Viernes, 24 de mayo de 2013

Iquitos: vivencias en el Amazonas

en.wikipedia.orgen.wikipedia.org

Nuestra travesía será alrededor de la reserva nacional Pacaya Samiria, la mas extensa del Perú con una superficie equivalente a la mitad del territorio de Suiza y con mas de 50 comunidades nativas que habitan en su interior.

“Viajar es descubrir que todos están equivocados con respecto a los otros países”, decía Aldous Huxley, gran viajero y escritor de apasionantes crónicas y ensayos de viajes. Esto fue exactamente lo que sentí durante mi último viaje a Perú, cuando pude finalmente dejar atrás esa visión borrosa y poco ajustada de un país donde había estado hace años o solo de paso, para descubrir el amazonas peruano, un lugar con una belleza sin paralelo, con un pueblo de gente sabia, sonriente y acogedora.

El vuelo de Lima a Iquitos dura una hora cuarenta, y desde el primer momento se siente una especie de aislamiento donde todo lo que se ve es un impenetrable verde intenso que cae en ríos serpenteantes interminables. Iquitos es una “isla” en medio de la selva, sin acceso terrestre, y a 5 noches de navegación de su ciudad mas cercana. Con 400.000 habitantes es la capital del departamento de Loreto y el principal puerto fluvial peruano.

A fines del siglo XIV llegó a ser una de las ciudades mas ricas del continente con la fiebre del caucho, que trajo consigo una gran cantidad de cazafortunas que finalmente se llevaron las semillas de caucho a Singapur y Malasia, dejando nuevamente a la ciudad sumida en la pobreza. Hoy día Iquitos es un foco turístico importante donde todavía se pueden apreciar las estructuras imponentes y elegantes de esa época.

Existen muchas opciones para recorrer la zona pero todos buscan en algún momento alejarse de la ciudad para insertarse en la selva amazónica, un lugar que principalmente conocemos gracias a los canales del cable que a pesar de todo el excelente material que muestran igualmente quedan cortos con lo que se ve, se respira y se siente en ese lugar.

Tuve la suerte de ser invitado por Delfín Amazon Cruises, una empresa de dueños peruanos que desarrollaron en este lugar una experiencia memorable que ya han podido vivir una cantidad considerable de turistas de diferentes partes del globo que se han sentido atraídos por navegar el enigmático amazonas en estos icónicos botes que recorren los ríos Marañon y Ucayali, principales afluentes del amazonas que nace frente a Iquitos. La experiencia amazónica no sólo se vive en la selva, los ríos o lagos, sino que también alrededor de la mesa: dentro de la variada y reconocida gastronomía peruana, la cocina amazónica con su gran variedad de peces, frutos silvestres y otras delicias locales, está entrando con mucha fuerza en el escenario gastronómico mundial.

Los guías locales son de primerísimo nivel, y son tremendamente necesarios para no perder detalle de todo lo que nos puede enseñar la selva. Durante la hora y media que dura el trayecto desde Iquitos a Nauta, el puerto de embarque, Juan Luis, nuestro experimentado guía, nos cuenta que nuestra travesía será alrededor de la reserva nacional Pacaya Samiria, la mas extensa del Perú con una superficie equivalente a la mitad del territorio de Suiza y con mas de 50 comunidades nativas que habitan en su interior.

Nos impresionamos cuando nos dice que desde noviembre a marzo el río puede crecer hasta 10 metros de alto producto de los deshielos provenientes de Los Andes, y que en su parte más ancha puede llegar a tener hasta 6 km de ancho. Una vez en el puerto de embarque podemos presenciar como luego de un increíble atardecer, la selva cobra vida y se siente un incesante e intenso ruido, como si los animales quisiesen darnos una espectacular bienvenida.

La navegación es sumamente suave y la noche oscura deja ver un sinfín de estrellas en un cielo escandaloso; un poco mas allá se siente el respiro de algún delfín rosado que habitan ese lugar desde hace millones de años cuando todo estaba cubierto por el mar. A la mañana siguiente despertamos frente al lecho del río, y por primera vez me puedo dar cuenta la magnitud del crecimiento que en otra época del año inunda la selva.

La excursión comienza, y entremedio de una vegetación muy tupida vemos monos, guacamayos, grullas, martín pescadores por montón e incluso un perezoso gracias al ojo de águila de nuestro guía. Toda la flora endémica tiene relación con el bienestar de la gente de la selva, hay árboles y plantas para el reumatismo, cirrosis, osteoporosis y muchas otras enfermedades; las termitas se muelen y se usan como repelente natural, y con un corte de machete un árbol deja brotar de una de sus ramas un chorro de agua que sirve para saciar la sed.

En la tarde vamos a pescar pirañas que habitan aguas “oscuras” y que pican la carnada con una agresividad impresionante, ni imaginarse en meter siquiera un dedo… Sin embargo, el guía nos ofrece ir a otro lugar “seguro “ y bañarnos en el río presenciando la magnifica puesta de sol, y mientras me lanzo desde el bote al agua pienso que si salgo vivo será una historia para contarle a mis nietos. En la noche hacemos una expedición en canoa a uno de los tantos lagos que hay, donde entremedio de un millón de luciérnagas vemos los ojos brillantes de los caimanes que recorren el lugar.

Gran parte de los operadores turísticos locales incluyen una visita a alguna de las comunidades donde el visitante puede presenciar el estilo de vida de pueblos que viven de la artesanía y de lo que les entrega la naturaleza. Impresionado por la gran cantidad de niños, me acerco a un padre de familia y le pregunto cuál es la razón, sonriente me mira y responde: “Acá la vida es al revés, primero tenemos hijos, después nos casamos, y finalmente nos enamoramos”.

Sonrío yo también.

TemasRelevantes
Comparte

Otras columnas de Cristóbal Forttes