Jueves, 20 de junio de 2013
Guillermo Bilancio

Convergencia

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Estrategia, el caos y el orden

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Este cambio de perspectiva puede ser conflictivo cuándo el énfasis en el producto se transforma en obsesión, y cuándo el replanteo para invertir en nuevos desarrollos es frenado por el miedo escénico a enfrentar un desafío incierto, como es el de todo nuevo negocio.

Tal vez ha sido el término más y peor utilizado en los últimos 20 años. Formó parte del “fashion management” junto a palabras como excelencia, valor, reingeniería y otras tantas que quisieron darle mayor “volumen” a la práctica de la gestión empresarial.

En los últimos años, con la fiebre de la “ejecución” y del énfasis en el “cómo hacer”, la confusión fue cada vez mayor. Los ejecutivos y gerentes doblaron el esfuerzo por hacer antes que pensar, y enfatizaron en procesos estructurados para “programar y controlar”, haciéndose eco de los principios de administración.

En este escenario, las mejoras se confunden con la innovación, y el planeamiento con la estrategia. La obsesión cuantitativa y el cortoplacismo financiero no dejó paso a la ruptura, sino a optimizar negocios ya existentes a efectos de sacarles mayor provecho, sin pensar que los negocios existentes, especialmente en esta parte del mundo, corresponden a la era agraria, cuándo vivimos la era molecular y digital.

La compra de empresas reemplaza al desarrollo de ideas y los nuevos negocios son emprendimientos menores. La incertidumbre se afronta desde la experiencia y desde lo conocido, en lugar de romper con la ambigüedad a partir de la diversidad.

Frente a estos planteos, empresas paquidérmicas salen a la caza de conceptos novedosos, intentando a partir de cursos y seminarios sobre cambio, innovación, creatividad, trabajo en equipo, y otras habilidades “blandas”, generar un discurso motivador, aunque sin jugarse demasiado por afrontar seriamente la generación genuina de valor en la era del conocimiento. Y para darle cosmética, crean áreas funcionales como Gerencias de Innovación, Gerencias de Felicidad y otras superficialidades. La innovación no es una gerencia y la felicidad no siempre se le entrega al recurso humano…

Una era del conocimiento dónde la novedad es lo normal, dónde la creación de valor económico y le potencial de generar riqueza es generado por la evolución de la ciencia, la tecnología y los aspectos simbólicos de los negocios. Una era dónde los ganadores piensan como piensan y piensan antes de actuar. Y rompen con lo establecido, sin seguir la corriente que los hace seguidores y no líderes. Y promueven el caos con el orden necesario para mantener el equilibrio.

Esos ganadores, entienden que la estrategia es mucho más que la estructura y los procesos, entienden que el management no ha dado respuestas para afrontar la ambigüedad, y que el nuevo lenguaje de la política de los negocios pasa por la capacidad de interpretación de un mundo dónde las oportunidades están encerradas en la mente de quienes participan en el juego.

Este cambio de perspectiva puede ser conflictivo cuándo el énfasis en el producto se transforma en obsesión, y cuándo el replanteo para invertir en nuevos desarrollos es frenado por el miedo escénico a enfrentar un desafío incierto, como es el de todo nuevo negocio.

Y es en este punto dónde la cultura se puede transformar en un obstáculo ó en un impulsor.

Por eso la estrategia depende de los valores, es una cuestión de valores y no de cálculos.

La estrategia no es simple, como la vida no es simple. Se requiere de cultura, coraje y equilibrio  para sobrellevarla.

Por eso, no es para cualquiera…

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