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Opinión

Fauna Otoño: ensoñación musical

Fauna Otoño: ensoñación musical Fauna Otoño: ensoñación musical

Con un cartel principalmente dominado por agrupaciones shoegaze, el Festival Fauna Otoño acogió, en su primera versión, a los nostálgicos de la vertiente noventera inglesa que, por estos días, vive una revalorización. (Foto: Gary Go)

Bárbara Alcántara

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Periodista especializada en música. Instagram: chicarollinga

No podía haber sido bautizado de mejor manera. Con un cartel principalmente dominado por agrupaciones shoegaze, el Festival Fauna Otoño acogió, en su primera versión, a los nostálgicos de la vertiente noventera inglesa que, por estos días, vive una revalorización. Un género caracterizado por la potencia de sus guitarras y sonidos oscuros que se endulzan con ensoñadoras atmósferas. Tal como el otoño. Tal como se vivió en Espacio Riesco.

Tres mil asistentes fueron testigos de una celebración que comenzó a las 15:30 horas del sábado pasado con los nacionales Trementina, la agrupación que hace un par de meses lanzó su disco 810, bajo el alero del sello californiano Burger Records fueron los encargados de calentar motores para lo que se venía: el indie pop del trío Beach Fossils. Los de Brooklyn continuaron el buceo musical por géneros como el dream pop y el lo-fi; todo muy etéreo e imaginativo. Tal como el público, bastante más oscurillo de lo que suele atraer Fauna y con propuestas en la moda ultra noventeras. Bototos Dr. Martens, labios achocolatados, chaquetas de mezclilla talla XL y camisas escocesas desfilaban por un recinto que cumplió las expectativas para un evento de esta envergadura. Ayudaron sus fáciles accesos, estacionamiento gratis, baños en buenos estados; sin embargo el escenario principal podría ubicarse a mayor altura para la próxima oportunidad y de esta forma obtener una mayor visibilidad.

La conmovedora vehemencia de los de Texas, This Will Destroy You, no se tardaría en llegar para exponer su instrumental propuesta que pasa de estados lánguidos y sicodélicos a potentes guitarras desgarradas. Es como si el corazón sangrara abarrotado de furia y desolación. Sensaciones expuestas con un histrionismo noise delirante. Tal como dice su nombre —que es por el apelativo de una hamburguesa que vendían en San Antonio, TX, pero les calza perfecto— TWDY arrasa con todo lo que encuentra a su alrededor.

La cadencia electrónica de The Radio Dept. sacó de la ensoñación a varios de los asistentes para trasladarlos a un buceo relajado, que a ratos coqueteaba con el reggae, cuyas bases incluían instrumentos como maracas y xilófonos. En su segunda visita a Chile, el trío sueco logró, con material de sus cuatro discos de estudio, mantener la atención de una audiencia que ya estaba preparada y ansiosa por ver el debut en nuestro país de las estrellas de la noche: Slowdive.

Con un finísimo disco homónimo recién salido del horno, el quinteto inglés hizo lo suyo con una puesta en escena sobria, conformada por visuales abstractas que se fundían con una iluminación tenue; como si la agrupación estuviera entre tinieblas y su cantante Rachel Goswell levitara simulando ser un ángel caído del cielo. El setlist elegido estuvo centrado principalmente en los discos Just for a day (1991) —con la versión de “Golden Hair” de Syd Barret incluida—, Souvlaki (1994), y por supuesto los luminosos singles de Slowdive. El estreno de la agrupación en Chile, los confirma como pioneros y descollantes exponentes del ya mencionado género teñido con ese delicioso aire etéreo y celestial. Un buceo suave, íntimo y reposado. Tal como dice su nombre: Slowdive.

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