Oscar Contardo describe con mucho detalle a los Siúticos, y son sólo algunos los pasajes donde sonríe largamente, ya que su cuerda va más por el lado serio e histórico del personaje que en alguna medida somos nosotros mismos.
Claro que hay Rotos, Rotos con Plata, Nuevos Ricos y otras delicatessen dentro del menú social; pero al que se reconoce rápidamente es al Siútico.
Para despedir el verano, fui invitado a una casa donde hasta los dueños de casa son importados. Arquitecto de firma, muros y ventanas diagonales, piscina sin borde, techo con césped, paredes térmicas, y todos los sillones de Vasarely, Le Corbusier, 4 sillas Barcelona, Terraza con el acero de Harry Bertoia, 2 sillones de Marcel Breur en cuero natural, ninguna silla Valdés y en el comedor las insufribles sillas Tulipa de Eero Saarinen.
La Champagne ( o vino espumante ) Baron B, extra brut, recomendado por alguien porque Codorniú habría sido too much, y por nada del mundo ponerle gotas de Cassis. Vino, blanco por supuesto, un Matetic que estaba de miedo. La dueña de casa se acerca cortésmente y me dice que no se toma con hielo.
Le devuelvo el comentario con mi sonrisa que yo lo tomo así. Vamos 0-15.
Aprovecho la observación para registrar lo que pasará con los Tintos. Acá nuestro dueño de casa tiene una real obsesión. Sin saber nada de vino, en un 90% de los casos piensa que entre más caro es mejor. Y no es sólo eso, me tinca que sale pelando de las comidas si le parece que el vino es barato, no por malo. Donde se tupe es cuando sirven todo con decantador, ya que en su falta de refinamiento, como diría Contardo, se ha aprendido cada cifra de la góndola de vinos de la Cav, del Líder y del Supermercado Diez. Las ofertas 3×3990, 3×6.990 y obvio las 3x 9.990 que el no compraría jamás. Porque lamentablemente, no sabe distinguir un vino rico de uno malo.
Esto le provoca un desmayo. Es más no tolera expresiones “provincianas” en la gente como ir al supermercado en actitud de supermercado. Va como rápido, como si fuese la mayor de las emergencias. Le da pavor socializar en un lugar como ese, tal como le vienen arcadas con un aplauso colectivo al aterrizar el avión, al terminar una buena película o un fuerte “Bravo” de pié cuando la ópera en El Municipal termina, le dan vergüenza ajena y las repudia.
Estoy en una de las seis mesas dispuestas con vista inigualable al mar, al parque , al parque y al mar. El tema de mi sector es el de los palos de golf. Cada uno pertenece a Santa algo, y yo que vengo de un Golf a secas. De los hombres hay tres con sweaters de Santa Martina uno con Blazer azul precioso, que con toda naturalidad cuenta que se lo hizo don Jorge Soto, el mismo, el que vivía en Av. España después del accidente. Me cae bien la naturalidad porque juro que ninguno que lleve el emblema argentino juega Polo.
Basta preguntar cuanto esta jugando el Toño, para confundir aún más la mesa. Del Punta Vial, saben que vende autos, de Max, nada y Donoso menos.
Con un dejo de maldad, hablo del hoyo 10 en Santo Domingo, de cómo Vicenzo sacó detrás de un árbol contra el Green y con una curva magistral la dejo casi dada. De Cachulo Cerda y su grip, de mi amigo más querido, Guillermo Encina; atacado en forma aleve por un Siútico. Pocos saben que Benjamín Alvarado es hijo de Carlos, hermano de la Pulga y la Pilar.
El brusco cambio de balneario, lo dejó con todo nuevo. Señora nueva, sub-45, un encanto, un ex rostro televisivo. Todo el resto nuevo. Nuevos vecinos, no conoce a exactamente nadie en la playa, y este es el primer almuerzo que se lo organizó una antigua amiga que aloja con ellos, y era del mismo grupo en Las Cruces.
Y ahora se repele no haber sido amigo de Andrés Navarro, Aurelio Montes, Gustavo Montero, entre otros. Todo por andar zandungueando en las terrazas de Cartagena.
Su escudo de armas es el Logo. Al Siútico le gusta el buen logo en la ropa, en la maleta, en la cartera, en la hebilla del cinturón. Un sobrio bolso de cuero le parece pésimo, mejor la Adida bien gigante, un reloj Chopard, ojalá el Mille Miglia, en la muñeca a sol y a sombra, la Martina bien bordada a todo color en el pecho .La cosa no es andar solo por la vida; al menos toparse con alguien que use los mismo monos.
El siuticón no puede tener un celular común. Obvio que Iphone, Ipad, I-all, aunque la caga lo del Parrott. Tener ese enchufe en la oreja no puede ser más siútico. La cámara de fotos, una que tenga Bridge ( entre Reflex y Digital Pro ), unas dos chicas tipo Lumix, de 14mpx.
Aunque las fotos que tome sean últimas, tendrá puesta la fecha. Ya eso es lo más ordinario del mundo. Primero circulan por las mesas unos iPad con las fotos que han tomado desde que llegamos; luego algunas de su veraneo, el primero en esta casa que me hizo Gonzalo, y “ahora nadie se mueve hasta mañana”.
La piscina, la siesta si alguien quiere, un extenso aperitivo, comida, música que suena desde un iPod, con listas que han ido desde Bossa ´n, hasta K.D.Lang. Unos parlantes compactos “Best” como regalo a la hora en que alguien piense abandonar este almuerzo alucinante; que yo declaro haberlo abandonado, cuando comenzaron con el tema de los helicópteros, y antes que vieran que mi auto tenía patente C.

