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Opinión

Homero Simpson al poder

Homero Simpson al poder Homero Simpson al poder

"Quiere que los jeans vuelvan a fabricarse en Estados Unidos. Quiere un Ford antes que un Toyota y una película de cowboys antes que una de Woody Allen. Por eso Homero le dio la confianza a la promesa de Trump sin saber exactamente los costos de esa promesa".

Homero Simpson es el americano medio. Gente común…”ordinary people”. Es parte de lo que sociológicamente definimos como integrados. Creen en un ser superior que guía, suponen que la geografía del mundo es sólo Estados Unidos, sueñan con viajar a Disney, comer hamburguesas, tener un Cadillac aunque sea viejo. Creen que su progreso personal y su movilidad social depende de la promesa de un sueño americano, cerrado, estructurado.

No importa para Homero lo que sucede fuera de Springfield, y tampoco lo que ocurra fuera de los Estados Unidos. No sería capaz de identificar un país africano de uno sudamericano, como tampoco entender lo que sucede en Siria. Homero no es global.

Seguramente el voto de Homero es el que puso a Donald Trump en la cima del poder, porque la promesa de Trump es recrear el sueño de Homero, haciendo fuerte a Estados Unidos a partir de un sistema cerrado. ¿Qué importa el resto? ¿Existe el resto? Trump es la consecuencia de un mundo que inexorablemente abandona la globalización. Brexit es otra demostración.

La globalización finalmente ha sido un invento forzado de la economía que no pudo vencer las barreras culturales. No se puede confundir uniformidad con integración intercultural. El mundo no es ni será uniforme.

Homero no entiende la globalización, lo agobia. Necesita un respiro y le pide a Trump que levante una pared que lo proteja del mundo que no conoce y que no le interesa conocer.

Quiere que los jeans vuelvan a fabricarse en Estados Unidos. Quiere un Ford antes que un Toyota y una película de cowboys antes que una de Woody Allen. Por eso Homero le dio la confianza a la promesa de Trump sin saber exactamente los costos de esa promesa.

Si Homero supone un estado protector, se equivoca. Su bienestar va a depender solo de él y del potencial que pueda demostrar en la empresa del Señor Burns, tal vez el que verdaderamente pueda disfrutar el sueño.

Lo público no será público. Volverá un modelo administrado de unos pocos y un rebaño que podrá cambiar su auto como en los años de posguerra.

El voto de Homero refuerza la idea de una época oscura, de comarcas cerradas, de muros. Roger Waters dirá “otro ladrillo en la pared”, y Lennon desde alguna nube seguirá imaginando lo que nunca fue real: Un mundo sin fronteras.

Dejando atrás el sentimentalismo, tenemos que prepararnos para un mundo desigual. Ya no podemos ser abiertos en un mundo cerrado, con aranceles altos y con un intercambio desparejo. Es tiempo de rearmar también nuestro modelo.
Pero hay que ser inteligente y darse cuenta que hay otros espacios. Pequeñas nuevas alianzas y nuevas sociedades que permitirán crear nuevas situaciones y nuevas posibilidades. Es tiempo de crear un modelo propio y desde allí construir para tener vida propia sin tener la obsesión de mirar al país del norte.

Trump es una pesadilla, pero también una oportunidad. Pensemos.

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