La manera de cambiar conductas y de “darnos cuenta” es sin duda la través de la educación como proceso permanente.
La educación, en el ámbito de los negocios, es determinante en la formación de dirigentes, gerentes y empresarios, e implica un conjunto de procedimientos que permiten a una persona vivir en la diversidad, en la complejidad, en la novedad y poseer las habilidades y conocimientos para afrontar tales situaciones. Pero esto exige un modelo educativo que impulse la profundidad y la reflexión por sobre la superficialidad.
Es preocupante el estilo conductista que lleva a pensar en verdades únicas, cuándo la educación debería pensar en un gerente “educado” y no “adiestrado”.
Adiestrar es buscar ser convergente y monopolizar las ideas. En cambio educar para dirigir implica aprovechar la divergencia necesaria para encontrar más caminos, para alcanzar la variedad estratégica tan necesaria en tiempos complejos.
El gerente educado, a diferencia del gerente adiestrado, no debe ser un recolector de información sino que debe entender el porque de las cosas y hacerse las preguntas clave en lugar de buscar recetas salvadoras.
El arte de dirigir se nutre de la diversidad y para ello, es necesario que haya habido en él algún desarrollo profundo del conocimiento y de la vida.
Sin ese desarrollo, el futuro gerente será parte de un rebaño de especialistas de lo mismo, con un enfoque instrumental y con un canal estrecho para entender las conexiones necesarias.
Un gerente educado no es aquel que obtuvo un diploma sino aquel cuya gama total de actos, reacciones y actividades se han ido transformando gradualmente al profundizar y ampliar su comprensión y sensibilidad.
No sólo ve el mundo como le dicen que es sino que posee herramientas para verlo con una mirada reflexiva y crítica. Ese es el camino para diferenciarse de la verdad revelada propuesta por falsos profetas.
Tenemos que tener claro que no existe un solo management ni tampoco un único rumbo. En la realidad los que trabajan desde un método sistemático, uniforme y “comprobado” no son los que marcan tendencia, sino que son los que forman parte de ese sistema tan conservador como confortable y perverso para el futuro.
Dos afirmaciones al respecto:
- En las empresas que más se proyectan al futuro no se sigue una receta aprendida, sino que la Dirección se guía por la convergencia entre experiencia (Prueba y error), imaginación e intuición, más allá del conocimiento disponible.
- No hay una manera única de dirigir; porque es imposible seguir un orden preestablecido en un ambiente ambiguo y diverso.
La historia del Management y su filosofía está repleta de casos empresariales cuyos protagonistas llegaron a encontrar nuevos espacios para crear valor a partir del sentido común y una profunda base filosófica.
La vieja versión de que existe un método “ideal” fue sustituida por una perspectiva más amplia.: No hay un método único ni una teoría inmutable en Management, sino que hay numerosas alternativas que nos permiten desarrollar una teoría propia para dirigir organizaciones.
Estoy convencido de la concepción anacrónica de la enseñanza conductista de la gestión empresarial, la que es “encerrada” en unos pocos caminos pocos reflexivos que terminan empobreciendo la profesión debe volver a la profundidad por sobre la superficialidad.
Por eso la educación en negocios no debe ser la simple transferencia de un conjunto de reglas prudentes y conservadoras, porque para formar una nueva clase dirigente, quienes eduquen deberán entender que que el arte de dirigir tiene como esencia lo que todo arte tiene: exploración, curiosidad, reflexión, investigación y originalidad a partir de la libertad.

