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Opinión

La idealización de Jaime Guzmán (y la despolitización de la dictadura)

La idealización de Jaime Guzmán (y la despolitización de la dictadura) La idealización de Jaime Guzmán (y la despolitización de la dictadura)

"Jaime Guzmán nunca fue un demócrata. Su concepción de la “democracia protegida” es la negación misma del ejercicio democrático".

Francisco Méndez

Por


Periodista, columnista.

En una carta abierta a su hermano Jaime Guzmán, Rosario, la periodista de la familia, habla de su amor hacia él, de su fe y de todo lo que lo echa de menos. Pero también hace una defensa de la imagen del creador de la UDI eximiéndolo de responsabilidades y hasta instalándolo en la historia en un nuevo rol: el de mártir del pinochetismo.

Así es, porque la carta sugiere que tanto Augusto Pinochet como Manuel Contreras estuvieron tras la muerte del ex senador gremialista. Ya que, según la versión de Rosario, el ex dictador andaba tras la figura de Guzmán porque seguramente éste podría denunciarlo en futuros juicios relacionados a violaciones a los Derechos Humanos cometidas durante su régimen. Todo esto en un gran texto lleno de supuestos y teorías que si bien tal vez pueden estar en lo cierto en el fondo -sobre los autores de la muerte del político- lo concreto es que las razones que se esgrimen son más bien la idealización sentimental de un personaje que tiene bastante claro su rol en la historia.

Jaime Guzmán nunca fue un demócrata. Su concepción de la “democracia protegida” es la negación misma del ejercicio democrático. Es la prohibición del libre desempeño de las instituciones y de la modificación de imperfecciones de éstas por medio de clausulas que dejan amarrado el funcionamiento patrio a decisiones arbitrarias cometidas en dictadura. El abogado creía más bien en los regímenes autoritarios en donde primara un orden rígido y muchas veces doloroso. Creía también que la mejor manera de establecer el desarrollo de un país era por medio de la construcción de enclaves que dieran la sensación de libertad. Solamente la sensación.

Por esto es que el también profesor de Derecho fue el gran impulsor de la institucionalización del pinochetismo. Pensó hacia el futuro y se sirvió del arribismo galopante del mediocre tirano para convencerlo de que su legado tenía que perpetuarse en la historia. No podía ser una tiranía más en el mapa latinoamericano, tenía que convertirse en lo real. En lo posible. En lo que sus adversarios vieran como “la medida de lo posible”, para ser más exacto.

Por esto es que no cuesta creer que Guzmán haya sabido todas las atrocidades que sucedían en aquellos años. Hasta me atrevería a decir que lo veía como algo necesario, que formaba parte del proceso que él tanto quería que se quedara para siempre tatuado en nuestras tierras. Porque si esas torturas y esos asesinatos no se hubieran realizado, tal vez él los habría pedido a gritos, ya tenía claro que era la única manera de desarrollar ese proyecto en el que tanto creía. Ese proyecto en el que es más responsable de lo que dice su hermana.

Está bien, Rosario Guzmán habla desde el cariño, pero eso no nos puede desviar de preguntarnos quién fue realmente su hermano. No podemos dejar que un sentimentalismo personal trate de cambiar la historia y sus personajes, menos cuando se trata de uno de los cerebros más importantes de la destrucción del Chile tal como se conoció alguna vez.

No nos equivoquemos. Esta carta puede ser vista como un ingenuo acto de amor, pero también es un intento por blanquear a un victimario. Y sobre todo es la soterrada maniobra para despolitizar a la dictadura y transformarla en un período de la historia que no tiene signo partidario. Es la intención de negar que era un régimen cívico-militar, y que tanto uniformados como civiles se nutrieron mutuamente con tal de instaurar visiones únicas sin que nadie se diera por enterado.

Es bueno repetirlo para que no se nos olvide: la dictadura fue de derecha y sus principales colaboradores y fervientes admiradores fueron los creadores de la UDI. Gremialismo y pinochetismo fueron por mucho tiempo una sola cosa. Y ya en democracia, si el dictador mató a su principal ideólogo no fue porque este fuera un defensor férreo del estado de derecho, sino por cuestiones de poder que hay que ir desentrañando con el tiempo. Nada más.  Lo demás son sólo antojadizas interpretaciones que colaboran para que el juicio histórico se detenga, cosa que afortunadamente no está sucediendo.

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