicidad de una empresa de celulares que nos muestra a Alexis Sánchez en avanzada edad. Todo se centra en el diálogo de éste con su nieto, quien necesita hacer mención a un hecho histórico como parte de un trabajo escolar, situación que aprovecha Alexis para comentar la participación de Chile en la Copa Confederaciones.

Más allá de la novedad en el recurso publicitario, hay dos frases que quedan dando vuelta. Una es la frase final, cuando Alexis responde la pregunta de su nieto de dónde estaba él cuando eso estaba sucediendo, a lo que responde con un: “Escribiendo la historia”. La segunda es una frase previa, en la que Alexis hace mención al grupo de jugadores que hace historia, a la que se refiere como la “generación dorada”.

No puedo negar que es una buena publicidad y también dejo en claro que me gusta el fútbol, por lo que el contenido es mejor recibido aún. No obstante, hay algo que quisiera intentar situar en una perspectiva mayor. Quiero recoger el guante y elevar el pensamiento.

Nadie discute los logros que ha tenido este grupo de jugadores y creo que bien puede ser llamada una generación dorada. Es un grupo que se ha ganado el respeto no solo dentro del país, sino que fuera de él. Juegan con una actitud distinta. Se paran en la cancha con una seguridad desconocida en los equipos chilenos. Conocen su capacidad y confían en ella. Nada se les presenta como imposible. De este modo nos han hecho soñar, gritar, llorar de emoción.

Existe entre ellos un trabajo en equipo que, por momentos, es notable, lo que hace que el simple hecho de verlos jugar sea un verdadero regalo. Ese mismo trabajo en equipo hace que algunos de ellos rindan en la selección lo que no hacen en sus clubes. Es decir, lo que son vistiendo la camiseta de Chile es inmensamente mayor a lo que son vistiendo la camiseta de un club en particular, en los que, incluso, algunos no son titulares. Me alegro en verdad por ellos. Me alegro lo que el deporte ha hecho en ellos. Han alcanzado un nombre que los hará estar en nuestros labios por mucho tiempo.

Sin embargo, me encantaría que cada uno de nosotros pudiéramos sentarnos delante de otro y contarle que en algún momento de la vida estuvimos escribiendo la historia y no siendo solamente testigos de lo que sucedía. Que pusimos todas nuestras capacidades para conseguir logros que nunca hubiéramos imaginado. Que fuimos capaces de unirnos a otros y alcanzar un trabajo en equipo que sacó lo mejor de cada uno, haciendo que rindiéramos inmensamente más de lo que cada uno hubiera hecho por sí solo. Y que de ese modo fuimos parte de otra generación dorada: aquella que se jugó por su país, por su gente, por los empobrecidos, por los marginados, por los que no cuentan; aquella que se jugó por una real inclusión de cada uno de sus ciudadanos; aquella que dejó de lado las descalificaciones, los prejuicios y fue capaz de construir un país más justo.

Existe el peligro de sumar y sumar días en nuestras vidas sin saber en qué hemos aportado. Los actuales jugadores de la Selección Nacional tienen mucho que “contarle a los nietos”. Nosotros, ¿qué podemos decir? ¿De qué estamos orgullosos? ¿En qué hemos ayudado a hacer de nuestro entorno algo mejor?
Escribir la historia. Generación dorada. No permitamos que sean expresiones sólo ligadas a una cancha de fútbol. Existe otra mucho más grande, más desafiante, más significativa que nos espera. Atémonos los botines y entremos a jugar. Al igual que le sucedió a otro, hay alguien que nos está diciendo: “¡¡Te quiero ver papá!!”.

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