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Opinión

Identidad masculina y “¿de quién son los espermios?”

Identidad masculina y “¿de quién son los espermios?” Identidad masculina y “¿de quién son los espermios?”

No partimos los varones necesariamente desde un mismo lugar que las mujeres, cierto pero incluso bajarse del pedestal de privilegios puede ser un lugar que permite otro abordaje (desde el centro y desde adentro del patriarcado) a la desigualdad y pudiera, solo por ese hecho, aportar en un nuevo ángulo para la solución del problema de la desigualdad de género.

Nuevamente aparece una noticia que nos lleva en una dirección que plantea la disputa por el cuerpo masculino, específicamente un fluido del mismo. Usualmente hablamos del control y negación de la agencia del sujeto femenino en alguna esfera o dimensión social. Queda, usualmente, fuera del debate la misma o similar abordaje del cuerpo masculino. No para pensarlo en tanto víctima sino en tanto un cuerpo que se puede ser considerado en una dimensión más heterogénea, o por lo menos en una tensión más allá de una teoría simplificadora. El caso no representa todo estados unidos ni todo el parlamento pero eso no quita que es representativo de una parte de la sociedad estadounidense, y por muy burlesca que puede ser tratada merece una mirada, por muy somera que pueda hacerse vía una columna, sobre un cuerpo que supone hegemónico en toda instancia y tiempo social.

La pregunta que me surge es: ¿los varones estadounidenses que opinan de esto? ¿Les levanta alguna suspicacia desde sus vivencias? Más allá de toda teoría y elaboración conceptual ¿no reside algún tipo de revisión crítica? Y si fuera así ¿desde dónde se elaboraría esa crítica? Lo interesante es que desde el discurso que dice que “los espermios son mi propiedad” – un sentimiento de arrebato de “lo propio” – puede conducir a una reflexión y debate a un cuerpo (de norma) masculino que está en todo pero a la vez en ninguna. El cuerpo supone privilegios pero poco se habla del ejercicio del mismo; se esencializa el cuerpo en el debate pero poco se habla de prácticas que pueden incluso, desde el centro del patriarcado, conducir – como efecto no esperado – a una implosión de la noción de patriarcado y masculinidad tóxica.

Ejemplo de prácticas de varones que desafían las normas heteronormativas de la sexualidad son bastante visibles, tales como esta otra noticia de Estados Unidos que nos revela un fenómeno bastante usual y que incluso está en la literatura sobre salud, medicina y género: HSH (hombre que tienen sexo con otros hombres). Una primera lectura es que se genera, culturalmente hablando, un escudo simbólico-discursivo, para proteger la “verdadera” identidad ante esta práctica supuestamente discordante. Esta problemática supone una definición estática (y en singular) de la identidad sexual pero tengo la sensación de que estas protecciones son innecesarias y que no son reflejo ni señalan una “crisis de identidad”.

La llamada crisis de identidad masculina es también una crisis del modelo capitalista, que hoy hace agua con la flexibilización laboral y el desempleo – tal como la crisis del 29 – genera un impacto en el macho hegemónico que, paradojalmente -por la misma lógica del capitalismo y masculinidad hegemónica, – se aguanta y no denuncia el maltrato psicológico. Porque si lo hace se les tilda, socialmente, como “niñita”. ¿Quién no fue objeto de burla (mecanismo social de negación) en el colegio? Esa acción de la afirmación de la identidad masculina por contraste (negación de ser femenino) genera – silenciosamente por ser un género generalmente privilegiado – una omisión en otra dimensión que quizás recién podrá ser abordada recorrido otro camino previo.

¿Cuál es empoderamiento del sujeto masculino en función de la igualdad (de derechos) de género? ¿Nos interesa? y si fuera así y ¿Cómo se haría tal proceso? Claramente hemos, en los medios, visto varios ejemplos (Nacho Progre en Marcha) ejemplos de varones que declaran, directa o indirectamente, que son (pro) feministas pero que sin embargo lo vemos como destellos individuales sin ningún registro de proceso colectivo de debate ni referencia a las vivencias masculinas, en toda su diversidad. No partimos los varones necesariamente desde un mismo lugar que las mujeres, cierto pero incluso bajarse del pedestal de privilegios puede ser un lugar que permite otro abordaje (desde el centro y desde adentro del patriarcado) a la desigualdad y pudiera, solo por ese hecho, aportar en un nuevo ángulo para la solución del problema de la desigualdad de género.

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