Martes, 21 de mayo de 2013

Financiamiento público a los partidos: es justo y necesario

Una democracia de este tipo es un bien público, y por ello es de justicia que entre todos financiemos ese bien mediante un subsidio básico a los partidos que les permita cumplir con sus funciones.

Los partidos políticos chilenos, bien lo sabemos, no atraviesan su mejor momento. Faltos de vitalidad interna y crecientemente divorciados de una ciudadanía que los ve como organizaciones anticuadas, opacas, poco representativas y fuera de sintonía con las preocupaciones de la gente, son la sombra de lo que una vez fueron. Esto es un triste presente para un país que sin lugar a dudas tiene una de las tradiciones partidistas más longevas, ricas, diversas y exitosas del continente.

Puesto que la disfuncionalidad de nuestros partidos implica necesariamente una disfuncionalidad de nuestra democracia, sugiero que una medida (entre varias) para mejorar su funcionamiento es otorgarles financiamiento público a los partidos políticos, a cambio de exigirles- como condición del subsidio- estándares mínimos de transparencia financiera y de democracia interna.

A pesar del cinismo rampante respecto a los políticos y los partidos, que hace que muchos vean en esta propuesta nada más que otro intento de los políticos por hacerse de rentas a costa de la masa trabajadora de chilenos, creo que ésta es una medida justa y necesaria.

Justa, porque los partidos, independientemente del nivel de ambición o codicia de sus integrantes, cumplen funciones indispensables: agregan y articulan una multiplicidad de intereses individuales y dispersos, reclutan y forman candidatos y cuadros técnicos, proponen alternativas de acción, construyen relatos colectivos, y en general contribuyen decisivamente a la creación de una democracia representativa e institucionalizada.

Una democracia de este tipo es un bien público, y por ello es de justicia que entre todos financiemos ese bien mediante un subsidio básico a los partidos que les permita cumplir con sus funciones.

Por otra parte, subsidiar a los partidos es necesario, porque actualmente o tienen una vida organizacional extremadamente precaria, o dependen de sus conexiones con personas u organizaciones acaudaladas. La dura realidad es que sin plata no hay partidos, por lo que si no les damos la plata de manera transparente, entonces no nos sorprendamos después si la consiguen de forma opaca.

Y si hay algo capaz de pervertir la influencia de los ciudadanos de a pie en el proceso democrático es justamente la influencia del dinero, y por ende, toda medida que le otorgue autonomía a los partidos de sus financistas internos y externos- verdaderos poderes en las sombras- aumenta la capacidad de los partidos para representar a sus electores.

Tenemos, pues, una opción como ciudadanos: o nos desentendemos del problema y dejamos que los partidos se las arreglen como puedan- manteniéndose así como organizaciones precarias, amateur y opacas-, o asumimos nuestra cuota de responsabilidad y los financiamos, obteniendo a cambio garantías de transparencia y democracia interna, y mayores cuotas de apertura y profesionalismo. Creo que lo segundo sería una clara situación de ganancia para lado y lado.

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