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Opinión

Historias que revolotearían

Historias que revolotearían Historias que revolotearían

"Pienso en el Acuerdo de Unión Civil. Pienso en #Niunamenos. Pienso en la reivindicación indígena. Pienso en la inclusión de inmigrantes de rasgos afroamericanos. Pero no pienso sólo por ellos. Pienso por todos juntos".

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Periodista. Realizador Audiovisual.Candidato a Magíster en Políticas Públicas. Universidad de Bristol, Reino Unido.Trabajó en #PorqueenmiJardin #InformeEspecial #MinasdeOroDesechosdeMuerte

Ayer visité a mi abuelo en el hospital. Está enfermo. En realidad, viene enfermo hace años. Cada seis o siete meses cae por una afección diferente. Está viejo. Cansado. Pero no es el cliché de la luz que se apaga de a poco. Su cuerpo no responde. Pero la luz de su cerebro aún encandila.

Ayer divagamos sobre su muerte. En una pieza blanca; de cortinas blancas, camas blancas, sábanas blancas. Cables salían por su nariz, por su antebrazo, por su pecho. Un chirrido de la máquina que mide pulsaciones, saturación de oxígeno, presión arterial; interminable; agotador. Ambientados en esa escena parecía inexorable terminar hablando de muerte.

Y me contó que quería ser cremado y que sus restos fueran metidos en la tumba de su madre. Le decía que la iglesia Católica había prohibido esparcir restos cremados. Le decía que parecía irrisorio que en 2016 la iglesia Católica aún prohibiera algo. Le decía que no sabíamos si el cementerio Católico permitiría profanar una tumba para meter en ella cenizas. Y me dijo que ese era su deseo; había sido un regalón.

Me contó que desde chico lo habían criado con cuidado. Era hijo único de un matrimonio de italianos que llegó a Chile escapando de la guerra. Que su madre había perdido a un hijo en Europa y que no quería perder un segundo. Que lo agasajó con comidas extraordinarias. Lo vistió con las mejores pilchas. Lo puso en el mejor colegio. Lo incentivó con lecturas. Heredó la empresa de su padre. Y lo empujó a conocer mujeres; ojalá muchas. Su madre insistía en que se tenía que casar pronto; y con una mujer. Subrayaba.

Su madre tenía un trauma; tuvo un hermano homosexual. Y un gay a principios de siglo XIX era sinónimo de vergüenza. Fue perseguido; negado; olvidado. Y decidió escapar. Se fue de la ciudad. Huyó a un pueblo donde nadie lo conociera. Donde nadie le preguntara por qué estaba ahí. La madre de mi abuelo no quería que eso le pasara a su hijo. A su único hijo. Y por eso terminó casándose muy pronto. Sin conocer demasiado a su señora. Con salidas con chaperón; sin intimidad. Eran los años 60’. No muy distinto al resto de los matrimonios de esos años. Y siguieron casados por más de 50.

La historia de mi abuelo tiene final feliz; la de su tío no. O no lo sé. Nadie nunca lo supo. Se llamaba Alejandro Fulle Sanicolo. Participaba de la bohemia santiaguina. Amigo del poeta Vicente Huidobro y de un grupo vanguardista. Camarada de las letras. Conoció a su pareja y no se separó más. Se escaparon juntos a Potrerillos. Se inscribió en una minera de cobre como escribano. Rayaba páginas con números; ingresos y egresos. Resignado a saciar sus ansias de escribir en un libro de contabilidad.

Fantaseo pensando en las noches libertinas de mi bis tío abuelo. Arrancó de la guerra de una Italia fascista para caer en las brasas. En un país provinciano. De latifundios y patrones. Homofóbico. Pero que vio en la noche una salida. De tragos, tabaco y tertulias. Discusiones desenfrenadas sobre el arte en Santiago. Sobre la poesía de Vicente Huidobro. Sobre París. Sobre el cine. Pero el día era demasiado cruel. Demasiado opresor. Castigador. Por eso se fue.

Pienso en mi bis tío abuelo Alejandro Fulle Sanicolo y pienso en todos aquellos homosexuales que sufrieron la opresión de una sociedad castigadora. Que vieron arrebatados sus sueños por una cultura machista y discriminatoria. Pienso en esos creadores que no pudieron encausar su arte. Y pienso en todos nosotros que no pudimos conocer ese arte. Cuánta creatividad podrida. Cuánto ingenio desaprovechado.

Pienso en que Alejandro Fulle hubiese sido mucho más feliz ahora; en un lugar en poco más abierto, más igualitario. Pienso en el Acuerdo de Unión Civil. Pienso en #Niunamenos. Pienso en la reivindicación indígena. Pienso en la inclusión de inmigrantes de rasgos afroamericanos. Pero no pienso sólo por ellos. Pienso por todos juntos. Al ser más inclusivos no sólo le damos la oportunidad a aquellos que fueron por siglos discriminados. La oportunidad nos las estamos dando a nosotros como sociedad; con más expresiones.

Me desvela pensar en las historias que podría haber contado mi bis tío abuelo Alejandro Fulle. Historias que hoy sí revolotearían.

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