Las noticias provenientes de Europa han puesto en jaque y en duda la existencia de economías con relativos grados de Estado de Bienestar. Esto es básicamente gobiernos que contribuyen significativamente a las prestaciones sociales, y que por lo general ostentan elevadas cargas tributarias sobre el PIB. Sin embargo, la denominada “Europa a dos velocidades” puede utilizarse conceptualmente para buscar una discusión más equilibrada y menos fundamentalista.
Países de la Europa Central con alta productividad, gran base industrial y de maquinarias, y un gran coeficiente exportación-PIB han podido sortear en mejor forma la actual crisis. Aquí están las economías ejes del Euro (Alemania y Francia) y los países del norte de Europa y escandinavos.
Incluso durante la crisis subprime, Alemania estableció el denominado “Kurzarbeit” que es un subsidio a la contratación de mano de obra a cambio de que las empresas no despidan trabajadores (lo cual es un costo más alto en el futuro para las empresas en cuanto a recontratar trabajadores especializados). Esto permitió atenuar el aumento en el desempleo y ciertamente la caída en la producción industrial. Así a mediano plazo pueden financiar en mejor forma el denominado Estado de Bienestar y obviamente requerirán ajustes menores para mantener la competitividad de sus economías en este nuevo escenario.
Países de baja-mediana productividad tienen una situación más compleja. Aquí se encuentran España, Italia, Portugal, Grecia e Irlanda.
En el caso de España, ha crecido enormemente el sector servicios -representando en la actualidad el 70% del PIB- lo cual es una tendencia natural en la medida que las economías se desarrollan desde un estadio agrícola a uno más industrial. El desafío para todas las naciones es lograr mantener un equilibrio con base en el sector industrial de forma tal que no sesgue demasiado la economía hacia sectores comerciales, servicios y otros, que a la larga dejan a la economía a expensas del ciclo internacional, con poca capacidad de resiliencia interna en caso de crisis global. Gran Bretaña es el anatema por excelencia de la desindustrialización europea, con los consiguientes efectos adversos en el empleo y sustentabilidad social.
En España, el sector Industria y energía disminuyó su participación desde 35% del PIB en los 70 a un 15% en 2010, aumentando el sector construcción (la denominada “economía del ladrillo”) a una participación del 11% del PIB en 2010. Este último sector ha sido afectado por el declive inmobiliario y el fin de la burbuja especulativa que financiaba bienes raíces.
Esto trae como corolario un altísimo desempleo (desindustrialización de largo plazo, caída en la construcción) que no puede absorber el sector servicios, y que pone presión a las ya anunciadas reformas laborales que buscan desregular y flexibilizar el rígido mercado laboral. Incluso durante la crisis subprime (2008-2009), Alemania, a pesar de que su PIB se contrajo más que el de España, logró crear 600 mil empleos netos, mientras España destruyó 2 millones de empleos en dicho período.
Ciertamente el Euro en su concepción no fue dotado de una especie de política fiscal única, y lo único de independencia económica que permaneció en los países de la zona es el uso de la herramienta fiscal. Al no tener un control más estricto (como si lo es la política monetaria y cambiaria), el incremento significativo de la deuda pública ha sido la constante. En el caso de España (y en la de los países europeos más apremiados), la imposibilidad de pagar los compromisos contraídos por el Estado, ha generado el debilitamiento de la banca europea expuesta a estos riesgos soberanos.
El diferencial entre los bonos de deuda españoles y alemanes se ha empinado a los 500 puntos base, mientras que hace unos meses era de solo 150 puntos base. Los tenedores de la deuda española desconfían mucho más de la deuda soberana española, y esto a pesar de que en teoría mantienen una moneda común ambos países. “El Credit Crunch” europeo ha generado un efecto pánico con las consiguientes exigencias de recapitalización bancarias y aumentos de la tasa de interés, lo cual empeora las posibilidades de una recuperación rápida a nivel de la zona Euro.
España, para mantener la esencia de su Estado de Bienestar (salud, educación y pensiones), deberá realizar reformas dolorosas, que abarcan un control más estricto de la deuda pública, redirigir el crédito hacia la economía interna, modificar el sistema de pensiones de modo de generar menos dependencia fiscal, y aumentar la productividad para traspasarla a las actividades exportadoras de modo de crear mayor valor agregado. Ciertamente no existe sistema de protección social que pueda financiarse con un 20% de de tasa de desempleo. “El nuevo gobierno español del Partido Popular (PP) ya tiene la guitarra”.

