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Opinión

Hay que llorar, la corrupción es un Carnaval

Hay que llorar, la corrupción es un Carnaval Hay que llorar, la corrupción es un Carnaval

La corrupción es considerada el ítem en que el gobierno ha demostrado su peor gestión de acuerdo con la opinión popular, alcanzando un 87% de desaprobación.

Bruna Fonseca de Barros

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Periodista y asistente de investigación. Cursó un Magister en Relaciones Internacionales en la PUC Chile. Ha trabajado en la redacción de Infolatam. Twitter: @bru_fbarros

No hace mucho, la presidenta Michelle Bachelet tuvo, una vez más, que enfrentar cuestionamientos relacionados al presunto financiamiento ilegal de su campaña del 2013 por la constructora OAS. En el Estudio Plaza Pública Cadem nº 168, del 3 de abril, la corrupción es considerada el ítem en que el gobierno ha demostrado su peor gestión de acuerdo con la opinión popular, alcanzando un 87% de desaprobación. Normalmente, se percibe desde afuera a Chile como un país poco corrupto en el contexto latinoamericano, no obstante, casos como MOP Gate, SQM, Penta, Chiledeportes y ahora OAS, son algunos de los episodios más recientes que casi nunca llegan al noticiero brasileño, pero que acá son bien conocidos.

El 17 de marzo, la Operación Lava Jato cumplió tres años. Lo que empezó como una investigación de lavado de dinero en puestos de bencina se convirtió en el escándalo “mais grande do mundo”, como he escrito en un artículo para la revista peruana ‘H’. Al menos 13 constructoras están relacionadas al esquema de corrupción, sin contar las estatales y empresas de otros rubros, como comunicación, y obviamente, las fantasmas. Hasta ahora 335 personas fueron denunciadas por crímenes de corrupción en Brasil, evasión de divisas o lavado de dinero, y los principales partidos están involucrados.

En Chile, es curioso ver como recién la trama se desarrolla, causando una sensación de déjà vu en quien la ha vivido desde el comienzo. No se sabe todavía las dimensiones y el impacto que la Operación tendrá acá, tanto en el ámbito político y económico, como a nivel sociocultural.

En el Índice de Percepción de la Corrupción – 2016 de Transparencia Internacional, Chile aparece en 24º lugar, mientras que Brasil sale en el 79º. En esta medición, fueron considerados 176 países, y como se puede ver, el caso chileno todavía es mucho más positivo que el brasileño. Sin embargo, no solo la percepción de la presencia y nivel de corrupción en un país, pero también cómo la sociedad reacciona y la asimila, es algo que debemos observar.

En Brasil, la Operación Lava Jato, así como otros escándalos de corrupción más emblemáticos, están enraizados y ya son parte de la cultura. Hay telenovelas que hacen referencias al tema, músicas de carnaval, poleras (con caricaturas o frases, como por ejemplo, “In Moro We Trust”), libros, una esperada serie en Netflix, disfraces, memes, expresiones usadas en el día a día, agentes de policía y jueces transformados en íconos pop. Incluso, en Brasilia, la capital del país, fue inaugurada en un motel una suite de lujo con la temática ‘Lava Jato’, incluyendo fotos de acusados en las paredes y rejas alrededor de la cama, llevando al pie de la letra ‘el amor bandido’. En diciembre, la revista ‘Poder’, direccionada a la clase alta brasileña, en su portada exhibía el titular, “ALARMA: qué decir a los niños cuando sus padres son llevados por la Policía Federal”.

En la fiesta más famosa dentro y fuera de Brasil, el Carnaval, la actual situación política estuvo más que presente. Algunos disfraces no pasaron desapercibidos: “Súper-Moro” (en referencia al juez Sérgio Moro); personas usando réplicas de tobilleras electrónicas; disfraces de -por increíble que parezca- “power point de la Policía Federal acusando a Lula” y de “transcripción de audios de delación”. Tampoco era difícil encontrar brasileños vestidos de verde-amarillo, con ollas y nariz de payaso, ironizando a los manifestantes que marcharon a favor de la destitución de Dilma Rousseff. Por la coyuntura actual, eran comunes los gritos, canciones, pegatinas y poleras con la frase “¡Fuera, Temer!”. Bueno, no podrían faltar las máscaras de políticos y empresarios investigados por la Lava Jato, que ya abundaban en el Carnaval del año pasado.

La naturalización de la corrupción no es un fenómeno nuevo en Brasil, sin embargo, llama la atención el modo como La Operación Lava Jato en particular fue introducida y transformada en parte de la cultura popular- tal vez por el tiempo que lleva, por el espacio que sigue ocupando en los medios o por sus gigantescas proporciones y consecuencias. Es muy común, además, la idea de que como sociedad merecemos a los corruptos, porque los mantenemos en el poder.

La investigadora Nara Pavão aborda en su trabajo justamente el “cinismo político”, o sea, cuando la corrupción se vuelve tan común y recurrente que ya no es un criterio de selección y diferenciación para el elector, fenómeno que explicaría porque en Brasil volvemos a votar “por los corruptos de siempre”. Si existe una imagen de que toda la clase política es corrupta o incapaz de enfrentar a la corrupción, entonces esta se vuelve un factor irrelevante en el momento de elegir a un representante. También es una buena oportunidad para que surjan figuras “salvadoras” que tratan de alejarse del discurso de la élite política tradicional.

Las fiestas terminaron y ahora hay que esperar el próximo año para vivir los males con humor, música y alcohol. Pero en el Congreso y en las empresas corruptas esta samba sigue sonando. Porque en Brasil es así, hay política en el Carnaval y Carnaval en la política. Ojalá en Chile el enredo no se repita. Y esperamos, como en la canción de la banda carioca Los Hermanos, que todo Carnaval tenga un fin.

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