Si no conociera la realidad de los migrantes de cerca, creería que ellos vienen a aprovecharse de nuestro país, de nuestras oportunidades, de nuestras libertades, para delinquir, generar desórdenes, traficar droga y prostituirse.
Esta mirada la tendría si mi único conocimiento de los migrantes se generara a partir de los medios de comunicación. Porque cuando una persona comete un delito, por las noticias nos enteramos generalmente del nombre o iniciales del delincuente, la comuna en que se efectuó el delito o el lugar del que proviene el delincuente, la edad y a veces podemos saber si fue ex convicto. Pero cuando comete un delito alguna persona de nacionalidad extranjera -siempre y sin excepción- se nombra su nacionalidad.
“Hombre peruano violó a mujer en el barrio alto”, “Sorprenden a narco colombiano en la frontera”, “Mujer peruana robó guagua”, etc. El problema con esto es que la nacionalidad no tiene nada que ver con el delito, lo único que resulta de nombrar la nacionalidad es contribuir a la estigmatización de estas personas.
Esta actitud de estigmatización es reiterativa en los medios de comunicación. El reciente programa de Informe Especial sobre la realidad de los colombianos en Chile, es una muestra de ello.
Luego de ver un reportaje con esas características resulta fácil asociar migración -especialmente colombiana- con narcotráfico, delincuencia, prostitución e ilegalidad. Situaciones que no están ligadas a la migración, sino a otras variables sociales y/o contextos que viven las personas en situación de vulnerabilidad.
Llama la atención tanto el sesgo del reportaje y la facilidad para generalizar situaciones, como también, la ingenuidad/irresponsabilidad del programa por asociar a un migrante en redes de tráfico sin tomar conciencia del peligro que significa para la persona.
Por otra parte, en la segunda edición del reportaje se cuestiona la condición de refugio relacionando, sin ningún cuidado, migración-refugio con aprovechamiento-abuso de los beneficios del Estado, situación gravísima si esto llega a sentar precedente para cuestionar y desconfiar de las personas que llegan a Chile a solicitar asilo.
Este modo de comunicar hace mal a la sociedad que estamos construyendo. Los medios debiesen anunciar y denunciar sin perjudicar a inocentes. Cuando se nombra la nacionalidad de un delincuente, se está incluyendo en el delito a todos sus compatriotas y no es justo.
Así también, cuando se quiere investigar un grupo de migrantes es importante informarse de la totalidad de esa realidad, establecer matices y contextualizar para no generalizar y generar daño social. En esto, no debiesen sentirse conformes los comunicadores en su rol social mientras este tipo de visiones y editoriales predominen en los medios. ¿Dónde queda la ética periodística que persigue la veracidad, imparcialidad y objetividad?.
Hoy un colombiano(a) que se siente afectado(a) por el programa porque se le va a hacer más difícil encontrar trabajo, poco puede hacer para que esto se revierta, se juzgue y no vuelva a ocurrir. Gracias a este tipo de información sólo queda decir que detrás de un migrante sólo hay una nacionalidad, no hay más, no hay dignidad, no hay historia, no hay contexto. Para ciertos medios, los migrantes son solo migrantes, no personas.
