Edificio Banco Central de Grecia /EFE.

Edificio Banco Central de Grecia /EFE.

Grecia y el euro: cincuenta formas de dejar a su amante

The problem is all inside your head she said to me

The answer is easy if you take it logically

I’d like to help you in your struggle to be free

There must be fifty ways to leave your lover.

      – Letra por Paul Simon

El euro parece ser un matrimonio de compañeros incompatibles. Un artículo del 1 de junio en el Telegraph del Reino Unido titulado Why Europe’s Love Affair with the European Project is Ending, informó que dos tercios de 9.000 encuestados creían que  tener al euro como su única  moneda era un error.

En cuanto a Grecia, fue una trágica incompatibilidad desde el principio y, como muchas rupturas, es realmente por el dinero. Grecia es una vivaz mujer joven encadenada a un viejo tirano. Ella anhela ser libre para bailar por su cuenta, pero romper es difícil. Incumplir en el pago de sus deudas la forzaría a salir de la zona euro teniendo que emitir dracmas de nuevo, y podría ser brutalmente golpeada por los especuladores en los mercados de divisas debido a su insolencia.

Afortunadamente, existen alternativas ante un horrible divorcio. Los tratados que vinculan a los 17 países miembros son sólo un conjunto de reglas, a las que se llegó por mutuo acuerdo; y las reglas pueden ser modificadas o incumplidas, especialmente en situaciones de crisis. El BCE (Banco Central Europeo) desconoció una larga lista de reglas para salvar a los bancos, y lo mismo hizo la Reserva Federal estadounidense para salvar a Wall Street en 2008. Las reglas que se pueden modificar para los bancos, pueden serlo también para personas y naciones, no sólo en Grecia, sino en todos los otros países de la eurozona que amenazan con presentar una demanda de divorcio.

Paul Simon dice que hay 50 formas, he aquí cinco alternativas creativas:

1. El matrimonio abierto: regreso al dracma sin abandonar el euro

James Skinner, ex presidente de la NEF (New Economics Foundation en el Reino Unido), sugiere que el gobierno griego podría empezar a emitir dracmas, sin abandonar el euro. Los dracmas podrían reservarse para uso doméstico, pagar el presupuesto gubernamental, contratar trabajadores, construir infraestructura y ampliar los servicios sociales. Escribe:

Grecia está sufriendo de falta de dinero ya que la única fuente, la moneda única, se ha secado. Pero no existe ninguna ley que indique que tiene que haber una sola moneda.

… Al permitir que el Gobierno, monitoreado por el Banco Central, gaste dinero recién creado directamente en la economía, sin pasar por el sector bancario, la carga de la creciente deuda nacional puede ser evitada […]

Este programa para la creación de un nuevo dracma griego, pasando por alto al sector de la banca privada, podría comenzar ya. Su efecto inmediato sería poner a los desempleados a trabajar de nuevo. Todas las transacciones existentes en euros pueden seguir como hasta ahora, bastante separadas de la nueva moneda. Las dos monedas pueden coexistir perfectamente y operar una al lado de la otra […] Los bancos extranjeros seguirían operando en euros y otras monedas como de costumbre.

Esta solución se empleó con éxito en Argentina cuando su moneda se desplomó en 2001. El Gobierno se alejó de sus deudas y comenzó a emitir sus propios pesos argentinos. Tres años después de una moratoria de deuda récord de más de 100.000 millones de dólares, el país estaba en el buen camino hacia la recuperación. Las exportaciones se incrementaron, la moneda se mantuvo estable, los inversionistas regresaron, disminuyó el desempleo y la economía creció en un 8% durante 2 años consecutivos.

2. Cuentas bancarias separadas: enciendan las imprentas en el Banco Central Griego

En un artículo del 19 de marzo en Seeking Alpha, George Kesarios observó que el Banco Central Griego tiene la facultad de emitir algo más que dracmas. El BCE no es un banco central común y corriente:

En cambio, es una confederación de bancos centrales. Cada banco central nacional europeo, teóricamente, puede hacer el mismo tipo de operaciones de mercado que el BCE y algo más. Los creadores del euro han dejado muchas ventanas monetarias abiertas, las que, si se utilizan correctamente, pueden resolver la crisis europea de la deuda en un período muy corto, sin fondos de los contribuyentes.

Citó el artículo 14.4 del Protocolo sobre los Estatutos del Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC), que dispone lo siguiente: “Los bancos centrales nacionales podrán ejercer funciones distintas a las especificadas en el presente estatuto, a menos que el Consejo de Gobierno decida, por mayoría de dos tercios de los votos emitidos, que dichas funciones interfieren con los objetivos y funciones del SEBC. Dichas funciones deberán ser ejercidas bajo la responsabilidad de los bancos centrales nacionales y no se considerarán como parte de las funciones del SEBC”.

Esto significa que los bancos de centro nacional pueden hacer lo que hace el BCE, e incluso cosas que este no puede. El banco central griego podría intervenir y comenzar a emitir euros por sí mismo. Una vez más, hay precedente para esto. Fue bajo el artículo 14.4 que el Banco Central de Irlanda fue capaz de imprimir 80.000 millones de euros bajo el concepto de ‘asistencia de liquidez de emergencia’, y el banco central griego ya ha impreso 44.000 millones de euros por sí mismo.

El gobierno griego podría imprimir euros, refinanciar su deuda soberana, y pagarse el interés a sí mismo, eliminando dicha carga. Entre otros precedentes está Canadá, que pidió prestado de su propio banco central desde 1939 hasta 1974 para financiar grandes proyectos de infraestructura y programas sociales. Logró esto por un período de 35 años, sin hiperinflación de la moneda, subida de precios, o aumento de la deuda pública, que se mantuvo baja y sostenible.

Existe la preocupación de que el euro podría sufrir por la devaluación si otros miembros de la eurozona siguieran el ejemplo. Pero Kesarios señala la experiencia japonesa, «donde se puede imprimir e imprimir y luego imprimir un poco más, sin que el valor de la moneda caiga (debido a los flujos comerciales positivos)». El euro podría ser igual de resistente.

3. Divorcio: simplemente alejarse  

De acuerdo con la edición del 29 de mayo del New York Times, el rescate de 130.000 millones de euros que supuestamente le iba a dar tiempo a Grecia, ahora está principalmente al servicio de los intereses de la deuda. La ‘troika’: El BCE, el FMI y la Comisión Europea, que tiene tres cuartas partes de la deuda, está capturando los fondos de rescate para ser pagados de vuelta a sí misma en la forma de intereses. Esto simplemente va a agravar la deuda a niveles desastrosos, sin un solo centavo yendo hacia los griegos o su economía en estado de coma.

Las tasas de interés sobre los bonos griegos a diez años han subido recientemente a casi 30%. Bajo la regla financiera del 72, a un 30% compuesto anual, la deuda se duplica en 2.4 años. Si los griegos ni siquiera pueden pagar los intereses de la deuda hoy, excepto al pedir prestado, ¿cómo van a pagar el doble del capital en tan sólo 2.4 años? Al 30%, los griegos podrían estar pagando más del 100% de su PIB por intereses. Legalmente, un contrato que es imposible de ejecutar es nulo.

Alexis Tsipras, líder del partido griego radical de izquierda Syriza, que se encuentra ahora en segundo lugar en el Parlamento griego, le llama una ‘deuda odiosa’, un término legal para una deuda nacional contraída por un régimen para propósitos que no sirven a los mejores intereses de la nación. Una deuda odiosa, en el derecho internacional, no tiene por que ser pagada.

4. Apoyo conyugal: la opción de la banca pública  

Si la opción del divorcio es demasiado, la agobiante carga de intereses de Grecia puede ser aliviada mediante el aprovechamiento de la muy generosa tasa del 1% del BCE para los banqueros. El artículo 123 del Tratado de Maastricht prohíbe a los gobiernos miembros el pedir prestado directamente del BCE, pero hace una excepción en el parágrafo 2 para las «entidades de crédito públicas», algo de lo que Grecia tendrá por montones una vez nacionalice sus bancos. Pueden hacer fila en la ventanilla del BCE por su tasa bancaria en ganga del 1% y usar los fondos desembolsados en préstamo para comprar la deuda nacional.

El investigador Simon Thorpe le escribió al BCE y les preguntó si se opondrían a que una entidad de crédito de propiedad pública fuera a pedirles prestado y usara esos fondos «para entregarle dinero a un Gobierno como el griego con el fin de que este pague sus deudas con los mercados financieros». El BCE respondió: “De acuerdo con el Tratado, como usted acaba de citar, dichas entidades de crédito de propiedad pública «deben recibir el mismo trato por parte de los bancos centrales nacionales y el BCE, que las instituciones privadas de crédito». Corresponde a los bancos decidir cómo utilizar el dinero que han pedido prestado del sistema de Banco Central”.

5. La dote: la imposición de un impuesto a las transacciones financieras  

Thorpe toma nota de que el BCE ha emitido y prestado casi un billón de euros a los bancos al 1% desde diciembre de 2011, tres veces el total de la deuda griega por 355.000 millones de euros. Si los bancos públicos griegos le piden prestado al BCE al 1% y adquieren la deuda soberana de Grecia, ésta puede ser pagada en 10 años sólo con el rendimiento de un muy modesto impuesto sobre las transacciones financieras (ITF) del 0.3%.

La imposición de un minúsculo ITF sobre todas las operaciones financieras, no sólo sería una lucrativa fuente de ingresos, sino que impediría los ataques de los especuladores, tanto sobre el recién emitido dracma como en la deuda soberana de Grecia y otros países de la zona euro. El ITF ya ha sido implementado en muchos países. En 2011, había 40 países que tenían un ITF vigente, recaudando 38.000 millones de dólares (29.000 millones de euros).

Donde hay voluntad hay una forma.

El problema es encontrar la voluntad, sobre todo entre los líderes ‘eurocratas’ que sostienen las riendas del poder, quienes pueden no estar interesados en una solución  amistosa. Los problemas matrimoniales de Grecia y la zona euro surgen a partir de un conjunto arbitrario de reglas que se acordaron y que pueden ser modificadas de común acuerdo. Pero como Mike Whitney sostuvo en un artículo del 3 de junio titulado ‘Europa se acerca a la Bancadura’: “Estas personas no están interesadas en arreglar la economía de la zona euro. Ellos están comprometidos en una sigilosa campaña para […] consolidar el poder de las grandes finanzas por encima de los estados individualmente considerados…”.

Para evitar dicha situación calamitosa, la mayoría popular tiene que tomar las riendas del poder. Es oportuno que Grecia, cuna de la cultura europea y la democracia, sea el foco de la lucha contra la esclavitud hacia una clase banquera de élite. Grecia puede bailar de nuevo si ella misma se puede liberar.

Traducción por Andrés Celis

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