Tuvimos que esperar hasta finales del primer semestre de este 2012 para que un álbum se quedara con el título de lo mejor de esta mitad de año. Durante los últimos seis meses hubo grandes lanzamientos de artistas como Japandroids, Hot Chip, Beach House, y el inmortal Leonard Cohen, pero el 19 de junio, Fiona Apple rompió siete años de silencio, y les pateó el trasero a todos con “The Idler Wheel…” (El nombre completo es The Idler Wheel Is Wiser Than the Driver of the Screw and Whipping Cords Will Serve You More Than Ropes Will Ever Do…y sigue siendo más corto que segundo álbum).
Desde sus comienzos, Fiona Apple Maggart demostró ser única dentro de la escena musical. Con 19 años causó polémica tras el sugerente video de “Criminal”, tras el cual afirmó feministamente “si voy a ser explotada, prefiero hacerlo yo misma”.
Con la misma edad dio el discurso de aceptación más agresivo que recuerden los MTV Awards, diciendo “El mundo es mierda” y criticando los modelos sociales que la cadena representaba. Se peleó con su discográfica para publicar su tercer álbum “Extraordinary Machine” y a pesar de tener una voz privilegiada, nunca se rindió ante el hacer Pop fácil y comercial. A todo esto súmenle que es extremadamente tímida, torpe socialmente, y tuvo una niñez en exceso traumática. Pero nunca se dejó derrotar, y aquí la tenemos hoy en día.
“The Idler Wheel…” es el álbum más personal que haya sacado la cantante hasta ahora. Es un viaje directo a su bizarra y desordenada cabeza. También es por lejos lo mejor que ha publicado y no es nada menor que una obra maestra de la música contemporánea. Grabado totalmente con instrumentos acústicos (pero casi ninguna guitarra) el álbum parte de manera brillante con “Every Single Night”, una tenue melodía de marimbas que se escucha, tanto instrumental como líricamente, como la cabeza de un esquizofrénico. Le sigue “Daredevil” donde la voz de Apple se quiebra y demuestra que no es lo mismo cantar bonito que cantar bien, cosa que innumerables cantantes femeninas no entienden.
Tras la hipnóticamente hermosa “Valentine”, el LP se pone oscuro con “Jonathan” y “Left Alone”. En la primera, las letras románticas son eclipsadas por un piano lúgubre y disonante, mientras que en la segunda escuchamos a la cantante gritar desesperadamente “¿Cómo le puedo pedir a alguien que me ame si lo único que hago es rogar que me dejen sola?”.
Tras esos 10 minutos en los rincones más sombríos de la personalidad de Fiona, aparece una luminosa pero triste balada de amor disfuncional llamada “Werewolf”, que es probablemente la canción más emotiva del disco. “Periphery” continúa la misma temática, pero esta vez de una manera bastante más agresiva, donde la cantante manda a la cresta a una pareja diciendo “a tu amor le debe haber faltado algo si me aburrí tratando de resolverte”. Por otro lado, se puede estar refiriendo perfectamente a ella misma.
“Regret” es un tema rabioso, visceral, y de lo mejor que se haya hecho vocalmente en el último tiempo. El coro gritado es simplemente estremecedor. Luego, tras ocho canciones que no dejan espacio a respiro, la cantante da un descanso y termina el álbum de manera más optimista. “Anything We Want” es una canción de amor tradicional, guiada por complejas percusiones, mientras que el cierre con “Hot Knife” y sus múltiples voces pareciera ser derechamente sobre sexo.
Fiona Apple nació única, y con “The Idler Wheel…” demuestra que lo sigue siendo, en una industria donde eso no es reconocido como se debe. Entiende la música como la expresión pura de sentimiento, como algo visceral que sólo es exitosa si logra producir una reacción potente en quien la escucha. Es un álbum que suena totalmente nuevo, que escapa de toda etiqueta, y que muestra su faceta más madura. Mientras muchos se maravillan fácilmente con lo cliché de Adele, o la monotonía somnolienta de Lana Del Rey, Apple se hace lugar solita con un disco que no tiene ningún single sonando en las radios, que probablemente no lo tendrá nunca, pero es perfecto de principio a fin.
Escuchando su música atentamente, es fácil darse cuenta que está loca como una cabra. Y eso es justamente lo que la hace tan especial. Este es la perfecta lección de cómo hacer un álbum: Tiene que ser una pieza completa, que se entienda en cada canción como en la suma de estas, y al que hay que escuchar entero, nada de un tema sí, el otro no. Por ahora, no me cabe en la cabeza que durante el año se publique algo mejor que esto, pero lo bonito de la música es que siempre hay sorpresas. Adiós.
